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Attico sul Mare, un magnífico restaurante de sabores tradicionales e innovadores

Con vistas al Adriático, en el Palacio Kursaal, un edificio de estilo Liberty que domina el paseo marítimo de Grottammare, Attico sul Mare es un restaurante cuyo ambiente cautiva desde el primer momento en que cruzas la puerta.

Un espacio luminoso y acogedor, abierto al mar a través de un enorme ventanal. Un piano acompaña las veladas más elegantes, convirtiéndolo en el lugar perfecto tanto en verano como en invierno.

La joya del restaurante es, sin duda, su exclusiva torre, donde solo hay cinco mesas y desde la que se disfruta de una vista que quita el aliento. Por un lado, el mar; por el otro, Grottammare. Una panorámica de 360 grados que acompaña una velada inolvidable, en la que los auténticos protagonistas son los sabores de cada plato.

Desde 2007, los hermanos Simone y Sara Marconi han construido una identidad muy definida, basada en la investigación, la técnica y un profundo respeto por la materia prima, sin perder nunca el vínculo con sus raíces.

Precisamente de la familia y de sus tradiciones nace la filosofía del restaurante. Simone cuenta cómo su abuelo, también restaurador, llevaba a casa aquello que no se servía a los clientes: vísceras, interiores y cortes menos nobles. Eran esos ingredientes los que terminaban formando parte de los platos familiares.

Hoy, ese recuerdo se ha convertido en el sello distintivo del restaurante: cada pescado y cada elaboración se aprovechan en su totalidad, transformando lo que antaño se consideraba un desperdicio en un recurso de sabor único.

El menú degustación comienza con una serie de pequeños bocados que narran la esencia del territorio de Le Marche:

  • La aceituna frita se convierte en un homenaje al brodetto de San Benedetto del Tronto, con vinagre, pimiento y tomate verde envueltos en un rebozado de pescado deshidratado. Un solo bocado que concentra toda la identidad marinera de la costa.
  • El cremoso corazón de bacalao, envuelto en una gelatina de Campari y coronado con el toque crujiente de los cacahuetes.
  • El taco crujiente, con alcachofas a la brasa y tomate seco, acompañado de un pan de corteza crujiente y una mantequilla montada con tomate, hinojo silvestre y orégano, un auténtico concentrado de aromas mediterráneos.
  • Por último, llega una oblea de pimiento verde deshidratado, inspirada en la emblemática frase presente en el paseo marítimo de San Benedetto: «Trabajar, trabajar, trabajar… prefiero el sonido del mar», adaptada para la ocasión como: «Prefiero el ático frente al mar».

A continuación llegan los platos principales.

La primera propuesta, una de las incorporaciones más recientes e innovadoras de la carta, es la serviola reinterpretada a la pizzaiola: el pescado sustituye a la mozzarella, mientras que las anchoas de San Benedetto del Tronto aportan profundidad e intensidad salina. El plato se completa con una finísima lámina de pimiento verde deshidratado que añade una agradable nota vegetal.

Entre los platos más representativos e históricos del menú destacan las sepias a la brasa. Las pequeñas sepias se sirven junto con sus vísceras e interiores, utilizados para potenciar el sabor de la parte más noble. Una preparación que refleja a la perfección la filosofía de la casa. La salsa negra recuerda a la tinta de sepia, aunque en realidad se elabora con limón negro deshidratado.

Otro plato sabroso y refinado es Sottobosco, compuesto por pequeños bomboletti sobre una cama de crema de setas.

 

Uno de los platos más emblemáticos, y sin duda uno de mis favoritos, son los cavatelli a la quinta esencia del mar. Aquí la pasta sigue una técnica poco habitual: no se cuece en agua ni se añade sal. Durante dieciséis minutos se cocina exclusivamente en la salsa de marisco, absorbiendo lentamente toda su intensidad y complejidad aromática. El plato se culmina con un fresco tartar de langostinos.

La pasta da paso a un increíble segundo plato, mencionado también por la Guía Michelin: A tutto rombo, donde el rodaballo se convierte en un auténtico ejercicio de cocina circular. «A tutto rombo» es un plato que aprovecha cada una de las partes del pescado. La aleta lateral, rica en colágeno, se marina y después se tuesta hasta recordar la textura crujiente y el sabor intenso de la grasa de la porchetta. El lomo alterna porciones más magras y más grasas, terminadas con el aceite de cocción y un aceite de oliva virgen extra elaborado con aceitunas Tenera Ascolana, elegido por su delicadeza. En el lado opuesto se presentan las carrilleras de rodaballo deshidratadas y un corazón de escarola pasado por la brasa. Un plato que demuestra que el verdadero valor de un ingrediente reside en su totalidad.

Para terminar, un tiramisú al café del marinero, presente en el menú desde 2009. Una auténtica delicia.

La conexión con el territorio va más allá de la cocina. Simone y Sara también gestionan un pequeño agroturismo del que procede gran parte de las verduras que se sirven en el restaurante. Además, de sus viñedos nacen alrededor de 5.000 botellas al año, destinadas exclusivamente a los comensales de Attico sul Mare. Entre ellas destaca Aspetta, un vino de vendimia tardía con un nombre muy particular: era la frase que su hija de diez años repetía constantemente durante la vendimia —»espera para vendimiar»— y que terminó inspirando un vino que celebra el valor del tiempo y de la espera.

En sala, Damiano y Franco acompañan la experiencia con profesionalidad y discreción, contribuyendo a crear un ambiente acogedor y en perfecta armonía con la cocina.

Attico sul Mare no busca el efecto sorpresa. Busca transmitir la tradición y sus raíces a través de sabores que cuentan no solo la historia de un lugar, sino también la vida de generaciones de una familia de Las Marcas dedicada a la cocina con pasión. Una cocina que mira hacia el futuro partiendo de un gesto ancestral: no desperdiciar nada, porque cada parte del pescado tiene una historia que contar.