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Kristen Stewart, o el talento de no tener talento

Vivimos en un tiempo en el que se consigue más fingiendo que se hace algo, o que incluso eres capaz de hacerlo si te dieran la oportunidad, que haciéndolo realmente, porque, creo, a la sociedad le gusta ver a personas totalmente inútiles haciendo cosas que para nosotros resultarían imposibles, por lo de sentirnos capaces de llegar a esas metas que a auténticos genios, a seres con un talento innato e inabarcable, les cuesta toda una vida.

Es como ver a un caballo cojo ganar una carrera; no tiene lógica, y seguramente habrá algún oscuro secreto detrás, pero aplaudimos porque creemos que se lo merece aunque solo sea por el esfuerzo y, en el fondo, nos decimos PUES YO TAMBIÉN PUEDO HACERLO.

Pues ayer vi UnderWater, la última película de Kristen Stewart.

Ya me entendéis.

En la historia del cine siempre ha habido grandes directores, intérpretes, guionistas, compositores o montadores que con su inestimable talento nos han regalado momentos inolvidables que jamás podremos olvidar ni agradecerles todo lo que se merecen.

Y después hay gente como Kristen Stewart.

El problema, y debería añadir el único, que le veo al hecho de que por cuestiones de marketing y no por verdadero talento ganado con trabajo o innato, se le siga dando trabajo a personajes como esta pseudo-actriz, es que las películas en las que aparece quedan invalidadas desde el segundo uno. O quizá desde el primer milisegundo.

Porque algo puede estar bien escrito y dirigido, puede tener unos efectos geniales o estar llena de buenos personajes, pero si colocas a un maniquí sin talento al que podrían estar cortando un pie o dándole de comer el mejor manjar del mundo, ¡y pone la misma cara!, pues el resultado final es más un entretenimiento comparable a darle de comer a tus peces, pero jamás se acercara ni un milímetro a algo que te arrancara una sonrisa sincera o un aplauso sentido y digno de recibirse.

Con UnderWater me ha pasado lo mismo que en su día con Contratiempo: son películas interesantes y en muchos sentido disfrutables y que arriesgan algo más que la media, pero si pones a alguien como Mario Casas el frente, un ser que apenas sabe pronunciar su nombre como una persona sin retraso mental, y ya no digamos transmitir un sentimiento que no sea asco o angustia involuntaria, pues todo el castillo se va al carajo.

Y encima te acabas alegrando cuando esto pasa, porque estas dos caretas con gomas de pollo, que encima se las dan de grandes artistas, protagonicen historias con interés solo por una mera cuestión de vender entradas para verlos sin camiseta, poniendo morritos, o cometiendo un insulto a la inteligencia humana, como que hayan ganado dinero haciendo lo que hacen, te hace sentir alegre cuando todo el plan se hunde. Porque es lo que se merecen todos por permitir que estos insultos al talento estén al frente.

Pero tranquilos, que yo estoy bien.

Es decir, que esto me pone de mala hostia es algo obvio y hasta entendible, pero no me quitan el sueño. Para nada. En realidad, si nos ponemos un segundo serios, lo que me molesta de verdad es que esta tónica de poner a fracasados intelectuales sin utilidad, también se lleva en la política; lo que ya no tiene tanta gracia.

Porque el Casas y la Stewart aparte de robarnos una hora de nuestras vidas, no van a estropearnos la existencia en toda su esencia, pero que personas como la Marquesa de Galapagar, la Calvo o Garzón estén donde están, cobren lo que cobran, y encima nosotros tengamos que tragar con eso y aplaudir como focas sin cerebro, la verdad, te deja con un sabor de boca bastante apestoso y pegajoso.

Pero, oye, que es solo mi opinión, allá cada uno con el modo en que quiera joderse la existencia, ¿no?

¿Que te gustan las películas de Mario Casas?, pues nada, búscate a otro tonto que te acompañe en la butaca de al lado (a no ser que sea para verlas en casa con cervezas y ganas de cachondeo, porque entonces soy tu hombre).

¿Que te gusta que unos analfabetos con más cara de espalda y que no les darías curro ni para pelar pipas estén al mando de nuestro bienestar?, pues me vas a parecer otro idiota, pero con la misma libertad, hasta que nos la quiten, que puedo tener yo.

Así que no te enfades, hombre, solo sigue así con tu forma de ver el mundo, de aplaudir y abrazar a quienes no merecen ni el aire que respiran porque no se lo han trabajado, que me da que te va a ir todo genial, guapi.

Porque, ¿por qué darle ánimos a los que de verdad pueden aportarnos algo, cuando podemos dárselo a personas que no valen ni para beber de un botijo?

Es una cuestión de justicia, solo.

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