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‘Construir equipos ganadores’, desaprender y volver a aprender

La roca de Sísifo para crear equipos de alto rendimiento

En la primera mitad del siglo XXI, no se puede crear el Tesla 3, la impresora 3D o Toy Story 3 en un garaje. Para inventar Toy Story es necesario establecer primero una comunidad de innovadores, esto es, una comunidad de personas y equipos dispuestos y capaces de crear algo nuevo y valioso, una y otra vez.

(Construir equipos ganadores’ Editorial LID por Julio Martínez Itté)

por Rosa Panadero

A pesar de que Steve Jobs dijera que creatividad es sólo conectar cosas, el asuntillo es más complicado cuando hay que elegir a los miembros del equipo.

No hay alineaciones en las que todos los jugadores sean defensas, centrocampistas, líberos, porteros o delanteros.

Cierto es que todos los padres quieren que sus hijos marquen los goles que ellos no pudieron, pero lo mejor es encajar bien, tocar tu parte de la partitura en la orquesta y no desafinar.

Porque un equipo de alto rendimiento es algo menos habitual de lo que pensamos: no se trata de pasar muuuchas horas en la oficina, sino de emplear el tiempo necesario en las tareas justas, y a otra cosa mariposa.

La salsa secreta de todo esto radica en la capacidad de crear, disolver y reformar de forma veloz y masiva esos equipos, algo a lo que en estas latitudes y en Latinoamérica no estamos muy acostumbrados. Piense que un equipo de menos de dos dígitos, nueve miembros, llamémosle squad, forma parte de una tribu de otros quince o dieciséis squads, ya tenemos el número ideal de gente trabajando en un proyecto de forma eficaz.

¿Y por qué?

Básicamente, porque las relaciones se multiplican al cuadrado: si tenemos un equipo squad de seis personas se generan treinta y seis relaciones. Si duplicamos el equipo a doce miembros, generaremos ciento cuarenta y cuatro relaciones y nadie se acordará de quién dijo qué en la máquina del café, así que olvidemos la reunión por objetivos y el porcentaje de rapel con esos proveedores que son la china en el zapato.

Si necesitas subir la nota en Organización Empresarial o quieres fardar con el jefe, dile que es el “efecto red” del que ya habló Bob Metcalfe en 1980, y que parezca que lo ha pensado él.

Bienvenida la abrasión creativa

Queda la duda de cómo crear un equipo ganador y medir su impacto: composición del equipo multiplicado por las dinámicas del mismo (lo de la máquina del café de arriba). Y dado que es la confianza —y no la autoridad— lo que facilita que las ideas circulen, habría que determinar los roles de cada uno, la coordinación de las reuniones, la toma de decisiones, la manera de informar al equipo y cómo se gobierna el conflicto.

Así pues, de la fricción de puntos de vista se generan ideas impensables, fruto de la creación abrasiva.

Otra de las consecuencias de que doce miembros son multitud es la aparición de los “free riders”, los típicos colegas tóxicos que se benefician de pertenecer al equipo no portan su parte de responsabilidad y tareas.

En equipos grandes se tiende al efecto manada, a seguir las opiniones colectivas sin disentir para no quedar mal.

Si además en el equipo hay fans de la “evidencia confirmatoria” —buscan informaciones que corroboren sus ideas sin basarse en datos—, el desastre está servido.

Luego se llamará parálisis por análisis, pero la realidad será inoperancia e ineptitud al cuadrado. Jeff Bezos también simplificó lo del tamaño de los equipos con la historia de las pizzas: si con dos pizzas no pueden alimentar a un equipo, entonces hay demasiada gente en él.

En cuanto a lo de abrazar el conflicto dentro del equipo, Martínez Itté cuenta que podemos evitarlo o verlo desde las ópticas de yo gano-tú pierdes, yo pierdo-tú ganas, yo pierdo-tú pierdes, o yo gano-tú ganas.

Visto así, fabricar un Tesla, Toy Story 3 o la impresora 3D parecen milagros.

Si tu empresa está a la deriva en cuanto a talento e implicación de equipo, deberías utilizar Construir equipos ganadores’ de Julio Martínez Itté como libro de cabecera.

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