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Reflexiones desde mi espejo

Blog de Opinión

Manuel Gris

Comprar libros

¡Feliz día de la compra de libros!

Ya sabéis, ese cuadradito en el calendario que mucha gente utiliza para pensar muchísimo menos a la hora de hacer un regalo obligado a un ser querido al azar.

El día que las librerías y los autores esperan durante todo el año para poder vender a mansalva sin preocuparse de nada más que del dinero.

Ese día en el que, obviamente, cualquier idiota sin talento pero mucha publicidad puede ser superventas, o firmar un ejemplar sobre la mesa de una librería que durante todo el año no pone su obra en el escaparate.

¡Bienvenidos al día de la compra de libros!

Sí, amigos, ha llegado el día.

Hoy todo el mundo hablará de qué libro ha comprado, de cuál ha regalado, y recitará de memoria las hazañas de su autor favorito para, después, abandonar ese calzador de mesas en cualquier rincón para que el polvo lo viole como hizo con el resto de “regalos” que, coincidiendo en número con su edad, lloran en esa misma esquina.

Porque no nos engañemos: este día no es para leer, es para comprar.

Nadie lee, metéroslo en la cabeza, pues es más fácil darle play a un video de Youtube o creer a pies juntillas los desvaríos de cualquier famoso drogadicto venido a menos, que informarse por uno mismo o atreverse a entrar en la novela de alguien que no haya presentado algún bodrio en televisión o fuese premiado con cualquiera de los numerosos galardones dirigidos por empresarios o que dependen de la cantidad de dinero que se invierta en las redes sociales para que las reseñas del libro en cuestión lleguen a más ovejitas con ganas de hacerse una foto en TikTok con la portada de moda.

¡La prostitución de la cultura es un hecho!

¡Feliz Día de la compra de libros!

Hoy nadie descubrirá un nuevo talento, porque no existen.

Porque a día de hoy la novedad o la simple valentía a la hora de ponerse delante de un teclado ha sido sustituida por copias de otras copias, o por imitadores ansiosos de aplausos de grandes escritores muertos, o por creadores de refritos, o libros referenciales, o, directamente, falta de talento y del conocimiento básico para saber hilar nombres y adjetivos.

Es más fácil ser el nuevo Lovecraft, King, Hesse, Bukowski, Reverte, DeLillo que atarse los machos y tratar de ser un mínimo de original. Un mínimo, ¡no pido más!

Pero esto, claro, sólo lo sabemos aquellos con un mínimo de sentido común, de respeto por nuestro tiempo o por las letras que aceptamos que nos hemos comido bodrios buscando calidad y confiando en las reseñas, aquellos que vemos siempre los mismos patrones, personajes, tramas, atmósferas, aventuras, mundos, humor, intriga o erotismo que una vez hizo rico a alguien que tuvo los cojones de atreverse a cruzar líneas que nadie había visto antes; líneas que, a día de hoy, la estúpida ofensa y los verdugos de la moral han convertido en poco menos que una quimera.

Conclusión…

Por eso confío poco, o nada, en los nuevos escritores y las sanguijuelas de sus editoriales de turno, a las que a base de tener cerca e incluso ayudarles en alguna ocasión, he conseguido quitarles la máscara antes de que mi esperanza por la literatura se viera realmente afectada.

¡Hoy es el día de comprar libros!, así que salid, buscad uno que haya salido en el tele o tenga una pestañita con reseñas de personajes famosos a los que han pagado para que dijeran eso (porque con suerte les han leído dos páginas), ¡Y SOLTAD LA PASTA! ¡SOLTADLA AHORA MISMO! ¡No os quieren para nada más!

¿Salvar la cultura?, ¿liberar las mentes?, ¿descubrir nuevas historias?, ¡ESO ES SÓLO PARA LOS GAFAPASTA!, aquí estamos para vender, vender y vender.

Da igual a quién, da igual el qué, no importa el futuro que tenga ese maniquí sonriente con un bolígrafo en la boca al que todos los lectores adoran: esto va de vender.

¿Te apuntas a la fiesta?

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