Papel VS Celuloide

Primera parte: ¿Es imposible que una película supere al libro en el que se basa?

Hay debates que nunca terminarán debido a que dependen de los gustos o argumentos, muchas veces personales, de cada uno. ¿Nutella o Nocilla?, ¿San Miguel o Estrella?, ¿Kubrik o Coppola?, ¿Perez-Reverte o Millás? Un lío, vamos.

Por eso la mejor forma de afrontar estos artículos que me dispongo a escribir, en los que desgranaré mis motivos sobre porqué el libro es mejor que la película, o la película que el libro, es dejando claro desde un principio que no poseo la verdad absoluta en este tema, pues me baso única y exclusivamente en lo que he estudiado, disfrutado, comparado y leído sobre cada uno de los ejemplos de los que voy a hablaros. Por lo que, sí: ¡podemos debatir sobre ello!

También aviso que, como os tengo acostumbrados, no va a ser algo académico ni mucho menos enciclopédico, sino que me basaré en la lógica y los argumentos, en mi opinión, muy claros que poseo para defender lo que expondré a continuación.

Así que sin más preámbulos: ¿qué obras literarias superan con creces a las películas que se rodaron a raíz de ellas?

Cualquier título de Stephen King

Sí, lo sé, empiezo por algo más o menos sencillo pero, si te paras un segundo a pensarlo, me la he jugado mucho en este primer paso. Y es que con la extensa obra escrita y las millones de adaptaciones que se han hecho, ¿de verdad sus novelas son siempre mejores que las películas que las adaptan?

Pues para responder a esta pregunta primero tendría que hacerse una muy sencilla: ¿os habéis leído las novelas antes o después de ver las películas? Este interrogante va a servir para todos los ejemplos que escriba en adelante, porque sin tener este punto claro va a ser difícil que comprendáis a qué me refiero, y que en este caso es que las novelas de King son siempre mejores que las películas partiendo, en primer lugar, sobre la base de que el tono que usa un escritor, sus taras, tics y personalidad sobre el papel, es lo que más le da vida a un obra escrita más allá de lo que explique o lo enrevesado que sea el argumento.

Aún hay gente que no se da cuenta de ello.

Las obras del maestro King siempre serán mejores que las películas porque su forma de llevarnos por las escenas y de presentar o mover a sus personajes es literalmente imposible de plasmar en una película. Imposible.

El placer y la magia con la que nos lleva un buen escritor en volandas por su universo jamás podrá ser llevado al cine a pesar de invertir millones y millones de presupuesto en el mejor director/guionista/actor/fotógrafo/maquillador/artista de efectos especiales/editor.

Y como ejemplo solo hay que poner al propio King, que enfadado por la versión de Kubrik rodó su propia película sobre el Resplandor con un resultado más fiel a la novela, pero sin alma. Porque eso mismo tiene una novela que nunca pude ser llevado a la pantalla: alma. Y en esto, pese a quien le pese, actualmente Stephen King es alguien insuperable e imposible de adaptar.

La obra completa de Tolkien

Empecé con dos grandes (y eso que aquí podría haber puesto también la saga DUNE; ahora lo entenderéis), pero son necesarios para establecer con fuerza los cimientos del argumentario en el que me baso; más adelante lo entenderéis.

Además tengo que hacer una confesión que, a su vez, contradice algo que he comentado en el apartado de King: no he leído a Tolkien. ¿Entonces cómo vas a opinar sobre que el libro es mejor que la película si no has visto más que la obra de Jackson?, ¿eres un hipócrita patriarcal y un facha voxero y blablabla?

Bien, ¿puedo explicarme?

Como todo en esta vida, a veces la confianza es mucho más importante que el conocimiento, y teniendo cerca a personas que AMAN con locura tanto la Trilogía  del Anillo como El Hobbit, hasta tal punto que ver las películas con ellos es sinónimo de no verlas, así como todo lo que se ha escrito y filmado en torno a la figura del ilustre lingüista, no hay que ser un lince para darse cuenta de algo: la obra es mejor, principalmente, por lo que es, cómo está escrita y porque tras ella solo hay DOS manos y UN cerebro. Me explico.

