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La enorme vagancia del entretenimiento

No sé si os habéis enterado ya, pero Jason Momoa (Aquaman) quiere hacer un remake de Los gemelos golpean dos veces con Peter Dinklage (Tyron Lanister en Juego de Tronos). Sí, una de las comedias más bizarras de los noventa, y que he de reconocer que me gusta mucho, va a tener una nueva versión en la que uno de los sex symbols más importantes de la actualidad hará del hermano gemelo del mejor actor que pasó por la, a estas altura, odiada serie Juego de Tronos.

Y a mí solo me salen de dentro dos pregunta: ¿por qué?, y: ¿hasta cuándo vamos a seguir aguantando estas nuevas adaptaciones de mierda?

Hace mucho, muchísimo en realidad, que he perdido la esperanza en el cine.

Solo se salvan de la quema dos o tres directores que siguen innovando y creando nuevas películas con guiones originales o adaptando libros de verdad, pero todos los demás, igual que está pasando en lo otros los sectores artísticos como la literatura y la música, me parecen aburridas copias de otras copias, buscadores de dinero y de consumidores aborregados y que no se atreven a buscar historias que hagan que sus cerebros se despierten y vuelvan a pensar por sí mismos.

Porque no nos engañemos, aquí los culpables no son los escritores o directores, no son las productoras o las editoriales (bueno, algunas sí, pero ese ya es otro tema que después tocaré), los verdaderos culpables son los consumidores, somos nosotros, que con nuestras elecciones guiadas en todo momento por la búsqueda en el arte de ese simple, aburrido, ofensivo y atroz “entretenimiento”, estamos obligando a los visionarios a dar un paso atrás si quieren de verdad vivir de su pasión.

No hay mal cine/libros/series/cuadros porque nos traten como a gilipollas (no siempre, al menos), estos errores son culpa de los consumidores y su vagancia a la hora de abrir la mente y atreverse a descubrir nuevos horizontes. Porque es más sencillo abrir los ojos y dejar dormir al cerebro, que abrir la mente y cerrar los ojos. Y sentir.

Los que tienen el dinero, los que ponen en el escaparate lo peor de lo peor, solamente son personas que buscan que sus empresas sigan adelante, y si con ello deben prostituirse y tomar caminos comerciales que en nada se parecen a lo que estaban intentando conseguir cuando empezaron con ilusión en el sector, pues meten la manos en los bolsillos, asienten, y se marchan de allí silbando y tratando de no cruzar la mirada con esos pobres atontados que les están dando de comer con su violación artística. Y es que no es más que eso: una violación brutal, una violencia explícita y cruel dirigida hacia algo cuyo único fin es enseñarnos y hacernos ver el mundo de otra manera con moralejas ocultas detrás de historias bien escritas y que respetan ante todo la inteligencia del consumidor.

¿Consumidor?, ¿inteligencia? ¿Verdad que suenan raras éstas dos palabras juntas?

Que miremos la cartelera y parezca que hemos ido hacia tras en el tiempo cuando leemos los títulos en voz alta es un ejemplo más de la estupidez supina que nos han colocado en la espalda a la mayoría de la humanidad, porque, si no, no se explica, por ejemplo, toda esta puta manía que está teniendo Disney con adaptar al cine con actores reales toda su filmografía de animación. No se explica. Es como si ese puto ratón hubiese decidido que, ¡oye!, la gente es completamente imbécil y no nos piden nuevas historias ni nuevos personajes, y no van a entenderlos de todos modos porque viven dentro de un buenismo profundo y perverso, así que mejor cojamos eso que les gustó en su día a los padres actuales y volvamos a sacarlo, porque seguro que irán con sus hijos al cine y, ¡boom!, ¡dinero fácil!

Eso, joder, ha funcionado, igual que la puta manía que están teniendo últimamente las editoriales de publicar libros de hace años que ganaron algún premio, o directamente reeditar clásicos con nuevas portadas y ediciones, pero la misma traducción, porque en el fondo saben que el arte actual es una mierda, saben que hay una burbuja de escritores y directores y demás “artistas” que no le interesan a nadie, pero no porque sean malos (o no todos al menos), sino porque la gente se ha olvidado de lo que es apostar por lo nuevo, arriesgarse, descubrir.

Y como poner un plato sobre la mesa es más importante que no dejar que la cultura se estanque en el charco de la realidad, pues apuestan por nuevos talentos para aparentar, y a poder ser usando etiquetar socialmente aceptables, pero cada poco tiempo vuelven a los clásicos o a caballos ganadores que saben que darán beneficios.

Pero, ¡eh!, ¡cómprame a mí que sé lo que te gusta!

Me jode decirlo, pero nos merecemos esta realidad en la que vivimos, ésta en la que muy pocos nos damos cuenta de lo muerto que está todo y lo poco original y autentico que es lo que nos rodea por falta de opciones, cojones, y ganas de arriesgar. Porque todos los libros/películas/discos van de lo mismo, todas las historias buscan ser el próximo pelotazo olvidándose de que sin autenticidad y no teniendo en cuenta nunca al consumidor es imposible, completamente imposible, que algo exista eternamente.

Es una quimera creer que escribiendo el nuevo Señor de los Anillos, siendo el nuevo Bukowski, o tratando de crear el nuevo Juego de Ender, vas a lograr trascender en el tiempo o llegar al alma del que tienes delante, porque sin libertad total, sin miedo al riesgo, todo lo que vamos a acabar teniendo van a ser más Cazafantasmas, intentos de Willows, o sirenitas negras en nuestros cines.

La esperanza en la cultura es algo que hace mucho que deseché, y lo único que me hace acercarme al cine son espectáculos pirotécnicos, y nada más. He perdido la fe en un buen guion, en un nuevo buen director, en un futuro clásico, pero no importa, me la suda mucho, porque lo importante para mí es poder disfrutar de esas pequeñas joyas que a veces me descubren, y seguir adelante mientras escribo mis libros sin tener en mente nada de esto.

Crear es lo más grande que puede hacer el ser humano, ¿de verdad vas a desechar tu imaginación creando una nueva versión de mierda de Los Juegos del Hambre?

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