Sábado 11 de julio
La verdad es que cuatro días de Festival, trabajando y escribiendo, te dejan bastante destruido, pero no nos íbamos a perder un sábado en el que Els Pets, Rigoberta Bandini y The Hives estaban dispuestos a hacernos pasar un día de lo más fantabuloso. Con algo de descanso en cuanto a las altas temperaturas se refiere y tomándonos el día con la mayor calma posible, todo esto antes de ver a The Hives, por supuesto, llegamos a la hora señalada al Occident para ver a uno de los veteranos más queridos del Festival.
Els Pets llegaron con su animado desparpajo, sus bromas sobre la vieja guardia y sus irresistibles canciones para hacer disfrutar de lo lindo a un público que reunía a varias generaciones de fans de la banda. Padres, hijos e incluso abuelos, se congregaron a primera hora de la tarde para ver a una de las bandas de su vida.
LLuís Gavaldà y los suyos hicieron uno de los recorridos más exhaustivos de su carrera tomando canciones de la mayoría de sus discos, dejando sorprendentemente fuera del setlist el Bondia (Discmedi, 1997), y haciendo especial hincapié en dos de sus discos más celebrados, Fràgil (Discmedi, 2010) y Sol (Discmedi, 1999), con cuatro cortes escogidos de cada uno de ellos. Brut Natural (Discmedi, 1994) y Respira (Discmedi, 2001), también fueron protagonistas incluyendo en el setlist tres temas de cada uno.
El resto de la velada se completó con canciones sueltas del Bàsic (Discmedi, 2007), Com Anar Al Cel i Tornar (Discmedi, 2007), L’Àrea Petita (RGB Supports, 2013) y el homónimo de 1989. Como decía, un repaso espectacular a una carrera que sigue funcionando casi cuarenta años después de aquel mítico debut.
Alegría, celebración, cachondeo y fiesta personificados en una de las bandas más sólidas y queridas de aquello que vino a llamarse rock català y probablemente la única de aquella época, junto a Sopa de Cabra, que ha sabido cuidar y alimentar su leyenda de la mejor manera posible, con mucho amor y unos directos memorables.
A Paula Ribó (a.k.a. Rigoberta Bandini) se le iba a hacer difícil sorprenderme después de haber visto ese espectáculo en el Palau Sant Jordi en el que presentó su último Jesucrista Surperstar (Rigoberta Bandini , 2025), tenía claro que todo ese descomunal montaje teatral y en continuo movimiento no iba a caber en el escenario Occident del Festival, y quizás repetir tampoco fuera la mejor opción, por eso estaba un poco a la expectativa de lo que pudiera ofrecer.
Sin nuevo disco a la vista y con tan sólo un par de singles nuevos editados este año, interpretando esa noche para todos la preciosa cançó de primavera (Rigoberta Bandini, 2026), la sorpresa no iba a venir ni de la mano del repertorio, de nuevo apoyado en sus dos discos de estudio, La Emperatriz (Rigoberta Bandini, 2022) y Jesucrista Surperstar (Rigoberta Bandini , 2025), ni tampoco del revelador espectáculo preparado para la noche del Festival, reciclado en su versión más minimalista con tan sólo cuatro bailarinas y una reducida escenografía movible adaptada al espacio del escenario Occident. La sorpresa real llegó cuando Paula pisó por primera vez el escenario para interpretar JAJAJA, atención al dato, embarazadísima y dándolo todo.
Obviamente si es algo que ya sabías, verla sobre las tablas con esa reducida falda y ese top engañoso que dejaba ver sin mayor problema su pronunciada barriga, la sorpresa no fue tanta, pero para los que no teníamos ni idea del estado de buena esperanza de Paula, verla sobre las tablas interpretando, bailando y coreografiando su espectáculo como una reina absoluta, con lo que conlleva todo eso estando embarazada tanto por el cansancio, como por la duración y las horas del concierto, es algo digno de alabanzas.
Cuando todavía se sigue teniendo el debate sobre la maternidad abierto en canal y de cómo muchas mujeres tienen que abandonar su carrera profesional para hacerse cargo de la crianza de los hijos, siendo la previa (el embarazo) una de las primeras fases en la que las mujeres sienten el rechazo del mundo laboral, Paula Ribó se plantó encima del escenario, ejecutando un show de hora y media, dejando claro su posición ante ese debate. Si puedes y quieres, hazlo. Yo he podido y aquí está la muestra de ello. Un gesto tan empoderado como necesario. Empoderado para las mujeres y necesario para los empresarios. Hay que tener en cuenta que todavía se discrimina a las mujeres en algunos trabajos si no han sido madres y lo quieren ser en un futuro.
Esa versión de Mayonesa de la banda uruguaya Chocolate, es una delicia en sus manos.
Finalizado lo de la Bandini, nos dirigimos de cabeza al escenario grande del Festival, el Estrella Damm, para ver a los incendiarios The Hives. Hacía más de quince años que no veía a la banda sueca de garage rock en directo, y solo puedo decir una cosa, siguen tan frescos, enérgicos y excesivos como siempre.
Howlin’ Pelle Almqvist, como bien dice su nombre de batalla, sigue con sus alaridos desquiciados, sus saltos con apertura de piernas en el aire, sus patadas voladoras y sus virguerías lanzando el micro al aire, como si todavía fuera un joven de veinte años. La banda, continúa teniendo una solidez en directo aplastante, incluso diría que ahora tocan mejor, y sus ganas y su capacidad para poner a bailar como locos al personal, sigue intacta.
Con un setlist a prueba bombas compuesto por una batería hits tan impactantes como balas de cañón, en el tercer tema, ya estaba Pelle en el foso cantando a pleno pulmón con los fans más entregados. Sus conciertos son una sudorosa y esquizofrénica fiesta de rock a la que, ni tan siquiera los más jóvenes, pueden resistirse, había varios padres con sus hijos y la prole los estaba disfrutando de lo lindo.
Saliendo a escena con trajes luminosos, un efecto de lo más sencillo pero también de lo más lucido, quizás lo mejor del concierto fue la comunicación. Pelle habla un español bastante correcto y fluido, se le entendía todo, y estuvo continuamente animando al público, exigiendo colaboración, tocando las palmas para acompañar los inicios de canciones y profesando las alabanzas de Catalunya (y nuestra gastronomía) y a los catalanes (siempre dispuestos para disfrutar de una buena fiesta).

