Las tablas de la Baras

La normalidad va llegando a cuentagotas y, todavía sin serlo, los conciertos y, en este caso concreto, los festivales al aire libre, han comenzado a poner la maquinaria en marcha. Situado en uno de los marcos más privilegiados de la parte alta de la ciudad Condal, el Festival Jardins De Pedralbes daba el pistoletazo de salida a su nueva edición con nuestra gaditana más internacional, la bailaora Sara Baras, que venía a presentar en exclusiva su nuevo espectáculo Momentos

Con una velada presentada por el propio director del Festival en colaboración con la asociación oncológica infantil del Hospital Sant Joan de Déu, además de poder disfrutar del espectáculo, la gala en cuestión se convirtió en benéfica gracias a la implicación de la propia Sara Baras y el Festival por una de las causas más bonitas y honrosas del mundo, el cuidado y la atención de los niños con problemas de cáncer.

Un privilegio enorme poder disfrutar de su arte en un marco como es el del Festival Jardins De Pedralbes en el que, gracias a su alto poder adquisitivo, hemos podido vivir un espectáculo de esa magnitud, con una artista de su importancia y una disciplina tan exclusiva como es el baile flamenco para un festival de música.

Un maravilloso espectáculo

Momentos es claramente un espectáculo coral y plural en el sentido más artístico de la palabra. Separado en varios actos en los que el único hilo conductor entre ellos es el arte flamenco, la compañía de la Baras se componía de una banda (en escena en todo momento) completada por dos cantaores, dos guitarristas, dos percusionistas y un músico con un instrumento de viento (armónica, clarinete, saxo), quien conseguía una sutil fusión musical de lo más atractiva, un cuadro de bailaoras que se valían por sí solas para deleitar al público, y ese bailaor que acompañó a la Baras en varios momentos para dejarnos boquiabiertos y estupefactos con una técnica y un duende exagerados, dejando claro que Momentos no se basa en personajes o figuras concretas, sino en la más pura expresión creativa y musical encarnada de manera colectiva en cualquiera de los artistas que componen el espectáculo, cada uno de ellos con un peso específico importante dentro del cuadro.

Tanto el vestuario, en el que despuntaban esos vestidos de volantes preciosistas e incluso algún que otro apunte curioso como una de la bailaoras con pantalones y una ocasión en la que el cuadro completo de bailaoras salió con camisa, corbata y chaleco, como el juego lumínico, con reflejos cristalinos en los vestidos para acrecentar la sensación de fantasía y maravilla, funcionaron como un plus enorme dentro del espectáculo.

El contraste era un escenario minimalista, sin decorados, sin parafernalias, una estructura de dos niveles sencilla, primer nivel para los bailaores y segundo para la banda, en la que todo funcionaba a las mil maravillas gracias a sus amplios espacios con un pasillo central por el que iban apareciendo los artistas.

Detalles de calidad

Siendo el número del saxo, un diálogo precioso entre el arte de la Baras y un saxofonista en el que se fusionan el jazz, el flamenco y el duende de manera providencial siendo ella la que expresaba las emociones del saxofonista con el baile, hubo otro momento estelar cuando el cuadro de artistas al completo realizó el número con el bastón, accesorio con el que jugaban de manera monumental en un segmento maravilloso y preciosista.

Sillas, mantillas, abanicos  o bastones, la compañía utilizaba cualquier accesorio reconocible dentro del imaginario flamenco para identificar su arte de manera inequívoca y concisa.

Al acabar el espectáculo, la Baras dio las gracias a los asistentes, al propio director del Festival, que salió a escena para ofrecerle un ramo de flores, y sobre todo a la asociación del Hospital Sant Joan de Déu por su labor impagable en favor del avance contra el cáncer infantil. Una noche absolutamente perfecta.

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