Viernes 10 de julio
El viernes llegamos al ecuador del Festival con un cartel que, de nuevo y sobre el papel, se hacía de lo más apetecible. Sin duda alguna y mi más esperado del día, iba a ser el nuevo espectáculo de Zahara, creado a partir de sus propias canciones remixadas en formato rave, tomando el nombre de la propia fiesta para bautizar su show. No voy a negar que lo de ver a Black Crowes por primera vez, me llamaba la atención, pero más allá de algún disco en concreto que he disfrutado de ellos, nunca he sido seguidor de la banda de los hermanos Robinson.
El primero en nuestro horario de tarde era el catalán Alizzz. A Cristian Quirante siempre lo he tenido en un pedestal en cuanto a su trabajo de producción se refiere, inseparable de C. Tangana y creador de muchos de los hits musicales que han poblado nuestras listas de éxitos durante los últimos años. Pero en el momento en el que se decidió a ponerse ante el micro, las dudas me asaltaron.
Lo he visto varias veces en directo y admito que cada vez ha ido a mejor, con mayor soltura sobre las tablas y construyendo una imagen cada vez más sólida y personal en su faceta como vocalista e intérprete. Pero la verdad, es que nunca podrá compararse, ni tampoco lo hace, con el nivel que practican los artistas con los que trabaja. Creo que todo esto es más bien un entretenimiento, que cualquier otra cosa para Quirante.
Dicho esto, el concierto del viernes en el Cruïlla, no fue uno de sus mejores. Rebajando las revoluciones de muchos de sus temas, igual algo tuvo que ver el accidente que sufrió el día anterior el batería de su banda, y con una voz que tampoco es que fuera su mejor versión, la suerte estuvo de su lado encontrando a un público bastante entregado y deseoso de verlo sobre las tablas.
Destacar el momento en el que dedicó a su hija, por primera en uno de sus conciertos, el tema que lo puso en la palestra como productor y que arrojó el foco sobre C. Tangana y Rosalía, Antes De Morir. Aunque su propia versión del tema quede muy alejada de lo que ofrecen al micro el madrileño y la catalana. Las muy esperadas ¿Qué pasa nen?, Amanecer y El Encuentro también sonaron, pero ninguna de estas dos últimas mejor que con sus ausentes colaboradoras estelares, Rigoberta Bandini y Amaia..
Llegaba uno de los momentos más esperados por muchos, el de ver a la banda de los hermanos Robinson sobre la estructura del escenario Estrella Damm. Como ya he comentado, nunca he sido un gran seguidor de la banda, pero es innegable que, al menos durante los 90, fueron una de las bandas de rock clásico más famosas del planeta. Verlos en directo, es algo así como ver a una leyenda, así que no me pude resistir.
Con un sonido absolutamente perfecto, una banda de lo más experimentada, unas coristas de voces celestiales y unos hermanos Robinson pletóricos, sobretodo Chris, descalzo, paseando de lado a lado del escenario y cubierto de abalorios y tatuajes hasta las cejas, disfrutar de su personaje, es meterte de lleno en la década de los 70.
Pero fuera de ese impacto inicial y algún que otro tema interesante, mis ganas se fueron diluyendo hasta el punto de irme del concierto a probar nuevas experiencias.
Muy cerca de allí, en el escenario Vueling, estaba Arde Bogotá con ese curioso y renovado espectáculo homenajeando el “error” como algo bonito y natural. Tanto es así, que en el propio cartel del Festival figuraba como un grupo llamado Bigger Splash (título de su último álbum para más pistas). Tampoco es que yo sea ningún fan de la banda, quizás hasta al contrario, me producen una inferencia absoluta, pero tampoco voy a decir que no cumplieran con lo que los miles de seguidores que congregaron en ese escenario, prácticamente a reventar, esperaban de ellos.
Mi entretenimiento llegó cuando, por casualidades de la vida, acabé sentado en la grada justo al lado de un artista asiático, que por desgracia no entendía ni una palabra de inglés o español, y que se ocupó en todo momento de plasmar en su cuaderno con sus ceras, la imagen abstracta del concierto que su creatividad le dictaba. Una maravilla de momento.
Otro de los grupos que me creaba cierta curiosidad en directo, eran los madrileños Parquesvr. Metidos dentro de ese saco de la nueva ola de guitarras madrileña, en el que pueden caber bandas como Alcalá Norte o Carolina Durante con los nada tienen que ver estilística ni generacionalmente, Parquesvr son la banda más incómoda, irónica, caústica, provocadora, culta y hedonista de nuestra actualidad musical. Una banda que levanta tantos odios (entre la derecha) como pasiones (entre la izquierda).
Con un frontman que suple cualquier carencia vocal con una presencia escénica animal y confrontacional de lo más atractiva, el concierto de Parquesvr fue una fiesta incendiaria en contra del poder establecido y el capitalismo, de la misma manera que lo fue homenajeando al hedonismo y al sudapollismo más banal.
Pudiera parecer que por su carácter de mofa continua y humor negro, no tuvieran mucho que decir musicalmente, pero puedo acreditar con toda contundencia, que hacía mucho tiempo que no veía una banda tan nueva y tan buena técnicamente, sobre las tablas de un escenario. En ocasiones en eran Bloc Party y en otras Rage Against The Machine, pero en todo momento, y sin dar lugar a equivocaciones, Parquesvr fueron los más auténticos, sinceros y aplastantes del Festival.
Zahara Rave era el experimento techno (con base en el Detroit de principios de los 80) tramitado a través de sus propias canciones, vivencias y experiencias para reivindicar la fiesta como un espacio consciente, amable y seguro para con el colectivo LGTBIQ+, del que además Zahara, se ha convertido en icono.
Zahara siempre ha sido una enamorada del techno, demostrándolo tanto en sus conciertos, como en sus discos siempre que tiene ocasión. Y para construir esta absoluta fantasía de espectáculo, ha vuelto a contar con la inestimable ayuda de su inseparable Martí Perarnau llevando su laboratorio de sonidos techno explotado sobre en su otro proyecto conjunto, _juno_, al directo.
Una experiencia colectiva en todo momento, nada menos que diez personas son las que se juntan en el escenario para ejecutar las ultra físicas y sensuales coreografías y conseguir ese arrollador muro de sonido extremo que es Zahara Rave. Y digo colectivo porque desde la primera a la última persona allí concentrada, estaba viviendo el concierto de la manera más intensa y desprejuiciada posible, que era exactamente el objetivo de Zahara y su crew.

Zahara no obvió el momento del lavabo portátil, incluido también en su última gira del Lento Ternura, dándole una vuelta de tuerca y aún más protagonismo dentro del nuevo espectáculo.
Berlin U5 quizás fue el momento más memorable. La alargó más de diez minutos, como se divierte ella con sus maquinitas sin estar al frente del escenario y pasándoselo en grande mano a mano con Martí Perarnau, y aprovechó el momento para bajar la rave al público, junto a todos los bailarines, y gozarlo y sudarlo al máximo rodeada de sus fans que se lo agradecieron de la mejor manera posible, con toda la transferencia de emoción que solamente la comunión del techno y del baile colectivo pueden conseguir.
Y de la misma manera que ella se despedía de todas con lágrimas en los ojos por la emoción de lo vivido esa noche irrepetible, el resto nos quedamos con ganas de más en un momento en el que nuestra energía estaba por la nubes. Fue hora y media de pura fiesta con conciencia social, pero creo que hasta ella se podría haber quedado allí toda la noche disfrutando de ese momento tan perfecto hasta que el sol nos hubiera hecho huir de él de nuevo.




