‘Monólogos de la vagina’

“Con todos ustedes la vagina, de nombre artístico: El coño”

Si te pusieras frente a frente a tu vagina, ¿tendrías una conversación con ella?

por A. Deschamps

Del Nuevo Teatro Alcalá sales con la impresión de tener una conversación pendiente con esa parte de tu organismo, en ese puntito en el que se genera la energía gustosita, justo en el chakra sacro. “Los monólogos de la Vagina” pone en el escenario a tres personajes: narradora (Olga Hueso), vagina (Rocío Madrid) y alter ego de la juventud (Albanta San Román), y es difícil no identificarse —ejem— con todos esos roles.

Un cuarto de siglo después del estreno de la obra de Eve Ensler, “Los monólogos de la Vagina” causan el mismo rubor y risita nerviosa que en la primera función en Nueva York. También pone a cada uno en su lugar, entre ellos a los ginecólogos, que se llevan su ración de risas vengadoras de la audiencia después de tantísimos momentos de cohibición en esos potros de parir.

Problemas de identidad

Las cosas en femenino siempre adolecen de malentendida sororidad: necesitamos un club de amigas para ir al baño. Si eres un tío, no. Confiesa que tu pene tiene nombre. Venga, dilo en voz bajita, en la intimidad, a tu pareja. Con la consabida frase de “Nadie se me ha quejado hasta ahora”, y deja que la magia fluya (nunca mejor dicho).

Eso es lo que falta en la gónada femenina: un nombre. Porque sinónimos haberlos haylos, pero con tantos sobrenombres, al final, lo que falta es identidad. Una identidad fuerte. Si un maromo se cae y se da un golpe en la polla, no es lo mismo que si una señora se pega un golpe en la vagina con el frenazo del autobús. Oups. Algunas dirán que se han golpeado en el chimichurri, en el toto, en el carné de madre, … demasiados rodeos para explicar el mapa de los bajos.

Mentir y comer pescado requieren mucho cuidado

Si se trata de poner la carne en el asador (más bien el pescaíto fresco de Huelva), nadie mejor que el propio órgano para “explicar” la brusquedad de rutinas desagradables como el tampón, la tanga o la copa (menstrual). Quedan pocas personas que no salgan de la sala sin el sentimiento de terapia de grupo y no se identifiquen con esas incomodidades que la Vagina, amablemente, cuenta desde la experiencia en sus carnes. Tampoco se deja en el olvido las violaciones y los abusos sufridos por las vaginas generación tras generación. Momento solemne, he de decir.

Sin tapujos

A pesar de la comunicación natural de los seres femeninos, que piensan y sentencian en voz alta desde la iluminación que sufren en la adolescencia, falta dirigirse a ese órgano del que depende gran parte de nuestra vida. Iluminadas o no, cara a cara con esa ausencia de apéndice colgando, habrá que ponerle cara y dirigirse a ello por su nombre: la Vagina. Nombre artístico: el Coño.

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