Reflexiones desde mi espejo

Blog de Opinión

Manuel Gris

Firmando la nada en la Feria del Libro de Madrid

Corría el año 2015, y un pipiolo llamado Manuel Gris entró en una caseta de la Feria del Libro de Madrid con un bolígrafo en la mano y varias copias de su primera novela publicada, Quizá esto tampoco sirva para nada, entre él y la gente que se paseaba aquel año en el Retiro.

Fue un momento bastante divertido, lleno de fotos hechas por un par de amigos con los que había quedado después para tomar algo por ahí, en el que vendió 4 copias: una a la prima de su novia, otra a una amiga de su madre, la tercera a uno de los amigos que le hicieron las fotos (el otro no lee), y la última a un chaval con olor a marihuana que pasaba por ahí y le hizo gracia la camiseta de Manuel. Es todo.

Por supuesto, en su Facebook puso varias de esas fotos en las que se le veía firmando y hablando con varias de las personas que se pararon por allí (y que no compraron), con lo que pudo hacerse buena publicidad creando una fábula alrededor de que su primera experiencia en aquella feria fue increíble, inolvidable y llena de lectores locos por leerle y descubrirle.

Sí, lo sé: mintió/tergiverso la realidad/publicitó aquella experiencia sacándose de la chorra un universo alternativo. Y a mucha honra, porque lo hizo antes que muchos de los esos que en estos días os estáis hartando de ver “firmando” sus libros en la Feria del Libro de Madrid.

Creedme, es así.

Este año no he estado ahí, puesto que la editorial de dos de mis novelas ni ha llevado mis libros (que se siguen vendiendo por redes), pero para saber que la verdad está de mi lado solo hace falta comenzar a usar la masa gris y entender qué se ve, y cómo se ve, la feria de este año en las redes, para estar seguro de que muchos estarán simplemente cubriendo gastos mientras se cuelgan medallas de poder compartir espacio con editoriales de verdad y autores de calidad.

Lo sé porque yo fui en su día uno de esos idiotas convencidos de que los demás son anormales, colgando fotos y videos tratando de engañar a los demás y dármelas de alguien guay solo por tener un hueco de mierda en una caseta enorme de una feria muy conocida.

Cualquier pequeña línea nueva que pueda ponerse en el currículo, para muchos, no tiene porque ir ligada con la utilidad ni la verdad; sólo necesitan que exista para que parezcan más “profesionales” y “verdaderos” “escritores”.

Habréis leído noticias donde anuncian que las entradas habilitadas estaban llenas (aunque después en su cuenta oficial trataban de mover a las ovejas de la entrada norte a la sur, puesto que la segunda estaba VACÍA),  las ventas superan con creces las de otros años (en 2020 no hubo y la del 2019 hubo pocas en general), o que hay muchos autores y libros y editoriales este año; podréis encontrar miles de fotos de autores posando con sus obras como corderos de miradas vidriosas y camisetas y vestidos recién planchados, o editores y compradores leyendo las sinopsis de libros ignorándolas muy profesionalmente; seguramente os habréis topado con fotos de perfil donde se les ve firmando libros y donde no hay una sola gota de tinta en la página que tienen delante (son mis fotos favoritas de hacerme y de hacer, la verdad); y todas y cada una de estas cosas buscan UNA ÚNICA respuesta por vuestra parte: un enorme LIKE que les haga seguir creyéndose parte de un mundo literario que hace años, o lustros, los vomito en una esquina muy alejada de esa en la que creen habitar.

La literatura, ya lo he dicho muchas veces, murió entre agónicas sacudidas hace ya varios años pero, igual que del cadáver de un cerdo, puede seguir sacándose rédito de la carroña a costa de algo tan absurdo como decir que has “publicado” un “libro” o tienes “lectores”. Y ahí siguen, los unos timándoles mientras ganan lo justo para comer, y los otros llevándose una mierda así de grande en regalías pero con fotos chupichachis en sus redes sociales.

La Feria del Retiro se ha convertido en una enrome librería donde encontrar a tu autor favorito y, después, tomarte una cerveza en un banco viendo a los maniquís de los 100 libros vendidos dándoselas de seres superiores.

Y yo os pregunto: ¿qué cerveza nos tomamos juntos?

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