‘Los secretos de Silicon Valley’, de Scott Aaron Kupor

FICHA TÉCNICA: Título: Los secretos de Silicon Valley | Autor: Scott Aaron Kupor | Editorial: Empresa Activa | Nº Páginas: 288 | ISBN: 9788416997343| Precio: 17,10€

No hay inversión sin riesgos ni emprendedores a la fuga

Entre las opciones para financiar un producto disruptor —que sea diez veces mejor que una simple mejora o actualización, tipo discman versus iPod—, está la de recurrir al Venture Capital. Los secretos de Silicon Valley de Scott Kupor te da unas pinceladas de cómo funcionan los fondos de capital riesgo.

por Rosa Panadero.

No sé si sabréis que Steve Jobs, el Maquiavelo de los negocios versión 4.0, le comió la oreja a todos los músicos y sus productores americanos, de la costa Oeste a la Este, de fiestuqui en fiestuqui, de una discoteca a otra, para asegurarse de que le darían los derechos de sus obras antes de lanzar el iPod.

Moraleja: además de tener una idea suprema, tienes que mantener el secreto y también (saber) venderla.

Kupor es socio gerente de Andreessen Horowitz (A16Z) y su libro Los secretos de Silicon Valley, escrito desde Sand Hill Road, no asusta demasiado. Ayuda bastante. Sobre todo, ayuda a entender cómo funciona la operación de confiar en una startup y de financiarla durante, al menos, diez años. Es más, puedes hacer la lectura de Kupor desde distintos puntos de vista para sacarle más jugo:

_ Pequeño inversor, y ver cómo te jugarías tu propia pasta dejándole a los grandes invertir en tu nombre y saber que, casi seguro la rentabilidad será como mínimo de un 8%.

_ Gran inversor, y desgañitarte para negociar con el ego de los emprendedores y que no se vaya todo al traste porque tu misión es asegurar el retorno de la inversión a los pequeños inversores.

_ Emprendedor, y dar gracias porque haya gente que todavía cree en las buenas ideas, y que tendrás salario durante los primeros dos años, y que el fondo te ingresará el dinero en diferentes rondas, no de golpe y porrazo.

Olvídate de que es una subvención pública porque no lo es: deberás rendir cuentas periódicamente, calcular los gastos de contratación a cubrir en cada fase, y valorar cuánto pedir en la siguiente ronda de financiación. Ahí se producirá un baile: los nuevos inversores se lanzan si los antiguos repiten en la misma ronda, y si no es así, habrá que reestructurar todo porque seguramente la ronda ha salido más baja de lo que se esperaba.

No hay emprendedores cobardes

En este lado del Atlántico quizá nos resulte folclórico que en el salvaje Oeste se firmen acuerdos que impidan al emprendedor abandonar la nave antes de tiempo.

Curioso, ¿verdad? Digamos que a nuestra mentalidad meridional-mediterránea no le sentaría nada bien que, si fundamos una empresa y vendemos un porcentaje de ella a cambio de dinero, nos impidan cobrar nuestras acciones cuando nos parezca.

No majete, el vesting está para eso, para que, si te “desanimas”, que sepas que no puedes huir con la pasta, que esto no es una algarada callejera. ¿Que de cuánto tiempo estamos hablando? Cuatro años.

A razón de cero stock options si te piras el primer año (se llama cliff = precipicio), y el resto de forma proporcional durante 36 meses, es decir, 1/36. Pues en nuestra orilla, en caso de que te lo estés preguntando, también hay vesting.

En el libro de Kupor verás que es muy importante conocer la relación de los inversores entre sí, porque no todos participan en las mismas condiciones.

¿Y qué decir de los empleados?

¿Te imaginas cediendo el 15% de las acciones de tu empresa a los empleados? Pues lo normal para incentivarles a trabajar es eso.

Más aún, los fondos de capital riesgo calculan que es así. Y en caso de que haya que suscribir más acciones, los fondos se cuidan de no quedar diluidos porque invertirán más para mantener su ratio de participación.

Y ahora te frotas las manos y piensas “Es mejor ser empleado de startup que emprendedor, me llevo las acciones y me quito de responsabilidades”. No vendas la piel del oso antes de matarlo: puedes ejercitar esas stock options en los siguientes 90 días desde que le dijiste adiós al jefe. Y si no lo haces, vuelven a la empresa.  

Después de esta parrafada, pensarás que me he colado, que el que inventó el iPod fue Steve Wozniak, como todo lo que ha hecho Apple. Es verdad. Y el cerebro de la operación fue Jobs.

Si eres emprendedor —científico, tecnológico, cyborg, o cobot—, piensa en quién te puede ayudar a vender tu idea. Porque seducir al capital riesgo tiene su puntito, ¿o no?

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