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Guía para comer en un restaurante caro LIKE A BOSS

La vida está llena de encrucijadas que debemos superar si queremos llegar a la muerte con el orgullo de haber tenido una vida plena.

Ya sea casarse, tener un hijo, dejar un trabajo o fundar un partido político con el que robar a todo el mundo, el ser humano está rodeado de muchos frentes contra los que deberá luchar y, esperemos que pocas veces, perder.

¡Y para eso estoy aquí, amigos!

En esta brevísima guía voy a explicaros como podréis lidiar con un episodio que cualquiera puede encontrarse: ser un luchador de la clase obrera y poder comer en un restaurante caro sin que se te caiga la cara de vergüenza.

Sé que la premisa parece imposible, pues cualquiera que por la mañana levante el puño por el bien de los necesitados y más tarde se esté tomando un vino de 400€ el vaso es, como mínimo, un hipócrita (y dejaré que uséis vosotros más adjetivos), pero todo es posible en la senda del señor, así que os prometo que con una serie de pasos muy bien orquestados, y que desde luego solo están a mano de las mentes más manipuladoras, CUALQUIERA puede lidiar contradicciones sin que le llamen, por ejemplo, casta.

También sé que con solo ahorrar un poco ya estaría solucionado el problema, pero ya os aseguro que cada bocado que deis os sabrá mucho más dulce si lo lográis siguiendo este método, porque lo daréis sustentado por un pesebre de seguidores que te alegrarán la digestión con un rítmico aplauso.

Lo vamos a dividir en una serie de pasos muy sencillos, así que si habéis venido aquí como rebote de la rama política a la que pertenece este ejemplo (y por lo tanto, doy por sentado que vuestra capacidad intelectual es bajísima) no creo que os perdáis.

Creerse inteligente

Sé que a primera vista esto no parece que vaya a llevarte a un restaurante de lujo, pero es la más importante, porque todo se basa en la seguridad. Si de verdad crees que eres una persona superior a la media o si tras cada paso que das crees que crecen flores, nada podrá detenerte a la hora de conseguir un colchón de lerdos que te llevarán en volandas hasta tu meta.

Créete el más listo, y los más tontos creerán que lo eres.

_ Convence a los demás de que tienes razón

Podría parecer que esto aparecería en tu vida con solo lograr domar el primer punto, pero no.

El creerte un Dios no hace a los demás gilipollas, pero si puedes convencerles de que ellos no saben lo que dicen, mientras que tú sí, todo será mucho más sencillo.

Da igual el tema o debate en el que estés, si consigues convencer a los demás de que tú tienes razón, obligándoles inconscientemente a dejar de pensar por sí mismos, nadie poseedor de la verdad va a poder pararte tan fácilmente.

Cuanto más grueso sea tu parachoques, menos daño te harán los golpes recibidos.

_ Leerte un par de libros, o decir que te los has leído

Sé que leer es un aburrimiento, los libros muy caros y las bibliotecas no tienen ni música ni grifo de cerveza, pero eso no es un problema: existe Wikipedia y las descargas gratuitas de Epub.

Estos básicos conocimientos harán creer tanto a tus enemigos como a tus lacayos que eres especial y sabes de lo que hablas, colocándote en una mesa tras otra, previo pago por supuesto, en las que te darán minutos para crearte una base de seguidores y detractores dispuestos a hablar de ti en todo momento.

El conocimiento no es poder; el verdadero poder reside en lo que los demás creen que tú sabes.

_ Acércate / rodéate de tus iguales

Esto es un poco complicado, porque de tu elección dependerá tu subsistencia y protección.

Así que toma nota: jamás debes escoger a alguien con menos escrúpulos que tú, o con más huevos, o con mayores ganas de comer en más restaurantes caros que tú, porque acabar eclipsado no es una opción.

No puedes dejar que una sanguijuela con más olor a rata que tú te coma el sillón, y por eso escoger sabiamente quién colocar delante o detrás de ti, y así tener protección por todos los flancos, es vital para tu subsistencia.

Los peones que se creen alfiles siempre son mejores que los peones con futuro de reinas o los caballos descontrolados.

_ Deja que los demás carguen con los grandes problemas

Es inevitable que en tu camino hacia ese ansiado restaurante te acabes topando con alguna piedra o agujero molesto, pero para eso te has buscado protección en el punto anterior.

Los problemas que puedan llevarte fuera del camino deben, siempre, iluminar a los demás y nunca a ti. Tu piel es demasiado fina. O si, por un casual, se vuelve totalmente inevitable que te señalen por lo que sea, siempre puedes jugar la baza del victimismo, gracias al cual jamás quedarás como un enemigo, sino como alguien ingenuo y confiado al que han jugado una mala pasada.

Sé tú el dueño de los dedos acusadores, y que ellos se encarguen en romper a los que se atrevan a señalarte a ti.

_ Ideología y más ideología

Llegado a este punto ya se podría decir que cualquier cosa que digas será protegida, defendida y considerada intocable gracias a los amigos y lacayos que te has buscado, pero si no les barnizas bien con un poco de ideología, es decir, con una meta o un grupo de razones para levantarse por las mañana, no podrás tener tu ansiado bocado.

La más sencilla de escupir y tragar sería una que lograra dividir a las personas en buenos y malos, pobre y ricos, hombres y mujeres, homo y hetero, blancos y negros, o izquierda y derecha, porque de este modo conseguirás construir suficientes huecos entre unos y otros, y todos los cadáveres y manchas de sangre que expulsen, para pasar sin problemas y continuar tu meteórico camino hacia esa carta con tres ceros tras cada entrante.

Hazles creer en algo y no creerán a nadie más.

_ Levanta los brazos

Una de las mejores cosas que nos ha dado el deporte es ese característico gesto que hacen los defensas que, tras darle una patada en la espinilla al atacante, levantan los brazos para demostrar que es inocente; y entonces todos se ponen a silbar.

Tu meta siempre ha sido llegar a ese restaurante, no hacerlo con buenas palabras en los oídos o acompañado de muchos amigos, por lo que no esperes degustar el sabor del mejor solomillo oyendo música clásica o con olor a jazmín en el ambiente, porque lo único que te aseguro que encontrarás serán súplicas, insultos, escasos halagos y palmaditas en la espalda por parte de los que quieren un hueco en tu mesa. Un hueco que, desde luego, ya estaba reservado desde el principio.

La soledad del vencedor sabe mejor que la compañía de los luchadores.

_ Come

Ya lo has logrado, ya puedes sentarte en tu mesa y apartarte para que te llenen la copa de vino. Después pídete el plato más caro, que pagarán los que todavía están fuera pegándose con los que se han atrevido a decir verdades sobre ti, y disfruta.

Sonríe y habla, seguramente solo, y llénate la boca ignorando todo lo que hay fuera de la burbuja que te ayuda a no darte cuenta de lo ruin y miserable que eres y que te ayuda a no hacer lo único para lo que eres útil: suicidarte.

Pisar la meta sin sangre en las suelas de los zapatos es como hacer el amor con la misma pareja todas las noches: divertido, pero para nada merecedor de medallas.

Espero que os haya animado a tratar de encontrar vuestro restaurante, sobre todo porque, por cómo van las cosas, es muy digno gastar todos nuestros recursos en metas tan insignificantes para el bien global.

¿A quién le importa la realidad, nuestro entorno, o el dolor de los demás, si podemos sacar la tarjeta de crédito y decir pagan ellos, y después sonreír?

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