Reflexiones desde mi espejo

Blog de Opinión

Manuel Gris

‘BAJO CERO’, cine español sin novedades en el horizonte

Empecemos por lo básico: todos los que dicen que esta película es un soplo de aire fresco, lo siento, pero no tienen idea de cine, de guión, de dirección o, simplemente, no tienen buen gusto.

Y no pasa nada, ojo, que cada uno puede encontrar entretenimiento en lo que quiera (incluso cazando moscas o viendo films de Almodóvar), pero una cosa es que alguien tenga las papilas gustativas atrofiadas y otra, muy distinta, que cuando estos dicen que algo no sabe a mierda les hagamos caso.

Y ahora hablemos de la pseudo película de Bajo Cero.

Hace ya dos días que he dejado reposar en mi cabeza este film producido por Netflix y dirigido por Lluís Quílez, y mis sentimientos han pasado de los más graciosos y sarcásticos, de aquellos que solo saben reírse de lo que no vale más que para señalar y carcajearse, a la completa indiferencia salpimentada con algo de cabreo y sorpresa.

Y sí, me lo pasé bien escribiendo en Facebook una irónica lista en la que aplaudía las dos cosas que merecen ser aplaudidas de este intento de cine serio, al tiempo que me reía a mandíbula partida de todas las payasadas sin sentido y de los errores tontos y básicos de quien cree que, una de dos: los espectadores son gilipollas, o que ellos son más listos que nadie.

Pero hay que ponerse serios.

Ahora entraremos en los SPOILERS más salvajes, por lo que si todavía quieres “disfrutar” de verla, deja de leerme. O hazlo, la verdad, porque la intriga y los giritos son tan escasos y sin ningún sentido cuando piensas en ellos con calma, que podréis verla sin que mi texto os haya estropeado absolutamente nada.

¿Vamos allá?

Aquí empieza la clásica estructura del sándwich, es decir, primero un halago, después destripar sin piedad y, al final, un pequeño cumplido para que no escueza tanto el ano que habremos destrozado junto al alma del que está en la diana.

Veamos, es de justicia decir que hay dos cosas que el director hace bien en esta película, y que es dirigir tanto la cámara como a los actores. Hay buenísimas tomas, con muy buen ojo y cariño por la profesión, y todos los personajes, a excepción de un par, están realmente bien interpretados y definidos.

Aquí hay que ser generoso, porque pudiendo hacer una estructura clásica y manida el tal Lluís opta por jugar con las sombras y los espacios naturales, dándole al conjunto un alma diferente a las mil millones de veces sufridas por el público español.

Pero (sí, ahora vienen las hostias) peca en lo de siempre, que es tratar al público como un gilipollas sin memoria o raciocinio, como una masa sin gusto por el cine, o amor por su tiempo, a la que con tirarle dos caramelos no se dará cuenta de que están recubiertos de basura putrefacta.

Porque sí, todo es muy bonito, todos lo hacen muy bien y te los crees, pero si te pasas media puta película ocultando el rostro del malo (es un decir esto de malo), ¡joder, no pongas su nombre en el cartel!

Esto es de primero de intriga y de cine: no darnos TODO masticado. Y Karra  lo hace de miedo, como siempre la verdad, pero a medida que va creciendo los garabatos a los que aquí han mal llamado guión, todo se va a la puta.

Porque, que sí, que los principios del poli (¿no hay más actores a parte de Javier Gutiérrez en el cine español?, ¡que sale en todas, carajo!) son férreos y la ley es la ley, que el chaval joven es una caricatura cutre de psicópata chone con un aspecto muy cercano, adrede, de los de la famosa manada (la de San Fermín, no las de magrebíes o las de Baleares, ojo, que a estos últimos JAMÁS hay que atacar… ya se sabe), y que el mangui y el yonqui son muy gracioso, pero carajo, un poco de evolución en los personajes, un poco de lógica en sus acciones, UN POQUITO DE SENTIDO COMÚN, porque hay un momento en el que ya deja de tener todo sentido; entre el resucitar de muertos, el padre que deja de tenerlo todo calculado incluso sin salirse de su plan (incluida la estupidez de mira, he intentado matarte tres veces porque quiero que me digas dónde está enterrada mi hija), sin olvidar esa doble moral sin sentido en la que el poli suelta a un delincuente peligroso porque es majete, pero dos segundos después se pelea con el padre porque quiere matar a un violador/torturador porque no sabes si de verdad fue él… ¿en serio, poli?, ¿en serio?

Y es que es patético cuando en un guión se nota que el escritor necesitaba saltar ese problema y, BOOM, de golpe todo se soluciona con un guiño por parte de la suerte más idiota (y sin frío, porque salir de un lago helado en plena mañana y, así porque sí, ponerse a hablar riéndose en la cara de la hipotermia más cruel, como que vamos a quemar los libros de biología, ¿no? ¿Para qué usar la lógica elemental?), o se entrega al abrazo que le da el sacrificio más bobo a la inteligencia de los personajes y sus motivos para dar el siguiente paso, ya podemos estar seguros que ni el más hábil de los directores, ni todo el dinero del mundo, van a conseguir que una mierda acabe siendo, pues eso, una mierda.

Por cierto: ¿con quién podemos hablar seriamente sobre el nivel de sonido en el cine español?, porque entiendo que si alguien susurra pues cueste oírle, o que un acento o un argot te impida entender esa o aquella frase, pero cuando TODO el volumen de una película está equilibrado por un mono sin ojos y las manos metidas en el culo, al final aburre tener que poner el volumen al 99 para poder saber qué cojones le ha dicho el protagonista al malo.

Por cierto, tuve una conversación muy animada con un amigo que se dedica al cine, y mis sospechas fueron resueltas: todo se debe a dejadez y a falta de tiempo, y no a que crean que lo hacen bien o no quieran entregar un trabajo terminado con todo bien pulido. Es decir, que nos tragamos estos volúmenes de mierda y esta sensación de que en realidad en el cine español lo que falla es la falta de logopedas, solo porque es muy caro o no hay tiempo para pulirlo todo en una postproducción calmada y con cariño; y que nos jodan.

Y después hay quien no entiende que muchos estemos hartos de que aunque solo sea un euro de nuestros impuestos acabe en los bolsillos de algunos de estos parásitos, que dicen vivir para que el arte siga vivo… en fin.

Para acabar, como he prometido, colocaré una rebanada de pan bastante tierno sobre este montonazo de fiambre podrido:  y lo que representa, porque si no te parece una buena película, si has llegado al final muy poco orgulloso de haber malgastado parte de tu vida en esto, es que sabes de cine, sabes de este arte, y sin duda puedes estar seguro de que, si quieres vivir de él, vas a saber mirar tu producto y decirte pues no se parece a BajoCero, ¡así que lo estoy haciendo bien!

¿Recuperaremos algún día el placer de ver buen cine español?, pues depende de ellos, pero con lo ocupados que están mirándose en el espejo… difícil, muy difícil lo veo.

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