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Juguemos a ser abogados

La evolución que ha tomado la comprensión humana en algunas cuestiones es, cuanto menos, irrisoria.

Y no es solo porque la mayoría prefiera seguir encerrada en jaulas nada complejas cuyos carceleros son los mismos que prometieron destruirlas, es porque, además, ninguno de los presos se dedican a lo primordial: tratar de salir de ella.

Hay mucha maneras de estar ciego, y muchísimos más por los que algunos lo son conscientemente, pero la que vengo a comentar hoy es, si cabe, mucho más perversa porque conlleva lanzar a la basura la lógica humana y entregarle el cerebro por completo a la guerra que los de arriba quieren que tengamos, en la que hay bandos muy marcados que, como pollos sin cabeza, se dedican a señalar e insultar a los que les rodean, a sus iguales, por motivos para nada útiles y mucho menos sensatos.

Vengo a hablar de los que no saben cómo funciona la figura de un abogado.

Se sepa o no algo al respecto de la ley y sus entresijos, creo que todos más o menos hemos visto una media de cinco películas basadas en novelas de John Grisham, así que doy por sentado que sabéis lo que es un abogado.

Pues estas muy insultadas y vilipendiadas figuras, muchas veces solo hacen su trabajo, defendiendo a alguien por obligación, y eso no acarrea ser amigo suyo u opinar lo mismo que él. Porque opinar sobre algo, o simplemente señalar un punto real y que nadie más se atreve o quiere o sabe ver, no hace que alguien esté de acuerdo o defendiendo al protagonista de la discusión.

¿Se entiende?

Igual que un abogado que no tiene empatía con un cliente inocente y aún así hace su trabajo y consigue que lo liberen, señalar una realidad que molesta o poner sobre la mesa las incongruencias de los demás no coloca a nadie en el bando contrario de la diana donde se lanzan los dardos. Esto, simplemente no funciona así.

Y, por desgracia, en la mentalidad y el razonamiento actual está bien instaurada la idea de que si yo, por ejemplo, comento que algo está mal o no estoy de acuerdo con otra persona sobre un tema específico, eso no me coloca en el mismo bando que aquellos que defienden las mismas tesis que yo, a veces con otras intenciones.

Esto no es una guerra, amigos, es solo abrir los ojos y entender qué está pasando.

Es tener las ganas de querer saber el motivo de una opinión, y no darla por hecha olvidando de lo que se estaba hablando en un principio, porque de ese modo solamente logramos que las críticas queden licuadas hasta el extremo, perdiendo una gran cantidad de energía, muy útil para cambiar las cosas, en tratar de ahorcar al que en realidad solo quiere que sepas la verdad sobre un asunto. La misma verdad que los de arriba no quieren que se sepa.

Pero, como ya he dicho al principio, la evolución humana se ha detenido, convirtiéndonos en poco menos que en marionetas que buscan a quien escupir para tener un motivo para levantarnos por la mañana, sin entender que de todas las opiniones se puede sacar algo mientras las intenciones no sean nocivas para los demás, sino que buscan solamente que la información y la libertad de opinión fluya como siempre: en la dirección donde brota la inteligencia y el conocimiento sobre lo que nos rodea.

¿O eres de los que si alguien dice que los vegetarianos son seres de luz y esa es la única manera de alimentarse ya los colocas del bando de todos los que algún día dijeron esto; como por ejemplo Hitler?

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