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¿El fin del silencio?

Banderitas de color sangre para elegir

En esta cuarentena he visto series, pelis, documentales “basados en casos reales” y sobre todo, por causas de fuerza mayor, dibujos animados (Bendita televisión de pago). Recuerdo algunos productos interesantes, otros que ya he olvidado y algún ñordo de vaca con ínfulas intelectualoides (sí, me viene a la mente una peli de Brad Pitt haciendo de astronauta).

De todo lo visto, quería destacar la serie de documentales El fin del silencio (que complementada con la serie La línea invisible forman un díptico muy interesante sobre una parte oscura de nuestra historia).

Hacía tiempo que no me quedaba tan pegado al televisor y es que la producción de Movistar+ es impecable tanto en la forma como en el fondo y se aleja de panfletos políticos.

Jon Sistiaga nos muestra el origen, auge y colapso del grupo terrorista ETA y lo hace de la mejor forma posible, sin maniqueísmo, pero dejando las cosas claras: ETA era una mafia asesina y actuaba de la misma manera que los mafiosos de las pelis: asesinando y chantajeando. ¿Te imaginas ir con miedo de que te peguen un tiro mientras sacas a tu perro? ¿O ir a pasear con tu mujer e hijo y que alguien venga por detrás y te mate delante de tu familia? Eso, por desgracia, ocurría y, tras el ruido mediático venía el silencio de una sociedad acojonada y dividida.

Al final los datos son demoledores.

Casi 50 años de lucha armada, 829 víctimas oficiales, de las cuales 300 quedan sin haber atrapado al autor material del mismo, elevadas pérdidas económicas fruto de sus atentados y la fracturación de la sociedad vasca.

El número de víctimas podría ser más alto si contamos a los “desaparecidos” (como los tres currantes gallegos que se cruzaron en su camino sin tener nada que ver con la política o el histórico dirigente “Pertur” que “se esfumó” sin dejar rastro tras enfrentarse a la cúpula de la organización).

Pero lo mejor de este documental es la interesante conclusión a la que llega, una conclusión alejada de partidismos: la utilización de la violencia crea sus propios mecanismos y se reproduce como un virus (más peligroso que el COVID 19).

Cada acto tiene su consecuencia y así hasta llegar a una espiral de la que es casi imposible salir. (Como fue la cagada monumental de la creación del GAL, que más que un grupo terrorista, fueron unos chapuceros asesinos que acabaron con la vida de varios inocentes).

Un documental impagable

El documental en su primer episodio tiene una escena impagable donde la viuda de una víctima y su asesino comen juntos y hablan sobre varios temas candentes.

Los dos se habían visto antes en la cárcel y la visita de la viuda trastocó al etarra, cambiando su forma de ver el mundo. Yo no sé si sería capaz de perdonar a los que me han jodido la vida, pero creo que es realmente admirable hacer algo así.

Es tan lícito perdonar a los asesinos de un ser querido como no perdonar y yo no soy nadie para decir que es lo correcto. No existen las respuestas correctas o incorrectas, sólo preguntas cuando alguien decide acabar con la vida de otra persona porque piensa diferente.

Al ver imágenes de coches ardiendo, cargas policiales, cócteles Molotov y pintadas llamando fascistas a los que no pensaban como ellos me vino a la mente la situación actual en Cataluña.

La tierra donde nací es un lugar en el que se vivía muy bien, pero hoy en día parece ese País Vasco de los setenta, ochenta y noventa. (Aunque gracias a Dios sin atentados).

La crispación va en aumento porque a unos y a otros ya les va bien y suman votos. La “gent de pau” contenta con acusar al estado español de todos los males posibles y los “auténticos españoles” acusando a los independentistas de “traidores a la patria” sin hacer la menor autocrítica sobre su forma de proceder.

¡Ay el concepto de patria cuanto daño ha hecho!

¿Qué cojones es una patria, joder? ¿Un trozo de tierra habitada por simios “evolucionados”? A veces pienso que las banderas las inventó el diablo para dividirnos.

Me lo imagino en su sillón, poniendo la tele mientras come palomitas de microondas (supongo que en el infierno hará tanto calor que no será necesario un microondas, pero ese es otro tema) mientras se parte el culo viendo a los subnormales de siempre agitando trozos de tela bañados en sangre humana.

Al final los nacionalismos se tocan y se relacionan entre ellos. ¿Qué diferencia hay entre un patriota fanático español, uno catalán, vasco o bielorruso? Ninguna, sólo el odio al “otro”.

El nacionalismo se inventa un enemigo y lo peor de todo, generaliza. Ataca a ese otro y lo deshumaniza. Los españoles son el problema, los catalanes son el problema o los vascos son el problema y “nosotros” somos los buenos, los que tenemos razón. (En el concepto de “pueblo elegido” se parece a la religión). Así tienes una legitimación moral para soltar burradas y liberar al psicópata que llevas dentro.

Me hacen gracia los que reivindican el papel de Terra Lliure en la actualidad como si volver a la violencia aportara algo que no fuera dolor. He de decir en honor a la verdad que no hay muchos de estos, pero existen, no nos engañemos.

La violencia jamás es la solución en un estado que se considera democrático, aunque a veces nuestra democracia parezca una república bananera.

Por si no lo sabían, Terra Lliure más que un grupo terrorista, fue una banda formada por amigos de Mortadelo y Filemón. Se contabilizan cinco fallecidos por el grupo terrorista de los cuales cuatro fueron miembros del grupo mientras manipulaban artefactos explosivos. (No cuento el hundimiento de la réplica de la nave de Colon situada en el puerto de Barcelona porque no tenía vida. Ya sé que podría ser su mayor logro junto al disparo en el pie a Jiménez Losantos, pero no lo contabilizaré).

Creo que los integrantes de este grupo podrían haber hecho algún cursillo de electrónica, les hubiera ido bien.

Al final, el asunto les explotó en la cara (perdón por el humor fácil, pero el chiste era la” bomba”) y la banda se disolvió. Si existieran los premios Razzies a los grupos terroristas más desastrosos estarían en el top 5. (Ojo y me alegro de que fuera así por el bien de todos).

Hemos de aplaudir a los que deciden rechazar la lucha armada y prefieren apostar por vías pacíficas, aunque se pueda discrepar de ellos. Puedo estar en desacuerdo con alguien, pero eso no implica que tenga que disparar a esa persona o ponerle una bomba en el coche porque piense diferente a mí.

Para eso están las redes sociales…

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