Hasta la más repugnante de las novelas (las cuales ahora mismo abundan y llevan sin morirse de enrojecimiento pegatinas de Best-sellers) debería tener cierto reconocimiento sólo porque ha acarreado mucho trabajo para alguien, ya sea investigando, pensando en la trama y los personajes, dándole a las teclas en lugar de hacer otra cosa, y aunque en muchos casos el resultado sea poco menos que estiércol empanado con heces de mono sifilítico, la persona ha sudado.

Ahora pongamos que alguien se inventa (ojo, ¡inventa!) media docena de idiomas que se pueden hablar sin problemas, un mundo mágico con todas sus razas y personajes cuando no existían manuales de escritores o un excel para archivar tantos nombres y personalidades, y encima tras todo esto dedicas prácticamente toda tu obra a describir con un detallismo tan perfeccionista como enfermizo, ¿creéis que alguien con recursos y mucho amor será capaz de igualarlo?

Por supuesto que no. Las películas están bien, muy bien a decir verdad, pero algo nacido desde los recursos casi ilimitados y el amor incondicional de unos fans jamás podrá superar el trabajo de un solo hombre y su imaginación, a alguien capaz de estar tan obsesionado con un mundo imaginario que decide gastar horas y horas de su vida en la más profunda soledad para darle forma y voz a cada uno de los protagonistas de la misma; y encima acabar su obra (¿eh, Martin?).

Así que haters amantes de la película, antes de poneros a defender a una obra cinematográfica haced algo que yo no creo que haga nunca: leed el libro en el que está basado el motivo de vuestros sueños húmedos.

El Perfume, La Naranja Mecánica, Transppoting, El Club de la Lucha, Historias del Kronen; o la literatura inadaptable

Pongamos que eres un escritor con una idea tan extraña que siquiera puede explicarse en una sinopsis al uso: ¿qué haces? Pues, claro, pasarte por el forro todas las reglas de la literatura, todas las normas y estructuras establecidas, y darle forma a tu idea sin márgenes o pautas lógicas.

Hay libros que cuando los lees sabes que jamás vas a leer nada parecido. Su estructura, su historia, su falta de reglas o de censura de ningún tipo, suelen ser cosas que al encontrarlas sorprenden porque la gran mayoría de escritores no tienen ni el valor ni la inteligencia para hacerlo.

Por este motivo, por esta sensación de estar ante algo imposible de volver a leer y sin duda de explicar, suele surgir en los cineastas las obsesiones de adaptar estas obras al cine, porque les regala la oportunidad de hacer algo arriesgado y nuevo, algo que le de a sus películas esa épica que se siente al leer un libro; aunque pocas veces llegan a siquiera acercarse.

Y ojo, no estoy diciendo que sean malas películas las que salen de estos riesgos (las que he nombrado me parecen peliculones), pero estamos aquí para decir la verdad, y aunque a algunos les duela, en estos casos los libros son infinitamente mejores.

Ya sea porque te hacen sentir cosas imposibles de filmar (El perfume), rompa con toda la censura posible y las reglas de la escritura (La naranja mecánica), se cague muy fuerte en la sociedad jugando con la jerga callejera (Transppoting), coja todo lo establecido en cuanto a estructura y personajes y lo queme para crear algo pegando después las cenizas (El club de la lucha), o retrate el modo de ver el universo de la juventud de una forma que solo puede hacerse en pantalla poniendo a chavales haciendo el gilipollas (Historias del Kronen), hay novelas que pueden ser dignamente adaptadas, pero nunca superadas por el séptimo arte.

En esencia esto pasa porque las adaptaciones cinematográficas tienen los pies y las manos más atados que en la literatura, dependiendo no solo de una productora preocupada por el dinero invertido, sino también porque lo que una persona describe o expresa con la escritura muy pocas veces podrá ser llevada fielmente al cine sin que haya un par o tres de resbalones importantes, tales como el hilo conductor, una evolución clara del personaje, el entorno donde pasan las escenas, la voz narradora, la transición entre escenas, o, sin ir más lejos, la apariencia de los protagonistas.

