CruÏlla 2026: El día de los aniversarios

Jueves 9 de julio

El jueves era el día grande para los más creciditos del Festival. Por una parte teníamos a los catalanes Standstill celebrando el 20 aniversario de su disco más famoso, Vivalaguerra (Buena Suerte, 2006), a Garbage con la efeméride de los 30 años de su debut homónimo, (BMG Records, 1995), y a los Pixies de Black Francis conmemorando sus 40 años de carrera, hiato incluido. Una jornada de lo más trufada y deseable.

Primero de todo nos acercamos al Estrella Damm para disfrutar de la inestimable presencia sobre las tablas de Enric Montefusco, Piti Elvira, Ricky Lavado y Ricky Faulkner, siento no tener localizado al teclista actual de la banda, para rememorar su añorado Vivalaguerra que tantas alegrías nos dio en su día y, visto lo visto, nos seguirá dando durante muchos años.

Por supuesto que el concierto nada tuvo que ver con aquella mítica presentación del disco que hicieron en la cúpula de Las Ramblas de Barcelona en 2006, algo irrepetible por muchas razones, pero volver a revivir en directo canciones como 1,2,3 Sombra, 1,2,3 Sol, ¿Por Qué Me Llamas A Estas Horas?, La Risa Funesta o Noticias Del Frente, fue un privilegio tanto para los que estábamos de vuelta veinte años atrás, como para los que en su día no pudieron disfrutar de ellas.

Su repertorio no se ciñó únicamente al citado disco y entre ellas también interpretaron Cuando y Feliz En Tu Día de su homónimo del 2004, y Hay Que Parar y Adelante Bonaparte (I) del disco del mismo nombre del 2010. Una necesaria reivindicación del legado de una de las bandas más irrepetibles de los últimos años dentro de la música independiente nacional, que culminó con el anuncio de un nuevo disco que ya tienen grabado y que verá la luz, según Montefusco, el próximo otoño. Ya nos estamos frotando las manos.

Haciendo tiempo antes de Garbage, nos pasamos por el escenario Vueling para sentarnos un rato y escuchar las canciones de Maika Makovski y su banda. Sinceramente, me pareció tan aburrida y pretenciosa como en disco. Sus aires a lo Patti Smith, a la que no se le acerca ni por asomo, y esas declaraciones que ha dado en alguna ocasión cancelando a gente como Platón por machista, que no seré yo quien diga lo contrario pero teniendo en cuenta que el machismo todavía existe a día de hoy y este hombre vivió en el 400 a.C., me parece que está todo dicho. Utilizar el concierto como un momento social y distendido, se convirtió en un espacio de tiempo del todo aprovechado.

Con Garbage, de nuevo en el Estrella Damm, todo salió a pedir de boca. Puede que su confianza en el nuevo material, tocando nada menos que cinco canciones de su reciente Let All That We Imagine Be The Light (BMG, 2025), hiciera que los momentos más esperados y estelares de la noche fueran más espaciados y estuvieran más diluidos dentro de su setlist, pero hay que admitir que la tanto la banda, con Bucth Vig y su batería híbrida a la cabeza, como esa diva rock como es, ha sido y siempre será Shirley Manson, siguen en su mejor momento.

Shirley no se cortó un ápice en su discurso contra el edadismo, los gobiernos en general y el poder establecido, ese carácter punk del que siempre ha hecho gala (su estética sigue siendo de lo más impactante, esas botas, ¡joder!), ha ido en constante aumento con los años y es algo que siempre demuestra en cuanto tiene ocasión. Si hay alguien que todavía piensa que Garbage son simplemente una banda de rock para el disfrute y sin discurso socio-político, que lo vuelva a comprobar.

Para los fans de la vieja escuela, que por supuesto éramos la mayoría de los allí presentes, nos regaló temas tan clásicos y míticos de la década de los noventa como I Think I’m Paranoid y Stupid Girl, ambas consecutivas, y When I Grow Up y las imprescindibles Push It y I’m Only Happy When It Rains, también formando un mismo bloque. No fue el setlist perfecto, ni mucho menos, pero tanto el buen sonido, como la buena forma de la banda, dejaron patente que tenemos Garbage para rato.

A término personal diré que la versión del Lovesong de The Cure que se sacaron de la chistera en medio del concierto, me pareció un regalo de lo más bonito.

Tomándonos otro merecido descanso del calor insoportable y la intensidad emocional, tocaba socializar un rato mientras Brett Anderson y los suyos, los británico Suede, daban otro de los conciertos más intensos y sudorosos del día con un Occident en el que no cabía un alfiler. Con un vocalista entregado en cuerpo y alma a unos fans derretidos con sus sensuales contoneos, acercamientos al público y pasión por el directo, los que lo vivieron de cerca, hablan de uno de los mejores conciertos de la banda en los últimos años.

Metidos ya en la noche y con un pequeño respiro del sufrimiento que el astro sol infringía sobre nuestros cuerpos hacía pocas horas, Pixies comenzaban su esperado concierto con un trío de lo más clásico. Cactus, Nimrod’s Son y Vamos fueron las escogidas para dar inicio a la velada dejando claro, de manera aplastante y sin ningún género de duda, que tanto Black Francis a la voz y a la guitarra, como Joey Santiago a su instrumento eléctrico, están incluso en mejor forma que antaño. Eso sí, lo del sonido y la estética de la nueva bajista de la banda, algo más allá de lo espectacular, hizo que ésta se robara el show en más de una ocasión. Y yo que me alegro, ponerse en los zapatos de la Deal en una banda como Pixies no es tarea fácil y ella encaja como un guante.

Sin demasiadas fugas a su material de la segunda época, tan sólo sonó el Greens and Blues del Indie Cindy (Pixies Music, 2014), sí que es cierto que tanto a la hora de tocar caras-b, como a la hora de tocar versiones, no se quedaron cortos. Algo que, por otra parte, creo que hacía poca falta teniendo el repertorio de hits incontestables que tienen en su haber.

Que no se me entienda mal. El Dr. Dolittle (4AD, 1989) fue la estrella de la noche con nada menos que nueve cortes extraídos de él, añadiendo varias más del Surfer Rosa (4AD, 1989), del Come On Pilgrim (4AD, 1989), del Bossanova (4AD, 1989) y del Trompe Le Monde (4AD, 1989), para deleite de los más añorados y nostálgicos, a un setlist muy  equilibrado. Todos ellos ejecutados con una contundencia y una intensidad pasmosas.

Como no podía ser de otra manera, el cierre llegó con Where Is My Mind, la canción que realmente los trajo de vuelta después de que David Fincher la incluyera en la mítica escena final de El Club De La Lucha.