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La fauna tras los insultos de la red

Como saben algunos de mis amigos más allegados, una de las cosas que más me divierten en horario laboral es aprovechar mis pequeños momentos de intimidad intestinal para darle rienda suelta a la bilis de los pobres atontados que se creen que las redes sociales son un lugar en el que todo el que no piense igual que ellos es poco menos que un anormal al que hay que atacar por regla divina.

Muchos de ellos, en el fondo, esperan encontrarse con alguien como yo solo para darle una utilidad a esos huecos que les quedan entre una vida entera llena de fracasos y vacíos que nadie ni nada nunca llenarán, así que se lanzan como hienas salvajes cada vez que alguien le da la vuelta a sus argumentos trillados y llenos de frases panfletarias que sus dueños intelectuales, que tampoco es que sean linces ni personas con una inteligencia superior a la de un zapato abandonado en el mar, les señala como dogmas.

Así que como hoy me he reído mucho leyendo a un grupo de iluminados que me han atacado por decir que no saben de lo que hablan con lo del Pin Parental de los cojones (ya sabéis, una de las última mamarrachada que se han sacado los políticos para tenernos mirando hacia otra parte, y no ver como en los aeropuertos se cometen delitos o el dinero sigue robándose a espuertas por los que en principio nunca roban), he decidido hacer una lista en la que explicaré muy levemente, porque tampoco merecen mucho más de mi tiempo, las diferentes clases de fauna que habitan detrás de esas pequeñas muestras de “genialidad” que nos regalan aquellos que necesitan ser aplaudidos para sentirse amados como sus padres no hicieron con ellos.

_ Los “genios”

Estos son facilísimos de identificar, sobre todo porque suelen usar palabras que en directo no sabrían ni pronunciar sin atragantarse, o porque mueven delante de tus narices argumentos y razonamientos que no tienen nada fuera de los márgenes, y que con responderles con un simple y llano ¿por qué? optan por pasar al insulto fácil y clasista, tachándote de un montón de cosas que seguramente eran lo que les llamaban a ellos en clase.

También, y por descontado, suelen tener un gran sequito de memos detrás (son el número -2- de esta lista) y que, sin miramientos, lanzan como armas en cuanto se dan cuenta de que no tienen mucho más que decir al respecto.

En el fondo, os soy sincero, son los que más me gustan, porque pienso en cómo se masturban solos mientras lloran y piensan en lo penosa de su patética existencia. Son puro amor.

_ Los Esclavos

Se caracterizan por ser las granadas que te lanzan los anteriormente mencionados. Estos pequeños trozos de carne sin utilidad, y que son conscientes plenamente de ello, suelen subir de escalafón a base de lamidas de ano, regalos absurdos, tatuajes vergonzosos, o aceptar ser denigrados por los primeros, consiguiendo así llegar a ser poco menos que esa fina baba que dejan los perros en el suelo cuando se lamen las pelotas.

En las redes son muy divertidos, porque se les ve venir a kilómetros de distancia con sus insultos facilones, sus faltas de ortografía, o ser los chivatos lameculos que en el colegio todos insultaban y lanzaban bolas de papel mojado. Seguramente, me apuesto lo que queráis, les huela el pelo todavía a ese desprecio que siempre les acompañará.

_ Los memes

Estos al menos se lo curran un poco, porque al ser faltos de palabra (hay quien solo sirve para gruñir, que le vamos a hacer), dedican su tiempo a catalogar y pegar un meme tras otro, un chiste medianamente insultante seguido de uno sin gracia, como si aquello fuera una competición de sordomudos con retraso mental.

Lo mejor de todo es que la mayoría de las veces ni tienen que ver sus viñetas con la conversación, pero como bien saben los deficientes mentales: nunca, nada, puede quitarte un buen momento para sonreír con una gracia fácil.

_ Los enciclopédicos

De estos a veces he aprendido mucho, como de qué páginas o artículos copiar la mejor frase facilona digna del peor libro de Paolo Coelho.

Suelen utilizar expresiones cultas que ni saben deletrear y, cuando se levantan con el pie derecho o han desayunado un buen vaso de ColaCao, hasta te meten un párrafo entero del último artículo del Maestre, del Escolar, o cualquiera de esos payasos televisivos que tienen a toda esta piara comiendo de su mano, aborregándolos con polladas de hace cinco años, noticias tergiversadas, o insultos fáciles dirigidos hacía el partido de la oposición de turno.

Estos, me temo que como sus fuentes, suelen tener un complejo de inferioridad que les lleva a tratar de simular en todo momento que pueden llegar a leerse dos libros en un mes, o que comprenden mínimamente una frase con veinte palabras seguidas. Creo que si los comercializasen como peluches ni los perros abandonados querrían jugar con ellos.

_ Los faltones

He dejado para el final a los mejores de todos, y que suelen avalar el dicho de que si no sabes qué decir ni cómo defenderte, ataca. Y si es insultando sin sentido, MEJOR QUE MEJOR.

Estos tiran rápido del Facha, Fascista, Machista, Homófobo, y todas estas tontadas fáciles a la hora de desacreditar a alguien que les está haciendo pensar durante cinco segundos seguidos.

Si no, los más poéticos, optan por los Hijos de Puta, mentar a tu familia al completo, meterte con tu foto de perfil o, mi preferido, buscar en tu historial y atacarte con la primera chorrada que vean (una vez me dijeron que menudo maricón estaba hecho por tener esa foto de portada… cuando en ella estoy dándole la mano a Chuck Palahniuk… en fin).

Estos son peores que los otros en las distancias cortas, porque suelen ser los que más faltas tienen en zonas del cerebro importantes, y son los primeros en tirar de puños o en lanzar objetos en caso de que el líder señale con su dedo dictatorial (todos hemos visto en la tele como actúan los CDR, ¿no?).

Solo son cinco de los miles de tipos que sujetos acomplejados que, en mis ratos de relax intestinal, en momentos en los que no hay nada interesante en la tele, o me apetece leer más tarde, hacen que mi vida sea algo más divertida.

Es cierto que no llegan al nivel de jugar con mi perro o beber agua muy fría, pero hay personas que no sirven más que para ser charcos de aburrimiento y sin sentido en un mundo con demasiadas pocas botas dispuestas a pisarles.

¿Creéis que alguno algún día despertara y empezará a vivir?, en el caso de que tengan una vida, quiero decir…

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