Maria Chiara Franco

Hal & Harper: la importancia de la infancia y su repercusión en la vida adulta

Crecer es complicado y aún más si tu infancia fue señada por un evento traumático por el que tu bagaje emocional es muy pesado de sobrellevar.

Quizás muchos de los adultos se sientan identificados en esta frase y no obstante viven su día a día y siguen adelante. Eso es Hal y Harper. Dos hermanos que viven la vida a pesar de su pasado que sigue muy presente en ellos.

Es una historia de cotidianidad, de alitibajos, de tristeza, de felicidad, de rabia y de impotencia con la que es difícil no empatizar.

Una serie que aunque sea dura y triste de ver, te abraza y te consuela porque te enseña que no estás solo.

La serie está dirigida por Cooper Raiff (Madeline & Cooper, Cha Cha real smooth) que ha vuelto a hacer una serie sobre gente emocionalmente perdida y que además la co protagoniza junto con Lily Reinhart (Riverdale, chemical Hearts), acompañados por Mark Ruffalo (Poor Things, Now you see me), Alyah Chanelle Scott y Christopher Meyer entre otros.

Después de Cha Cha Real Smooth, Raiff vuelve a ese territorio que domina tan bien: veinteañeros que parecen funcionales hasta que te das cuenta de que viven emocionalmente atrapados en 2013.

Solo que en Hal y Harper ha ido aún más allá, porque no son simplemente dos hermanos, son dos personas que han construido una identidad compartida tan fuerte que separarse casi parece violencia.

Sinopsis y reseña sin spoilers

La premisa: una familia avanzando… aunque nadie quiera

Hal y Harper viven todavía orbitando la muerte de su madre. El padre, un Mark Ruffalo agotado de existir, intenta rehacer su vida con una nueva pareja y un nuevo bebé en camino. La casa familiar desaparece. Las relaciones cambian. El tiempo avanza.

Y ellos siguen ahí, emocionalmente sentados en el suelo de su habitación de infancia en una relación de codependencia en el que apreciamo un vínculo donde dos personas se convierten en hogar mutuo porque el resto del mundo nunca terminó de parecer seguro. El problema es que ese vínculo no puede durar para siempre de la misma manera, porque la vida misma no lo permite, y cuando la vida obliga a romper esa dinámica, lo que aparece no es libertad. Es vértigo.

Una genialidad muy peculiar de la serie es también como visualiza eso. Hal y Harper adultos interpretan también sus versiones infantiles. Una declaración emocional que funciona de manera increíble y que destaca que aunque el cuerpo crezca, hay partes de uno mismo que se quedan exactamente donde ocurrió el daño.

Lili Reinhart merece muchísimo más ruido del que está teniendo. Una actriz impresionante que da vida a un personaje complicado y a la vez sencillo que ha construido desde la contención absoluta: una mujer intentando funcionar mientras claramente se está rompiendo por dentro.

Y probablemente por eso duele tanto verla.

Cooper Raiff, en cambio, sigue interpretando ese tipo de chico emocionalmente caótico que parece encantador hasta que entiendes que lo que está buscando es una persona refugio que lo acompañe en su día a día porque no sabe y no puede estar solo.

El tono es tan intimo cuanto incómodo.

La serie tiene esa energía rarísima de las conversaciones familiares reales: largas, repetitivas, a veces absurdas, a veces devastadoras.

Hay escenas donde no pasa nada y aun así sientes que alguien acaba de sufrir daño psicológico irreversible.

Eso es Hal & Harper. Una serie profundamente consciente de lo ridículos que somos cuando intentamos pedir amor sin parecer necesitados. Y ahí encuentra sus mejores momentos de humor.

¿Qué te llevas de Hal y Harper?

Entender que crecer no siempre significa madurar. A veces solo significa aprender a echar de menos una versión de ti mismo que ya no existe.