Reflexiones desde mi espejo

Blog de Opinión

Manuel Gris

‘Space Jam 2’ VS ‘PIG’, o porqué el cine está muriendo

Ayer mismo estaba paseando por el FNAC, en la sección de libros cuando, y tras observar varias portadas y contraportadas de un sinnúmero de editoriales y géneros, me quedó claro (una vez más) que la literatura, igual que el cine actual, busca ante todo un titular, un nombre, una imagen para poder robarnos nuestro dinero olvidándose por completo de lo primordial: una buena historia detrás de toda la morralla.

La gran mayoría de títulos que ocupaban los puestos de las secciones de más vendidos o los estantes de novedades estaban escritos por actores, modelos, directores, influencers, mujeres (y a poder ser racializadas o con la frase la nueva dama de… después del nombre) o, directamente, excrementos impresos cuya escritura, personajes e historias no aportaban nada nuevo al presente y, muchísimo menos, al futuro de las letras.

Investigaciones criminales, mujeres empoderadas que buscaban justicia, terror de susto fácil o descripciones descubiertas hace siglos, pero lo más penoso de todo era la cantidad de portadas bellísimas que nada tenían que ver con el interior y mucho con los envoltorios de los caramelos y chocolatinas que los niños piden a sus papis cada vez que se acercan a una caja de supermercado a pagar.

La literatura, igual que la mayoría del cine actual, ha pasado a ser sólo algo que se consume para decir que se ha consumido, algo que sirve para “demostrar” que se es más guay por leer solamente a mujeres (la calidad, si eso, para otro día), o que sirve como escaparate para que completos fracasados sin talento se dediquen a jugar a ser intelectuales mientras le roban las pocas neuronas a nuestra sociedad, amante de esos iletrados que llenan su estanterías de nombres cool sin nada que decir.

Y ahora hablemos de la pésima Space Jam 2 y de la sobresaliente PIG

Si algo nos ha enseñado el cine a aquellos que escapamos del borreguismo de los Blockbuster es que con pocos medios, talento, las cosas claras y muchos respeto por el espectador, es posible parir obras relevantes y difícilmente olvidables (para bien).

Por suerte todavía queda gente así, con inteligencia, que sabe que el séptimo arte es algo más que luces, explosiones, gente disfrazada de payaso o terror de ese que sube el volumen y espera con ansia que alguien de un salto en la butaca.

El ejemplo más actual de como la industria cinematográfica se ha prostituido hasta límites que hacen que te plantees seriamente salir a la calle con una recortada, es la infumable bazofia que WB nos ha regalado con Space Jam 2, en la que con un alarde de maestría a la hora de dejar claro que la imaginación sólo está reservada a unos pocos, han abortado algo tan alejado del clásico de los 90′, algo tan vomitivo y totalmente insultante, que hasta Michael Jordan debe estar partiéndose el culo en casa con la completa seguridad de que ningún jugador puede tampoco hacerle sombra en la actuación; que ya es decir.

Porque esta basura, este escombro, estas cenizas de lo que un día fue el cine, no solo peca de mal guion, peores actuaciones y dirección inexistente, es que además está tan segura de su inmundicia moral que basa todas sus armas en CGI de primera categoría salida de las manos de informáticos cuyo trabajo en esta cinta ni añadirán en su CV.

Y todo porque ellos creen que la pequeña minoría que les aplaude porque le quitan los pechos y la sexualidad a un conejo animado (sólo hasta ahí llega la lucha de algunos por mejorar nuestro mundo) irán a ver esta película en masa, dándose codazos, cuando la realidad es otra mucho más deprimente y real: aquellos para quienes escriben sus películas NUNCA van a consumirlas.

Es una ley impepinable, es una regla básica para estos parásitos llorones de Twitter, esa que les obliga a despotricar sobre todo lo que se les ponga por delante para luego, siempre, nunca consumir nada de un modo que ayude a sus proveedores.

Esta élite progresista está por encima de los demás y de conocer cómo funciona la industria, y el problema de verdad para los productores llegará mucho más tarde de que también ellos se den cuenta de ello.

PIG, una obra de arte de bajo presupuesto

Y en el otro lado del cuadrilátero, a miles de kilómetros de distancia, está PIG, película financiada por ocho productoras con un guion, un ritmo, una fotografía natural y una dirección pausada y efectiva que consigue que estemos enganchados a la butaca en todo momento con ganas de saber qué será lo próximo que hará el protagonista, un enorme Nicholas Cage, para recuperar a su querido animal de compañía: una cerda buscadora de trufas.

Por cine de este tipo, por obras con esta calidad y mensaje trás de una extraña y absurda premisa, es por lo que el cine sigue manteniéndose en su esquina, molido a palos y sin mucho que hacer aparte de esperar que todos despertemos.

Es por estas cintas de puro arte que me resisto a basar mi dieta cinéfila en clásicos o cintas de serie Z y B y W con más huevos y humor que la próxima basura subvencionada, porque sé, en el fondo, que ni todas las Sirenitas negras, ni todos los remakes y refritos y engendros basados en conseguir dinero de la nostalgia, van a poder quitarle la ilusión y amor por el cine y por los profesionales que saben, como yo y muchos de vosotros, que cintas como Space Jam 2, o los bestsellers escritos por la feminista de turno, tienen los días contados.

Cuando los productores y editores entiendan que darle voz a mediocres sin talento puede darte medallas en Twitter, pero no un plato con comida en la mesa, entonces las cosas cambiarán y no dará tanta vergüenza pasar por delante de un cine o entrar en una librería.

Sólo cuando todos respetemos el arte y la cultura, y entendamos que sin ellas caeríamos en esa mediocridad absoluta en la que tratan de atraparnos, entonces las cosas cambiarán.

Entonces habrá más PIG y menos Space Jams.

Entonces, y solo entonces, podremos salir de casa con una pregunta asesinada hace ya demasiado tiempo: ¿vamos al cine/librería a ver qué nueva joya nos encontramos?

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