Una película dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Jacob Elordi y un perro, ambientada en un mundo post apocalíptico. Todos los ingredientes para triunfar, pero las expectativas esta vez me llevaron a la decepción.
¿De qué va?
En un mundo postapocalíptico devastado por una pandemia que ha acabado con gran parte de la humanidad, Hig (Jacob Elordi), un piloto que vive aislado junto a Bangley (Josh Brolin), un superviviente con formación militar, intenta mantener una vida lo más normal posible. Todo cambia cuando una misteriosa transmisión de radio durante un vuelo despierta en él la esperanza de que todavía pueda existir algo más allá de su pequeño refugio.
Como decía, tenía muchas expectativas con esta película. Ridley Scott, un mundo postapocalíptico, Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley… sobre el papel tenía todos los ingredientes para convertirse en una de mis favoritas del año. Pero finalmente, me ha decepcionado bastante.
El principal problema es que siento que no pude empatizar con los personajes. Siento que no se le da mucho contexto ni a ellos ni a la situación. Es como si la historia no tuviera ni principio ni fin. La película nos mete directamente en este mundo sin explicar cómo pasó ni cuánto llevan viviendo así los supervivientes. Y cuando empiezas a conocerlos un poco más, la película ya está terminando.
Muchas de las escenas funcionan bastante bien por separado, pero como conjunto no terminan de encajar. Hay momentos en los que cuesta seguir el hilo o entender hacia dónde quiere llevarnos la historia. Parece que tiene varias ideas interesantes entre manos, pero nunca termina de desarrollarlas del todo.
Se introduce una banda de supervivientes que destruye todo lo que encuentra sin tampoco explicar porque. Otra de supervivientes que se mueven a caballo de las que también los protagonistas escapan guiados por un miedo que tampoco se acaba de entender.
Es una pena, porque visualmente sí tiene momentos preciosos. Hay planos que me han encantado, sobre todo durante los vuelos de Hig, y se nota la mano de Ridley Scott detrás de la cámara. También me ha gustado mucho la elección de la música, especialmente porque ayuda a crear esa sensación de soledad y melancolía que rodea al protagonista.
El problema es que, más allá de eso, la sensación de estar viendo algo que ya hemos visto antes es constante. El mundo postapocalíptico, los supervivientes, los peligros, la búsqueda de esperanza… todo resulta familiar y la película no consigue aportar demasiado nuevo al género.
El reparto
El reparto está encabezado por Jacob Elordi llevando gran parte del peso emocional, sin convencer demasiado en el papel. Josh Brolin aporta una presencia mucho más dura y contundente. Margaret Qualley aporta una buena actuación, aunque su personaje me ha parecido desaprovechado. Ademas en una de las pocas escenas en la que se le ve en un momento tenso, se le pasa un arma que no logra coger a la primera mostrándola de alguna forma torpe.
En definitiva, se queda a medio camino. Tenía todo para ser una de mis favoritas del año, pero entre una historia poco cohesionada, personajes con los que cuesta conectar y una sensación constante de que falta algo, me voy bastante decepcionado.
Eso sí: algunos planos preciosos, una buena banda sonora y ese toque de Ridley Scott hacen que tampoco me arrepienta de haberla visto.
Mucho potencial, pero para mí, se queda en el “podría haber sido”.
¿De qué va?