`Fue la mano de Dios´ Un relato íntimo con aspiración a obra maestra

¿Sabéis esa sensación cuando acabas de probar, ver o sentir algo que te ha transportado a un lugar maravilloso? Como el crítico de Ratatouille, algo así.

Esa ha sido la sensación que he tenido con esta película. Una historia para nada rocambolesca, medida en su desarrollo y muy representativa.

Una iniciación biográfica del director muy personal. Que mezclada con algunos matices de ficción, consigue adentrarse en la mayor tragedia de su infancia. Es así como nos muestra, que no tiene ningún miedo de sumergirse en un pasado cargado de dolor, para contarnos una historia de drama comedido, que nos hace viajar entre la carcajada y el llanto.

 

¡Fue golazo!

Este maravilloso director Paolo Sorrentino, nos trae la historia de Fabiertto Schisa. Esta transcurre en los años ochenta, situada en un Nápoles en un momento de turbulencia social. El protagonista vive su adolescencia entre alegres sorpresas, como la llegada de Maradona, que supondrá uno de los giros principales en su adolescencia. También sufrirá tragedias imprevistas, que dejaran su vida patas arriba.

El destino del protagonista, lo llevará entre el jubilo y la desdicha, que poco a poco se entrelazan creando su futuro, que echa a rodar sin poder detenerse y siendo necesario, tomar decisiones.

Una historia que nos adentra en las costumbres napolitanas. La familia, el deporte, el cine, el amor y la perdida. Vivida y contada con auténtica pasión italiana. Exaltando a personajes interpretados de forma magnífica. Destacando una conversación con su director de cine, cuando se encuentran en el teatro. Un increíble diálogo de motivación e introspección, que ayudan al protagonista a tomar su propio camino.

Muchos, al igual que yo, pensaréis que tiene que ver con el astro argentino Maradona. Muy lejos de ello, su papel sí es visible en el largometraje, aunque de una manera más poética y espiritual. El director pretende con ello, hacer un emotivo homenaje a la influencia de 10, en sus vivencia.

 

Paolo Sorrentino, se queda.

Con esta película el director vuelve a casa. A su ciudad natal, esa en la que creció y vivió sus primeros recuerdos. Con esta película se atreve a dar una versión más personal y menos conceptual de su cine. Se abre en canal, para mostrarnos un lado más tierno y emocionante. Con ello dejando de lado las etiquetas que se le han puesto. De esta forma da un golpe en la mesa, proclamándose uno de los maestros modernos del cine.

Sorrentino es un nombre a tener en cuenta, que cogiendo el testigo de Fellini, que lo homenajea haciendo de su film su propia Amarcord.  En esta película se ven las influencias del maestro Fellini, que sin ninguna duda, será una justa merecedora de un Oscar. Con un estilo cada vez más propio, a pesar que pasará desaperciba, se convierte en un título a tener e cuenta. Estoy seguro, que pasados los años en las clases de cine, este título se mostrará como un ejemplo destacado.

Os recomiendo ver esta película, que se estrenará el tres de diciembre en Netflix. Pasaréis unas dos horas de emociones fuertes, momentos bizarros y seréis cómplices del nacimiento de un maestro del cine.

 

 

 

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