“Lo del sexo, drogas y rock and roll huele ya a cansino”

El icónico rapero madrileño presenta su nuevo disco, Salvaje, y repasa sus más de 20 años de trayectoria.

La imagen de Hugo Ortiz (Alcalá de Henares, 1979), más conocido como Costa, es muy reconocible. Repleto de tatuajes, confiesa que ha perdido la cuenta de los que lleva y que le gustaría “tener espacio para hacer cosas nuevas”.

Hace años traspasó la frontera de lo habitual: “Cuando te tatuas del cuello para arriba la gente te mira raro”. Asegura que no se gasta el dinero en “marcas y coches”, sólo en “vivienda y oro”, porque sí, el oro es otra de sus señas de identidad, y añade entre risas que le ayuda a sentirse “más de la cueva”.

Pero detrás de esta imagen de tipo duro, hay un profesional que se ha graduado en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Nueva York y ha conseguido una disciplina férrea gracias a entrenar de lunes a sábado en el gimnasio durante años. Sin embargo, ha aprendido que “cuando reconoces que te drogas, tienes estigma para toda la vida”.

La carrera de Costa comenzó en un grupo de hardcore llamado Versvs, en el que promovían una mentalidad vegana y ecologista. En el año 2003 estrenó Chocolate, su primer disco de rap en solitario, con un estilo cercano al hip hop que se estilaba en el barrio neoyorquino de Queens.

Parte de los vídeos del LP fueron grabados en la cárcel de Carabanchel, poco antes de su demolición, muy en sintonía con la propuesta estética e ideológica del disco. Al ser considerado por muchos un estilo gangsta que poco o nada tenía que ver con con el día a día que se vivía en España, fue muy criticado, así como por su controvertida puesta en escena en uno de sus videoclips, en el cual aparecían armas, cocaína y chicas desnudas. “Pasé del rollo vegano a vender drogas y luego a hacer rap”, relata el cantante madrileño.

El espaldarazo para su carrera llegó con su tercer trabajo en solitario, Bestia, alcanzando el número uno de iTunes durante varias semanas, y a partir de ahí todo fue más fácil. Aunque del joven Costa que estrenaba su primer disco al actual ha habido muchos cambios: “Antes hablaba como en otro idioma, con un ego más grande que nadie”, explica, contento con su evolución como artista. Dice que si tuviera delante al Costa de 2003, le aconsejaría “que no escribiese tan raro, que aprendiese a decir la verdad y que tuviera fe en sí mismo”.

Con casi 70 millones de reproducciones entre sus tres canciones más escuchadas en Spotify, cuenta con un público fiel que le acompaña en todos sus proyectos. Recientemente acaba de lanzar su quinto disco, Salvaje, un trabajo que se aparta del rap puro tradicional al que nos tenía acostumbrados en los últimos años, con una “progresión latina, uniendo elementos electrónicos y oscuros”. Llevaba más de cuatro años sin publicar disco, prefiriendo sacar singles sueltos porque “no tenían un sentido en común y hay sentir lo romántico de hacer un álbum que se identifique al completo”.

Ahora le espera una larga gira que le mantendrá ocupado hasta la próxima primavera, incluyendo algunas de las salas y los festivales más grandes de toda España. Aunque lleve más de 20 años sobre los escenarios, admite que todavía siente “los nervios en la tripa” antes de cada show: “La gente que se reía de Messi cuando vomitaba no sabe lo que es exponerse al público”.

En su último concierto en Madrid lo dio todo. Como gran parte de su público es madrileño, sabía que debía ser especial. “Tenía que dar algo más, así que hicimos un playlist de dos horas y diez minutos, con un montón de temas que no había cantado en la vida, fue un regalito con más envoltorio. Además, me salieron todas bien y estoy muy orgulloso”, asegura. La intensidad del show le hizo perder tres kilos aquella noche: “ Como sabía que era largo, me lo tome con más tranquilidad, aunque también me bajé al público y al hacer el punky casi me quedé sin aire”.

En el nuevo álbum ha colaborado con algunos de los raperos más importantes del panorama hispano, como Natos, El Jincho o Cecilio G pero, sin duda, las colaboraciones más icónicas de la carrera de Costa son las realizadas con el dúo Natos y Waor, los cuales han llenado este mismo año el Wizink Center y el Palau Sant Jordi, un hito en la historia del rap español. “El Palau impresiona, es como el Wizink pero un poquito más añejo”, confiesa recordando la experiencia de actuar con ellos en los mayores pabellones del país.

Bestia, Inmortal, Maldito y Salvaje son los nombres de algunos de sus discos y también adjetivos con los que le gusta describirse. “Se acabó la lista de la compra”, bromea el rapero al tener que pensar el nombre del siguiente disco. En cuanto a la diferencia entre persona y personaje él lo tiene claro: “Costa tira más que Hugo. Hugo vive dentro del torbellino de Costa y Costa ha abierto muchas puertas que Hugo no hubiese abierto”.

En las letras de sus canciones aborda cuestiones sociales, comprometidas, muchas veces con términos violentos que le han ocasionado muchas críticas, pero también temas universales: “La vida, la muerte y el amor permanecerán siempre, y la verdad, también me gusta hablar sobre la gente que me quiere y sobre hacer bien. Lo del sexo, drogas y rock and roll huele ya a cansino, aunque si a eso le añades unas cuantas cosas más, pues de puta madre”.

En la letra del tema Inmortal dice: Cuando el telón ya se ha bajado y solo ya hay butacas/ Cuando termino mi actuación y espero otra función/ Cuando la ansiedad me corroe, crear mi adicción. Aunque sabe que la experiencia vital le ha ayudado a manejar estas situaciones y hoy en día se despega del escenario “sin ningún problema”. Riendo cuenta que ya ha aprendido a dominar a su ego y que intenta dimensionar las cosas día a día: “Prefiero lamerme la patita todos los días, como un gatito”.

Una de las mayores polémicas en su carrera ocurrió en el año 2016, cuando el ayuntamiento de Torrejón le contrató como uno de los cabezas de cartel para el festival Urban Fest, y el Partido Popular criticó esta decisión aduciendo que sus letras eran machistas. El festival fue cancelado y se devolvió el dinero de las entradas. “Me dolió mucho a mi y también a mi madre, siento que la decisión se basó en estereotipos y en tendencias, y me tocaba a mi en ese momento”, manifiesta Costa negando rotundamente las acusaciones de machista: “Ahora le toca a las mujeres, en España ya están cogiendo el relevo en la música urbana y me gustaría verlo en todo el mundo”.

 

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Justifica que su única responsabilidad es con él mismo, “con decir la verdad” y “devolver el amor” que le han dado. “Pero no en cuanto a un concepto ético o moral, no quiero hacer bandera de ningún sentimiento”, aclara. Aunque su postura es muy clara sobre la limitación del arte: “Hay líneas rojas y luego hay creación, lo que vaya en contra de los demás, como el racismo o la homofobia, hay que darle una patada y mandarlo a tomar por culo”.

En cuanto al futuro no tiene una respuesta clara, su principal objetivo es “llenar el catálogo de canciones hasta el infinito”, pero no sabe en qué se va a transformar su carrera. “Ya no me atrevo a ponerme límites”, explica. Además, ahora al sacar disco, se siente “más rodado” y quiere seguir experimentando estrenando nueva música que siga la línea de su último trabajo porque “es complicado que vuelva para atrás”. También quiere seguir desarrollando su carrera como realizador de videoclips. Hace unos años creó Dime Filmmakers, sello audiovisual con el que ha realizado varios proyectos.