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Creando un futuro sin pasado

Hay quien tiene la loca necesidad de eliminar todo lo que, en el pasado, le hizo tal y como es ahora.

Entre las muchas razones que creo que puede llevar a alguien a realizar este suicidio intelectual nombraré solamente dos, por eso de pasaros la patata caliente sobre el tema (soy así de majo).

Además, sinceramente, ya escribí sobre este tema hace un tiempo, centrándome en ese momento en como a la piara de progres que llevan las riendas del mundo se les ocurrió que era una genial idea cambiar los cuentos infantiles, no fuera a ser que los niños se traumatizasen al escuchar lo mismo que a ellos les hizo tal y como son.

Contradicciones de principiante, ya sabéis.

Así que allá vamos.

En primer lugar, creo que es un simple caso de estupidez mezclada con egocentrismo. Porque no haber sido consciente de nada de lo que te ha ocurrido durante la vida, creer que te has creado a ti mismo sin ninguna influencia externa y, por lo tanto, que eres un ser de luz cercano a un copo de nieve que logró tener todos sus dibujos por una especie de casualidad sideral, puede hacer que las mentes idiotas y faltas de cierta lógica en cuanto al mundo en el que viven vean ese pasado que les forjó como algo dañino para las futuras generaciones.

Por ejemplo, aquellos que como en el colegio les dolió cuando un profesor les daba un capón por no atender en clase, defienden a sus hijos con uñas y dientes si son estos los afectados por los castigos del profesorado, cuando, usando el cerebro que estos padres no tienen, el hecho de haber sido castigado les hizo conscientes del bien y del mal, y de esa línea que no debe cruzarse en el colegio para que comprendas que en el mundo hay reglas que no han romperse, pues de lo contrario habría represalias.

Esta tontería de ejemplo (y que conozco de cerca porque recibí muchos capones de un tal Don Luis) pone a relucir como esos padres se creen mejores que los profesores al ponerse el traje de protector de sus hijos, y, al mismo tiempo, muestran su profunda estupidez y falta de entendimiento por ese pasado que ha conseguido que lograse sus metas en el presente, y que debería inculcar a sus hijos en lugar de consentirles todo lo que les parece que les pondrá a salvo.

¿Pero a salvo de qué?, ¿del pasado?, ¿del presente?, ¿de llegar a ser seres libres y conscientes de lo que son, entendiendo que en la vida hay libertades pero también obligaciones? ¿De verdad os parece normal que a estos tontos con carnet de padre se les permita cagar futuras generaciones en el mundo? Pues sí, al parecer sí; sobre todo porque la mayoría formáis parte de este grupo de “progenitores”.

Pero no te ofendas, que solo es mi opinión razonada y con ejemplos y datos. Solo es eso.

El segundo motivo por el que creo que estamos rodeados de idiotas que prefieren tachar el pasado, o cambiarlo directamente, en lugar de aprender de él incluso cuando les ponga en mal lugar, creo que podría entrar en un extraño grupo llamado “sé que la audiencia es más imbécil que yo, así que voy a meterles en la cabeza una ristra de mentiras y de promesas en las que, al final, la única solución sea que se olviden de lo que saben, de la razón, de la lógica y de las ganas de ser verdaderamente personas, y abran los brazos a una nueva manera de ver la verdad; y cuando se acabe la zanahoria, colocarles otra”.

Este, por desgracia, es el que más puede encontrarse en nuestro presente, en nuestro país, pues la masa está tan aborregada, tan aburrida y acomodada, que necesitan falsos muñecos de paja a los que odiar con tal de que levantarse cada día no sea una pesadilla llena de huecos que son incapaces de rellenar con ilusiones o, simplemente, vida. Hemos llegado a un punto en que no sabemos nada del lugar del que venimos, y llenamos nuestras mochilas de lo que nos parece que pesará menos o tendrá más gadgets útiles que usar.

De otro modo es inexplicable que nadie sepa realmente, por ejemplo, cómo empezó la Guerra Civil Española, o qué hizo/dijo en su día La Pasionaria o Lluis Companys, o por qué se le llama a Barcelona Ciutat Condal, cuando debería ser algo ya no digo necesario (yo, por ejemplo, soy un negado en geografía, y lo acepto y miro mapas todo el tiempo, o pregunto, si quiero saber algo del tema), pero sí incompatible con una mente sana que quiera ser realmente libre, lejos de las manos de los líderes que nos dicen qué debemos y qué no debemos saber o pensar.

Y si este desconocimiento fuese algo como el que tengo yo sobre por dónde pasan algunos ríos o dónde están algunas ciudades, pues no pasaría nada (ya encontrarás a alguien que te ayude a ganar ese quesito en el Trivial), pero cuando éstas ganas de no querer saber la verdad de nuestro pasado empuja a un pequeño grupo de descerebrados a una nueva pelea civil, en la que unos tachan a los otros de malos españoles solo porque estos últimos contradicen sus falsos dogmas usando libros de historia escritos por verdaderos historiadores, y mientras los que sueltan las trolas consiguen que no se hable de los problemas reales de nuestro presente, como el paro o la delincuencia o la corrupción, entonces la cosa deja de ser un juego de mesa para convertirse en un problema mayúsculo, un problema que los de arriban tratan de inventarse para que sus queridos peones sigan dándoles un puesto que no merecen porque en ningún momento están haciendo el trabajo que debe hacerse en su posición: hacernos la vida más sencilla, y obedecernos como sus jefes que somos.

Ahora que si el Valle de los Caídos (¿cuántos de los que lo critican hay ido siquiera a verlo?, el 99% de ellos no, os lo aseguro), que si muertos en las cunetas (cuando la mayoría de los que se han encontrado han sido víctimas del Frente Popular), que si ilegalizar partidos o asociaciones (pero del bando “malo” solamente, no vayamos a tocar la Asociación Largo Caballero o el PCE, que esos son amiguis y tienen que seguir apoyándonos), y así suma y sigue.

Porque esto no va de hacernos la vida más sencilla ni va de ayudarnos: esto va de enfrentarnos a un pasado del que tendríamos que aprender pero que quieren que creamos su versión tergiversada y victimista, porque si de verdad la masa se leyera un libro de esos que no tienen detrás a un grupo enorme de censores a sueldo, ¿cuántas similitudes encontraríamos entre este presente y el que ocasionó nuestro peor conflicto como pueblo, ya perdonado durante la Transición, y que, en el fondo, tanto ansían que vuelva a ocurrir los que ahora nos gobiernan por un revanchismo de patio de colegio?

¿Cuánto van a tardar los peones en darse cuenta de dónde les están metiendo y todo lo que van a perder llegado el momento?

Tic tac. Tic tac.

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