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Relais San Vigilio: alta cocina en un entorno mágico

Entre historia, hospitalidad y una cocina que habla el lenguaje auténtico del territorio, Relais San Vigilio es un destino imprescindible.

El Relais San Vigilio, situado en el punto más alto y evocador de Bérgamo Alta, es capaz de transformar una cena en un auténtico viaje emocional.

Enclavado en la colina de San Vigilio, a pocos pasos del antiguo Castillo, este boutique hotel de encanto atemporal nace del sueño de la familia Zani —Luigi, Gianpietro y Paolo—, que en 2006 decidió devolver la vida a un edificio histórico que antiguamente albergaba las dependencias militares del castillo. Trece años de una meticulosa restauración, respetuosa con el extraordinario legado arquitectónico del lugar, dieron como resultado, en 2018, uno de los proyectos hoteleros más fascinantes de Lombardía.

Se trata de una dirección exclusiva, con tan solo nueve habitaciones y suites, rodeada de vegetación y suspendida entre el cielo y la ciudad, donde cada detalle refleja una idea muy concreta de hospitalidad: auténtica, elegante y profundamente ligada al territorio.

Una mesa con vistas a la belleza

Dentro del Relais se encuentra La Cucina, restaurante distinguido con la Forchetta del Gambero Rosso y considerado uno de los destinos gastronómicos más interesantes de Lombardía.

La atmósfera recuerda a la de un refinado bistrot contemporáneo: pocas mesas cuidadosamente distribuidas, luces tenues, obras de arte contemporáneo y una cocina abierta que convierte el acto culinario en un espectáculo discreto y cautivador.

Durante los meses más cálidos, sin embargo, la verdadera magia se traslada al exterior. Bajo una pérgola adornada con rosas trepadoras y a la sombra de los tilos, los comensales disfrutan de la cena frente a uno de los panoramas más espectaculares de Bérgamo. Una terraza suspendida en el tiempo, donde la puesta de sol sobre la ciudad baja se convierte en parte esencial de la experiencia.

Davide Suardi, el chef que escucha a la tierra

Nacido en 1994, autodidacta, bergamasco y profundamente enamorado de su tierra, Davide Suardi dirige la cocina del Relais desde 2020 con una visión tan contemporánea como arraigada en la tradición.

Su manifiesto gastronómico se resume en una frase sencilla pero poderosa:

«No somos nosotros quienes elegimos las materias primas. Son ellas las que nos llaman».

Una filosofía que se traduce en relaciones directas con agricultores, ganaderos y artesanos del territorio. Suardi conoce personalmente a sus proveedores, visita campos y explotaciones agrícolas, recolecta hierbas silvestres y diseña sus menús siguiendo el ritmo natural de las estaciones.

El resultado es una cocina sincera y esencial, capaz de emocionar sin recurrir a artificios técnicos innecesarios. Una cocina «de necesidad», como le gusta definirla al chef, donde el sabor sigue siendo el auténtico protagonista.

El universo vegetal ocupa un lugar central, no como tendencia pasajera, sino como una extraordinaria oportunidad creativa. Junto a las verduras procedentes de huertos ecológicos de la zona, encontramos carnes seleccionadas, pescados de lago e ingredientes de excelencia procedentes de una cadena de suministro basada en relaciones humanas auténticas.

¿El plato imprescindible? El Plin de conejo

Si existe un plato capaz de sintetizar el alma del restaurante, ese es, sin duda, el Plin relleno de conejo de ojos negros a la bergamasca, Agrì di Valtorta y salsa Macvin del Relais.

Se trata de un homenaje a las comidas familiares de los domingos y a la tradición oróbica del conejo asado con polenta, reinterpretado en clave contemporánea a través de una filosofía rigurosamente no waste.

La pasta al huevo, elaborada únicamente con yemas y harinas locales, envuelve un relleno intenso elaborado a partir de todas las partes del animal, trabajadas con paciencia y respeto. El plato se completa con la cremosidad del Agrì di Valtorta, reconocido como Presidio Slow Food, y la profundidad aromática del Macvin elaborado por la propia familia Zani.