Pueden parecer, sobre todo la última, tonterías sin mucha vida, y a veces lo son, pero cuando lees un libro y después ves la película es difícil que la visión del director de casting, por ejemplo, sea 100% fiel a lo que el 100% de los lectores vieron (pasó con todo el mundo al ver a Tom Hanks haciendo de Langdon en la “saga” de los “libros” de Dan Brown; que ya hablaré de él cuando toque aplaudir una película ante un libro).

En este caso no son malas películas, pero si inferiores a la obra en la que se basan por una serie de factores que resultan obvios si dejamos los sentimientos fuera de la conversación y nos basamos en qué se explica y cómo.

Porque sí, a veces hay que matar a ese gusanito interior que te hace tener los pelos de punta y, fríamente, poner los pies en el suelo y ver las cosas como realmente son; aunque duela o cueste mucho.

Biografías varias

Este terreno es pantanoso, y como también es el último que voy a comentar me voy a tirar con todo al fango diciendo que la gran mayoría de películas autobiográficas, aún siendo bonitas y profundas y blablabla, suelen ser un monumental engaño que no deben mirarse más que como una forma fácil de ganar dinero a base de los fans del protagonista en cuestión.

¿Puedo seguir hablando o alguien quiere matarme? Vale… sigamos.

El problema, como en el caso de las novelas inadaptables, es que la gracia de las autobiografías, o las novela biográficas, radica en la manera en que te cuentan las vivencias, que a veces es mucho más importante que el hecho descrito en sí.

Eso sin contar con que la mayoría de autobiografías narran escenas y momentos de la vida del artista con unos detalles y falta de moral imposible de plasmar en una pantalla de cine sin ir después directo a la cárcel o ser cancelado en las redes sociales (que para alguna gente es casi lo mismo).

He leído muchas, como la de Motley Crüe, algunas sobre Johnny Cash, Ozzy Osbourne o varios reportajes de Queen, y todo lo que se ha intentado hacer en el cine (a pesar de los premios; merecidos algunas veces) no son más que mentiras de fácil digestión para que la audiencia sea mayor de la que se atrevería a leer, por ejemplo, lo que hacían en el backstage figuras icónicas como Freddy Mercury, Dylan, Marylin Manson o Tommy Lee.

Eso sin contar con que TODAS (y esto es así) las películas basadas en las vidas de famosos siguen un guion que, aún habiendo sido realidad, sería sencillísimo de hacer más atractivo visualmente sin seguir la aburrida montaña rusa de ascenso, descenso y resurgimiento que siempre nos da el cine.

Cansa, reconocedlo. Y vista una vista todas.

Eso sin contar con las mentiras, tergiversaciones, mezcla de personajes o eliminación de ellos, o las evoluciones inexistentes en las personalidades de artistas que quizá ya no existen, pero de las que sí hay amigos o familiares que, supongo, por un buen cheque les importa un montón de guano ver como la memoria de un ser querido es utilizada como una marioneta sin alma.

También por eso en este caso los libros son mejores: no están prostituidos. La mayoría de ellos nacen de una necesidad de dejar salir todo lo oscuro que les corroe, y si molesta a alguien pues pasando del tema. La gran mayoría no buscan vender o un perdón, sólo poder mirarse en el espejo y conocerse mucho mejor; o al menos no odiarse tanto.

Así que a groso modo, y siempre desde mi particular punto de vista que no tiene porque ser el tuyo (y espero que no lo sea, porque me gusta aprender de opiniones antagónicas a la mía), podría decirse que la literatura es un arte muy difícil de sacar de su lugar sin acabar trasquilado. Es una forma de expresarse única, irrepetible y llena de unos matices que el cine no puede abarcar (algo que pasa a la inversa también), y como cuenta historias que soy, y un gran aficionado del cine, tengo claro que en un 95% de los casos una película jamás podrá superar al libro del que está basada.

Pero, claro, ese 5% es digno de un artículo propio.

Uno que la semana que viene, aquí, podréis leer.

CONTINUARÁ…

(sí, lo sé: ¡has adaptado algo del cine a las letras! ¿Pero a que me ha quedado mejor que la última que hicieron de una novela de JK Rowling?).

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