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‘The Lighthouse’, mucha flatulencia y pocas heces post image

Sitges 2019 Día 4 / Película 10

The Lighthouse

Mucha flatulencia y pocas heces

por Àlex Caballero

Cinco años después de que Robert Eggers se presentara en sociedad con la más que notable The Witch, una película que marcaba un nivel estratosférico para un debutante, Eggers vuelve al Festival de Sitges para presentar, esta vez sí en sección oficial, The Lighthouse.

Un filme sumamente ambicioso, rodado en blanco y negro y 4:3 (para los no entendidos es un tipo de encuadre prácticamente cuadrado nada panorámico), y protagonizado por Willem Dafoe y Robert Pattinson que suponía su consagración como cineasta imprescindible actual y una de las películas que más expectativas había creado dentro del Festival.

Pues bien, vayamos primero a todo lo bueno que tiene la película, que no es poco.

Empezando por la impecable construcción de los planos y las secuencias, pasando por una ambientación (1890) absolutamente sobresaliente y una dirección de actores y unas actuaciones que van más allá de lo imaginable, Dafoe está excelso pero Pattinson tampoco se queda atrás, podemos decir tranquilamente que formalmente y técnicamente estamos ante una obra de orfebrería prácticamente perfecta, de eso no hay duda y el que lo ponga en duda es que no sabe apreciar la personalidad y la calidad que hay que tener para destacar sobre el resto.

Algo que Eggers ha conseguido con creces sobrepasando incluso a su magistral The Witch en ese sentido.

Pero no todo es luz lo que emite The Lighthouse.

Si bien es cierto que estamos ante un filme que reproduce la gradual bajada a los infiernos de una persona que tiene que tratar con sus propios delirios de grandeza (Dafoe) y otra que tiene que lidiar con su galopante locura en formas desquiciadas y peligrosas (Pattinson), algo que queda muy bien plasmado en la película, mi gran problema ha sido el no creerme prácticamente nada de la historia.

Ni el desarrollo, ni las motivaciones de los personajes, ni tan siquiera sus personalidades, me han parecido de recibo en la situación que están.

Por otra parte tenemos a un Willem Dafoe que siendo un farero borrachuzo y déspota, le van los monólogos a lo Shakespeare que da gusto, una forma de expresión cultural demasiado altiva para cuadrar con el personaje y que te desconecta de la historia totalmente. 

Como ejemplo, la primera interrelación entre los dos personajes antes de dirigirse la palabra dentro del filme, son dos sonoras flatulencias que emite Dafoe antes de acostarse, ¿cómo un tipo con tan poca educación y bajo nivel cultural es capaz de expresar esos monólogos eternos de aires shakesperianos?.

No me lo creo, lo siento.

Entre eso y lo desconcertante de lo onírico que hay dentro del filme, desconecté de la historia bastante pronto para disfrutar únicamente del apartado técnico y actoral de la película. 

Pero es que la película no acaba aquí en su sentimiento escatológico (las flatulencias de Dafoe se convierten en algo bastante recurrente en el filme), onanista (Pattinson y sus momentos privados son prácticamente innecesarios en la película), etílico (las borracheras de ambos son épicas), violento (sus peleas tanto verbales como físicas son bastante repetitivas) y homoerótico (hay bastante de eso sin llegar nunca a ahondar en el tema), encima es que el nuevo filme de Eggers no tiene nada de fantástico o paranormal para mayor desgracia.

Planteamientos que en su justa medida y mejor administrados, algo más de extensión en el apartado homoerótico y menos protagonismo a las flatulencias hubiera equilibrado algo mejor la cosa, quizás no hubieran desentonado tanto en la película.

Y para el que me diga que los retazos de Lovecraft están ahí, le diré que más bien son algunas fotos artísticas que poco tienen que ver en la historia ni en su desarrollo.

Eso sí, la escena final es puro arte que vale su peso en oro, probablemente sacada de algún cuadro en el que Eggers se ha inspirado para componerla.

Puntuación 7

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