Un plato que consigue lo más difícil: evocar recuerdos, sorprender y, al mismo tiempo, hacer que uno se sienta inmediatamente como en casa.

Vinos, quesos y el relato de un territorio

El servicio de sala y la propuesta enológica están dirigidos por Gianluca Zani, cuarta generación de la familia. Sumiller AIS y gran conocedor del territorio bergamasco, ha creado una carta que reúne más de 350 referencias y supera las 2.500 botellas.

El hilo conductor es la artesanía: productores que trabajan en armonía con su terroir, con especial atención a los vinos de la provincia de Bérgamo, acompañados por una cuidada selección internacional centrada especialmente en Francia, Alemania y España.

Imprescindible es también el carro de quesos, disponible durante las estaciones más frías, que celebra la excelencia quesera de las montañas Orobie a través de las nueve DOP bergamascas y numerosos productos reconocidos por Slow Food.

Porque en Relais San Vigilio todo habla del territorio. Desde los viñedos octogenarios que dan vida al Macvin de la casa hasta las colaboraciones con productores locales, cada elemento contribuye a construir un relato coherente y auténtico.

Y quizá esa sea precisamente la verdadera fuerza del Relais San Vigilio: recordarnos que el lujo contemporáneo no se basa en la ostentación, sino en el tiempo, las relaciones, la memoria y el cuidado.

Sentarse a la mesa aquí significa concederse el privilegio, cada vez más raro, de dejarse sorprender.

  • CAPÚ
    • Es la interpretación del chef Davide Suardi del clásico rollito de col bergamasco. El relleno, elaborado con sémola antigua, queso Branzi y kimchi fermentado, se envuelve en acelgas y masa filo antes de ser frito. Finalmente, se termina con una mayonesa de kimchi fermentado.
  • SALCHICHA DE LAGO
    • Este plato busca evocar los recuerdos del chef cuando, siendo muy joven, solía detenerse en el puesto del estadio o de la discoteca para disfrutar del clásico bocadillo de salamella bergamasca. Sin embargo, aquí se reinventa utilizando pescados de nuestros lagos. La salchicha se elabora en las cocinas del restaurante con una mezcla de pescados grasos y magros, condimentados con la misma combinación de especias utilizada tradicionalmente para la salamella bergamasca. Se completa con col blanca estofada con vinagre de manzana, cebolla caramelizada y levadura de cerveza deshidratada, cuyo aroma evoca inevitablemente el del pan recién hecho.
  • WAGYU BG
    • Un milhojas de patata con crema de puerro, tartar de wagyu bergamasco y polvo de puerro quemado.

Primer plato

  • PLIN DE CONEJO

Plato principal

  • ANGUILA
    • Anguila de Montisola cocinada a la brasa y lacada con el Balsamo degli Angeli (12 años de envejecimiento), procedente de la Acetaia de la Tenuta degli Angeli de Carobbio degli Angeli. Se sirve con un fondo umami de cebolla, una ensalada de cebollas trabajadas en diferentes cocciones y texturas (cebolla roja agridulce, cebolla dorada cocida en sal y posteriormente conservada en aceite, cebolla dorada frita y cebollino fresco), además de pequeñas hojas cultivadas en San Paolo d’Argon (Bérgamo).

Postres

  • PRIMAVERA
    • Espuma de kéfir de la Latteria Branzi, helado de heno y miel, sorbete de hierba de manzanilla recolectada por el chef, aceite de hierbas silvestres, panal inflado y pétalos de flor de magnolia confitados.
  • HELADO DE POLENTA 2.0
    • El clásico helado de polenta del chef Suardi se transforma en una galleta helada para comer con las manos: un helado de polenta y queso fiurit con Balsamo degli Angeli de 30 años, encerrado entre dos finas obleas de maíz.
    • Esperamos que esta información sea lo suficientemente completa, aunque no dude en escribirnos o llamarnos para cualquier consulta adicional.