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6 Relatos Ejemplares 6 / María Elvira Roca Barea

De condes depravados, traidores impertérritos y fanáticos protestantes

por J. Víctor Esteban

María Elvira Roca sacudió el mundo histórico-literario del pasado año sorprendiéndonos a todos (probablemente incluso a sí misma) con el bombazo editorial que supuso Imperiofobia y leyenda negrauna delicia historiográfica para hispano-masoquistas necesitados de revisitar la historia de España sin tener que pedir perdón en cada párrafo. En un país acostumbrado a rezongar con desdén ante cualquier aplauso a las cosas que hacemos bien, descubrir un libro como “Imperiofobia”  en el que se explica en cuantas cosas destacaron nuestros antepasados, supuso un soplo de aire fresco entre tanto “quejío” sin propuestas de mejora.

En un país como España en el que cualquier alcalde de pueblo, ya sea Madrid o Alcolea de las Peñas (preciosa villa guadalajareña de la comarca de Atienza) promete a sus convecinos autopistas de seis carriles hasta la puerta de su casa, hospitales como los de “Jiuston”, universidades con más másteres que “Jarvar” (claro que es coña), siete frecuencias de AVE diarias y hasta puerto de mar en el centro de la meseta celtibérica (en Madrid no tenemos un puerto como el de Valencia por que la crisis nos salvo a tiempo) renegar de nuestra frustrante incapacidad colectiva es el segundo deporte nacional. El primero es quejarnos hasta por lo que nos sale bien como individuos.

6 relatos ejemplares 6, es un antidepresivo histórico-literario en el que la autora nos propone una revisión de algunos de los principales iconos del mundo protestante que suelen utilizarse para contraponer la “bondad protestante” contra la perfidia católica o más en concreto española. Que Calvino ejecutara en Ginebra en un año a mas gente que la Inquisición española en toda su historia, que Lutero se convirtiera en ideólogo de las aristocracias germánicas al reclamar para cada príncipe las posesiones de la Iglesia católica lo que supuso su enriquecimiento inmediato y aplastara a sangre y fuego las protestas de sus hambrientos plebeyos, que Guillermo de Orange fuera un impresentable codicioso capaz de asesinar a parte de su propia familia por “españolistas” o que el antisemitismo luterano alargue su sombra hasta el siglo XX y su cabo austríaco, no impiden que incluso en España se consideren los siglos XVI, XVII y XVIII del bando protestante, moralmente superiores a sus equivalentes españoles.

Que nuestros antepasados no eran unos angelitos antecesores de la madre Teresa de Calcuta está claro como el agua. Es Historia. Nuestra Historia. Pero que examinar hechos de hace cinco siglos con el prisma del nuestro o peor aún con sus clichés, seguramente no es más que una profunda demostración de ignorancia colectiva.

Poner a nuestros antepasados frente a su entorno, incluyendo aliados y enemigos es la única forma de entenderlos. Cuando los españoles llegaron a América, y volvieron y lo contaron (no como los vikingos, que no se lo contaron a nadie para que no se lo quitaran) el impacto fue espectacular. Porque de la China y de Japón se sabía por Rui de Clavijo, Ibn Battuta y Marco Polo; de la India se hablaba desde los tiempos de Alejandro Magno, pero de América, ¡nadie sabía nada! ¡Absolutamente nada! Imagináis lo que tuvo que suponer para un cura que leía en la Biblia el pasado, el presente y el futuro descubrir que en los libros sagrados no había nada escrito sobre ¡América! ¿Cuántas páginas más le faltan a mi libro?, pensaría. Aquel viaje cambió el mundo para siempre.

Ya termino. 6 relatos ejemplares 6 (al modo cervantino) pretende, o al menos así lo he entendido, enmarcar un proceso histórico que durante siglos ha dejado sus huella sobre  nosotros, convirtiéndose en una especie de pecado original laico por el que los españoles que vivimos hoy, tenemos que pedir perdón por pecados que no cometimos. Sobre todo si pensamos que en la Europa protestante nadie tiene ni la menor intención ni conciencia de tener que pedir perdón por nada. Al fin y al cabo ellos ganaron la guerra contra el catolicismo. Aunque los exiliados religiosos del Mayflower tuvieran que huir de Inglaterra por no ser “buenos protestantes”.

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