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Reflexiones desde mi espejo

Blog de Opinión

Manuel Gris

Tengo un plan

Hace ya tiempo que mi esperanza por la humanidad está bajo mínimos, pues cuando todo lo que te rodea es estúpido y falto de lógica y, lo peor, en seguida salen la mayoría de los censores con argumentos hace años refutados, lo único que puedes acabar haciendo son dos cosas: seguir pegándote de hostias contra una pared o, mi opción, abandonar toda esperanza.

A la mierda.

Ayer estaba hablando con un amigo que me contó que un conocido suyo, hace casi una década, agarró su destino por los cuernos y optó por escapar de la locura de la ciudad, de la enfermedad de las deudas y del dinero, y se compró un autobús que tuneó para convertirlo en un hogar y se fue a vivir a Croacia (donde hay playa, está relativamente cerca de España y su familia para casos de urgencia, y poseen una moneda tirada de precio comparándola con el Euro).

Al parecer allí conoció a su pareja, otra que estaba hasta los cojones de todo, y entre los dos han comprado a muy buen precio su futuro y su libertad, siendo los verdaderos dueños de su alma y su bienestar.

Esto, primero, me sonó a locura de las gordas, a una comparable con la del chaval ese medio tonto que murió en medio de la nada porque no tuvo en cuenta que para sobrevivir el ser humano tiene que comer (Sean Penn hizo una película sobre ello), pero, desde que me lo contó, poco a poco algo ha ido creciendo en mi interior. Algo que me está haciendo envidiar al hijodeputa del amigo de mi amigo.

Sé que dejarlo todo atrás es una de esas cosas que todos en algún momento hemos pensado hacer mientras nos ponemos tibios en un bar y, de postre, nos cagamos en el jefe, el trabajo, la familia o la vida en general, pero en cuanto se nos baja la cogorza recuperamos la cordura ante todo lo que nos rodea y tendemos a mantener fuertemente agarradas las riendas de nuestras vidas.

Pareja, trabajo, familia, amigos, estabilidad emocional y monetaria, son unos pilares que cualquier personas con dos dedos de frente tiene bien gravados en el cerebro y, sabe, no se les puede dar la espalda así como así.

Pero…

Nuestra sociedad es una basura y las personas que la componen, en su mayoría, unos completos gilipollas. La cultura y la política, pilares fundamentales para la estabilidad de las naciones evolucionadas y que deberían servir para medir el grado de cordura que se posee como país, están completamente prostituidas en España al por menor y sin ganas de escapar de la esclavitud, pues los lujos, la falta de preocupación y la completa seguridad de que alguien mueve el timón por ellos es muy cómodo de tolerar.

Y si a eso le juntamos que los 11 pasos de Goebbels han calado bien hondo en la manera que tienen nuestros semejantes de comprender su entorno y el modo de subsistir en él, lo que nos sale tras el símbolo de igual es que estamos encerrados en una jaula con barrotes tan gruesos y robustos que siquiera podemos ver el sol que, olvidado por todos, sigue saliendo en ese horizonte que en la antigüedad hacía que todos nos despertásemos con ganas de comernos el mundo.

Así que piénsalo fríamente: ¿dejar atrás todo lo que no aguantamos y dormir todas las noches en una libertad real?, ¿escapar del yugo de un entorno vendido al globalismo más atroz y liberticida?, ¿olvidarse del pesebre de las redes sociales y vivir sin tener que aguantar a imbéciles que no saben ni lo que dicen porque, sin más, leen el papel que sus amos les han pasado por debajo de una mesa en la que están contentos de seguir agachados tragando néctar y más néctar?

¿No te suena al paraíso en la Tierra?, ¿no crees que vale la pena sacrificar muchas cosas si la recompensa nos hará sonreír de verdad?

Piénsalo. Fríamente…

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