‘Mujercitas’, Jo, la heroína solterona

Mujercitas

Jo, la heroína solterona

Mujercitas de Greta Gerwig (Lady Bird) llega a las pantallas esta Navidad 2019 con un divertido y apasionante Thimotée Chalamet, con su habitual “je ne sais quoi” francés, escoltado por el cuarteto de las hermanas March.

por Rosa Panadero

Llega la Navidad y con ella una nueva versión de Mujercitas (¿alguien sabe cuántas van ya?) con un casting excepcional y unas hermanas March interpretadas por Saoirse Ronan (Jo), Emma Watson (Meg), Florence Pugh (Amy), y Eliza Scanlen (Beth).  Laura Dern transmite el espíritu de madre sacrificada y gracias a Meryl Streep como tía March, el merengue blandito queda equilibrado.

Las adolescentes curran de lo lindo, no hay nada de eso de “me habéis robado mi infancia” ni discurso en la Cumbre Climática COP25. ¿Louisa May Alcott habría estado de acuerdo con la versión de Gerwig? Una cita en la gran pantalla puede ayudarte a desvelarlo.

Por más que se diga que las mujeres avanzan, basta con echar la vista atrás y, como ya dijo Rilke, “la única patria es la infancia”. O, dicho de otra manera: los estereotipos de Mujercitas duran hasta la madurez.

En este caso, la de las hermanas March. Aunque la obra de Alcott no llegue al inicio de la edad adulta de sus protagonistas, Gerwig hace un flash back de la vida doméstica de esa casa como si fuera la misma Jo (Saoirse Ronan) quien la escribiera.

Divertido y muy desinhibido está Thimotée Chalamet como Laurie, el atractivo vecino ricachón, otra historia entre dos amores, con algo de similitud con Un día de lluvia en Nueva York, sin espacio para la descarada Selena Gomez. Ese “je ne sais quoi” del actor es permanente y encantador, un toque de masculinidad con una cara aniñada y casi barbilampiña.

Una interpretación desigual comparada con el resto es la de Amy, con el acento de Florence Pugh más cerca de una película con John Wayne que con señoritas venidas a menos en el escalafón social.

Por fortuna, con los vestidos de época no se la ve caminar como un cowboy, pero se intuye. El pique entre hermanas, cuando una es brillante y le da igual la mediocridad del mundo, y la otra es medio inteligente y doble envidiosa, dura hasta el final. Y no hay final feliz, pero sí mucha felicidad. Tanta, que empalaga. Es tan romántico como carente de hormonas.

Emma Watson (Meg), como hermana mayor sin rol a imitar, es absolutamente perfecta. Beth sólo es la excusa para el capítulo de la escarlatina asociada a la pobreza, ya que en sus visitas benéficas se contagia de la enfermedad. Pero hasta eso da fortaleza a los que se quedan sin ella. Y es que, como decía Alcott, “He tenidos muchos problemas, por eso escribo relatos alegres”. No eran precisamente relatos “cortos y picantes”. Si hay heroína femenina, que se case o se muera, como le piden a la Jo adulta para aceptar sus relatos en los periódicos.

La Jo adulta no es, por supuesto, tan idealista como en su juventud: “El dinero es el único fin de mi mercenaria existencia”.

A pesar de la ilusa incongruencia, Jo es la conciencia anti capitalista de las hermanas, hasta el punto de que Meg teme su criterio si gasta más dinero en ropa bonita para casarse.

Salvo en ese punto, el personaje de Jo va en paralelo con el de Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York: escribe para los periódicos y no le importa lo que piensen de lo que diga o haga.

Hay muchos sueños de la infancia, mucha añoranza de que el pasado siempre fue mejor. Solemos actuar más por el miedo a perder lo que tenemos que por la oportunidad de ganar algo.

Aun así, no hay espacio para una Greta Thunderg con su “¿Cómo os atrevéis, me habéis robado la infancia?, etcétera etcétera”, ya que en aquella época el postureo no existía.

Tan sólo había que adaptarse a la época, triunfar con un libro cuyo final decida el editor para que venda más según la costumbre, y aceptar que lo de comieron perdices sólo existe en la literatura que te da de comer (herencias millonarias aparte).

¿La victoria? Apropiarse del libro que un@ escribe e impactar de generación en generación con tus historias. ¿Le habría gustado a Alcott? Posiblemente lo habría encontrado rompedor.

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