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Nacionalismos, virus y cine como forma de transmisión

Escribo este artículo confinado en casa (como todos) por ese maldito virus capaz de infectar tanto a gilipollas de izquierdas (que fueron a la manifestación del 8M sin ser conscientes del peligro que eso conllevaba) a imbéciles de derechas (que mientras criticaban al gobierno hicieron un mitin donde el virus se puso las botas, venga con un par…)

Pero yo también me meto en el grupo de gilipollas al irme a Madrid en plena expansión del coronavirus… Así que, dándole vueltas al coco, quería hablar de otro virus más peligroso que el COVID 19, el nacionalismo y su relación con el mundo del arte.

Si los virus necesitan expandirse de un huésped a otro si quieren sobrevivir, el nacionalismo también. Para ello, ¿qué mejor forma de transmisión que el cine?  

El sentimiento patriótico (como hijo del movimiento romántico del siglo XIX) se nutre de una serie de leyendas y mitos culturales de un pasado idealizado que nunca existió. Podríamos afirmar, salvando las distancias, que todos esos mitos no son más que el paciente cero, el inicio del contagio.

El cine como agente transmisor

La excelente directora alemana, (y muy nazi también, nadie es perfecto) Leni Riefenstahl, animada por el propio Hitler y el ministro de propaganda Goebbels (que sería un cabronazo, pero de tonto no tenía un pelo), grabó “El triunfo de la voluntad” y “Olimpia” (la primera película grabada en unos Juegos Olímpicos) para ensalzar el régimen nazi. La propagación continuó de forma mucho más mediocre con películas de vergüenza ajena como “El judío Suss” dirigida por Veilt Harlan, donde un judío malísimo hace de las suyas en el Stuttgart del siglo XVII.

Todo al servicio de la propaganda del régimen porque el nazismo, para nuestra desgracia, ya era pandemia.

Los norteamericanos, que se consideran a si mismos como los buenos de la historia, también han utilizado siempre el cine como arma publicitaria empezando por la obra maestra “El nacimiento de una nación” de D. W. Griffith (una película racista que glorificaba al Klu Klux Klan), pasando por las películas bélicas de John Wayne en plena caza de brujas y llegando a nuestros días con cualquier película con la banderita de barras y estrellas ondeando siempre. (La época de Reagan con Stallone, Chuck Norris, Chuacheneger dando ostias a los rusos merece un artículo aparte).

El comunismo soviético también necesitó extenderse a través del cine, aunque su propagación no era tanto a nivel de patriotismo y si de ideas. Sergei Eisenstein (con su mil veces copiada escena de las escaleras en “El acorazado Potemkin”) y Andrei Tarkovsky, cuya película “Solaris” fue utilizada por el régimen como la versión rusa de “2001 Odisea en el espacio”,fueron dos de sus más aclamados referentes, aunque los dos tuvieron problemas con el régimen y su férrea censura.

Quizás estos dos cineastas, más que idiotas cegados por una idea, fueron artistas de verdad y el arte auténtico no casa bien con los totalitarismos.

En España también hay casos

El franquismo, como no, hizo de las suyas con “Raza”, una novela escrita por Jaime de Andrade (que no era más que el pseudónimo de Francisco Franco).

La historia fue adaptada al cine en el año 1941, con España aun sangrando por el final de la guerra civil y guion del propio Franco. La cinta es un auténtico esperpento involuntario, donde los republicanos van sucios y sin afeitar y los nacionales sufren todas sus “crueldades”.

Pese a todo, tiene un buen vestuario y la película fue autocensurada y restaurada años después para ofrecer una imagen más próxima a EE. UU.

La propaganda continuó con “El santuario no se rinde” en 1949 (protagonizada por el actor “fucker” del franquismo, Alfredo Mayo al igual que Raza) y siguieron muchas cintas infumables que merecen ser erradicadas de la memoria colectiva.

Y, como no, acabaré hablando del nacionalismo catalán, tan antiguo y obtuso como todos los demás pese a su disfraz de “tolerante”. Un ideario obsesionado con 1714 y que incluso tiene su particular “Raza”, una peli propagandística con un título muy original: “Barcelona 1714”. Se lo han currado, sí señor. Un aplauso.

Si quieres echarte unas risas con esta peli, adelante. He visto porno y películas turcas de los 70 con mejor guion e interpretaciones y no lo digo de broma.  Lo mejor de todo son los efectos especiales y su croma de Hacendado. ¡Increíbles! Si crees que Raza es mala, prepárate a ver esta aberración cinematográfica producida por TV3.

Ana Bofarull, la guionista y directora, por llamarla de alguna manera, es una imitación de Ali Express de Leni Riefenstahl… Podemos acusar al “nacimiento de una nación” de racista, al “triunfo de la voluntad” de nazi, al “acorazado Potemkin” de propaganda soviética, pero su calidad por lo menos era indiscutible. Todas ellas eran obras maestras del cine.

Incluso Raza tiene mejor guion con todas sus patochadas que semejante hez fecal cinematográfica.

PD: he estado en fiestas de disfraces de guardería con mejor vestuario que esto…

¿Creéis que me paso? Os paso el tráiler y opináis vosotros mismos….

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