‘Las dos caras’, por Teresa Cardona

FICHA TÉCNICA: Título: Las dos caras | Autor: Teresa Cardona | Editorial: Siruela | Nº Páginas: 424 | ISBN: 978-84-18859-86-1 | Precio: 21,95€

De la ley y la justicia

por J. Víctor Esteban.

Según nos dice la RAE, escorial, es el sitio dónde se echan los residuos, las escorias de las fábricas metalúrgicas. El mineral de hierro casi superficial y la abundancia de encinares y robledales necesarios para fundirlo dieron nombre al lugar dónde andando el tiempo, el rey más rico del mundo, Felipe II, decidió construir uno de los grandes monumentos del saber humano, el Monasterio de San Lorenzo. Una humilde escombrera de la sierra del Guadarrama alberga desde entonces una de las cimas del arte mundial.

Y no sólo tenemos un Escorial, sino dos, el de arriba, San Lorenzo, y el de abajo, El Escorial ¿o es al revés? Simplificando, el “Escorial de arriba”, pudiente, burgués, monasterial…y el “Escorial de abajo”, obrero, labriego y de servicios. Los dos lados.

Un espejo de la vida

Teresa Cardona ha construido un relato multifacético sobre quiénes somos y cómo se nos ve. Quién creemos ser y cómo se nos percibe. El difícil arte de la comunicación y el enrevesado proceso de la percepción. De cómo nuestra educación, nuestros complejos y nuestros prejuicios influyen en cada una de nuestras percepciones. ¿Existe la realidad o es tan polifacética que de verdad depende del cristal con que se mira?

Es una buena novela negra porque tiene todos los elementos del género, asesinatos, víctimas colaterales, guardias civiles solitarios, periodistas, abogados, ricos, pobres, pistas falsas, indicios que de tan evidentes nadie quiere creer. Pero es también, sobre todo es, una excelente novela sobre la pura vida.  La soledad, la culpa, la añoranza, el estupor, la impotencia y el dolor infinito de la pérdida incomprensible.

¿Existe el mal? Si. Claro que existe. ¿Y el malvado?, por supuesto. Pero para cada uno de nosotros puede tener un aspecto y un impacto diferente. ¿Puede la justicia acabar con el mal? O acaso los jueces tan sólo llegan hasta dónde la ley les permite…

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