Reflexiones desde mi espejo

Blog de Opinión

Manuel Gris

‘El internado: Las Cumbres’, el suicidio de la cultura española

Pongámonos en contexto.

Hace trece años se estreno en España una serie llamada El Internado, que, de forma algo torticera, seguía las pautas de las series que lo estaban petando en aquella época, como Lost o Heroes, donde lo principal era colocar en el centro de la historia un enigma imposible de adivinar a primera vista y que añadiéndole drama, amor, acción y un poco de crítica social, agarrabas de los huevos al espectador hasta el final de la serie.

No importaba lo extraño fuera todo, cómo se retorcían las tramas o hasta que punto la lógica optaba por pegarse un tiro en el píe: el tema era tener al público intrigado y haciéndose mil preguntas por episodio.

Yo, por esa época un veinteañero flipado con mil cosas en la cabeza, encontró en la serie algo que me atraía mucho: riesgo. Por parte de los guionistas, directores, actores y productores porque, hasta ese momento, no había visto ninguna serie española que no fuera una comedia o teleserie de adolescentes salidos o mierdas familiares con acento venezolo.

Me la tragué enterita, incluso cuando llegó el momento de dar soluciones y entonces todo el equipo de la serie empezó a meterse setas y LSD, sacándose del culo una trama de nazis y brujerías que haría sonrojar a lo peor de la serie B americana. Es decir, todo se fue a la puta porque no planificaron el final como se debía.

Pero me lo pasé bien con ella; podría haber sido peor y gustarme Física o Química.

Así que cuando anunciaron que Amazon Prime (ojito) iba a sacar una seria hermana del Internado, en el mismo universo pero con otro centro como escenario, una parte de mi se puso duro como el canto de una mesa, y quiso entrar de cabeza en esa alegría que da la nostalgia del que no se daba cuenta que estaba ante un montón de basura repugnante.

Y, para mi sorpresa, no me ha sorprendido el primer, y único episodio que pienso ver, del Internado, Las Cumbres: es la mayor mierda que ha parido últimamente (y he visto Bajo Cero y un día algo de El Misterio de Puente Viejo) en la televisión en español.

Lo siento, pero sí: esto va a ser un artículo de reírnos, una vez más, de la cultura cinematográfica española…

No es solo que los actores tengan la misma expresión que un muñeco de los que sirven para estudiar los accidentes de coche, es que además algunos ni se molestan en disimular que están recitando las lineas como un loro con Alzheimer.

Hay momentos en que estuve dudando si no habían pagado la serie a base de subvenciones por contratar deficientes mentales o gente que se cayó de la cuna de pequeños y tienen que ayudarles a limpiarse el culo.

Porque no se salva nadie: ni la mala, ni la enigmática, ni la buena, ni la santa, ni la rebelde, ni la de relleno, ni siquiera un rubio con pelo a lo afro que ponen siempre en primera fila para que, supongo, nos quedemos hipnotizados por ese look y así no hagamos caso a los que hablan, no vaya a ser que nos demos cuenta de que leen lo que tienen apuntado en la palma de sus manos.

Porque yo entiendo que en una serie de instituto metas a gente de veinti-muchos años (aunque habiendo niños actores no tiene sentido, pero le doy un pase porque así pueden sacar beneficios de lo que saquen los chavales cuando salgan con poca ropa en revistas de moda), pero que mezcles gente que claramente tiene 17 o menos con otros de 30 (hablo de físicos, porque mentales está claro que ninguno llega a los 10), y profesores que se les nota de la misma quinta que sus propios alumnos… pues qué queréis que os diga.

Lenta, muuuuuuuuy lenta

Después algo que me ha sorprendido, para mal por supuesto, es que en cuarenta minutazos del primer episodio no pasa NADA medianamente interesante o que te haga pensar que ese lugar tiene algún secreto que le de base a la historia.

Porque ponerte en pantalla a un atajo de delincuentes juveniles encerrados en un internado en lo alto de una montaña rodeada de niebla y cuervos que comen animales muertos, a parte de no fliparse tratando de superar el récord de clichés por segundo, le pido un mínimo de chicha, algo que me diga que no estoy delante de un sinsentido de proporciones bíblicas.

Y ojo, no pido milagros, sólo que, por ejemplo, de golpe algo flotara, o alguien apareciera muerto, o alguna especie de sombra persiguiera a la chica de “15” años con pechos de adolescente de 25 (ser hombre y aburrirse viendo una serie donde van las protagonistas sin sujetador y corriendo por ahí es lo que tiene), pero es que ni eso hacen bien.

Ni copiar lo más básico de la intriga más desnortada saben hacer. Solo un grupo de chicos problemáticos que están ahí porque el mundo no los quiere (cosa que le dice la directora a un alumno LITERALMENTE, por si el espectador es un imbécil redomado al nivel de los guionistas), y que entre caladas de tabaco de contrabando, castigos en celdas medievales por fingir una pelea, robos de cajas fuertes aprovechando que la directora es también retrasada mental, y curas malotes con problemas de conciencia que nadie se cree, les ves ir de un lado al otro con el mismo interés que tendrías si salieras al balcón y fijaras tu atención en el primer transeúnte que se te cruzara.

La cultura española está muerta y muy enterrada en cuanto al séptimo arte.

Sólo se salvan algunos cineastas, que hay que buscar con lupa y viven apartados del ojo mediático por su cortas tragaderas o porque no dejan que les puteen las productoras que sólo buscan aparentar en lugar de crear.

Y así nos va. Con ideas que no salen de refritos mal cocinados de “éxitos” de mierda del pasado no se puede tener buenas películas o series. Es imposible que los espectadores con un mínimo nivel intelectual disfruten del placer de entrar de lleno en la pantalla, y eso es lo que está matando el cine español.

No que no vaya gente al cine o que nadie los tome en serio, eso es sólo el la respuesta a una industria llena de vagos vividores y de miedos sobreviven de puta madre a base de darles papeles a niñatos sin talento en producciones desaprovechadas, y que encima se ofenden cuando les escupes en la cara la verdad. 

He estado 43 minutos delante de algo que a los 3 segundos ya se notaba que era basura infecta, pero es que soy un masoca que disfruta pasándolo mal ante excrementos culturales que después se ponen por delante mediáticamente de verdaderas joyas olvidadas porque no hay ganas de trabajar en serio.

Nuestra sociedad está perdida y no quiere ni verlo ni arreglarlo. Solo hay que ver cómo arden las calles para entender que hay más cerebros apagados y esclavos que verdaderas mentes creadoras que saben que 2+2 son 4, y no 7.

¿Cómo se resucita a un cadáver que a nadie le apetece certificar como tal porque supone demasiado esfuerzo dar el paso? O hagámonos una pregunta mejor: ¿qué se puede esperar de una juventud, de una sociedad, de una ciudadanía, que grita ¡libertad! a favor de alguien que quiere que vuelva ETA y aplaude al asesinato de políticos y periodistas?

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