The Last Dinner Party: Regreso al barroco victoriano

Muchas veces, diría que incluso la mayoría de ellas si provienen de la hiperbólica prensa inglesa, justificar el hype de una banda, se convierte en una tarea realmente complicada.

The Last Dinner Party, la banda londinense formada por Abigail Morris (voces y guitarra ocasional), Lizzie Mayland (guitarra, coros y voces ocasionales), Emily Roberts (guitarra principal, mandolina, flauta, coros), Georgia Davis (bajo y coros) y Aurora Nishevci (teclados y voces), el puesto de batería todavía está en rotación, ya había conseguido todos los logros habidos y por haber incluso antes de sacar su segundo álbum From The Pyre (2025, Island Records). En 2023 fichan por Island y ponen en circulación su primer single Nothing Matters, con el que ya se metieron en el top 20 inglés.

En 2024 sacan su debut y empieza la fiebre. El disco se va directamente al número de las listas inglesas y son nominadas al Mercury Prize, momento en el que el Primavera Sound se pone en contacto con su agencia y las incluye en el cartel de ese año pensando en la cantidad de público británico que puebla el festival.

El concierto del Primavera Sound, aunque breve por el espacio de tiempo que ocupan los grupos en los festivales, se convierte en un fenómeno del que se habla elogiando la impresionante calidad de la banda dada su reciente creación.

El pasado 2025The Last Dinner Party sacan su segundo disco,The Pyre (2025, Island Records), y la banda pone en marcha su gira europea. Su tercera fecha cae en Barcelona y la sala elegida para el evento es la Razzmatazz grande, como no podía ser de otra manera, los precios están desorbitados, 44 euros con gastos de gestión, y la emoción de verlas por primera vez en sala, se ve algo ensombrecida y cuestionada teniendo en cuenta que hablamos de una banda muy joven, con tan sólo dos discos en el mercado y siendo su primer concierto en la ciudad Condal fuera del marco del Primavera Sound.

Y la pregunta aparece, ¿está justificado el hype que arrastra la banda y ese precio de las entradas para su primera gira española por salas?.

Todos sabemos que, en la actualidad, los precios para asistir a un concierto están fuera de toda lógica y que el crecimiento exponencial que experimentan las bandas en la era de la globalidad digital está, en ocasiones, más relacionado con la exposición en redes y la capacidad para promocionarse, que con la calidad musical o la profesionalidad de las mismas.

Por ello, el riesgo a pagar esos precios desorbitados por un concierto en sala y el miedo a encontrarse con un show que no pasara de la corrección, hizo que muchos se lo pensaran. Desde aquí, decirles a todos ellos, que perdieron la oportunidad de ver un concierto histórico.

No es que el hype esté justificado es que, y me pongo yo también en modo hiperbólico, hacía años que no veía a una banda nueva con esa capacidad para emocionar sobre las tablas, exponiendo una profesionalidad tan impresionante y con una calidad y una frescura, en todos los sentidos, tan exuberante y epatante como la de The Last Dinner Party.

Tomando la fuerza arrolladora de Kate Bush como clara referencia y emparentadas con ese movimiento musical barroco presente en artistas como Florence Welch o Chappell RoanThe Last Dinner Partyconsiguieron enamorar para toda la vida a una sala Razzmatazz totalmente rendida a las lindezas del combo británico.

Con una Abigail Morris (a.k.a. Blancanieves) de lo más comunicativa, simpática y entregada, una actitud equiparable al resto de la banda aunque cada una de ellas metida en su papel algo más comedido que el de la front woman, una escenografía de lo más lustrosa y efectiva, y unas ganas arrolladoras de dejar huella en los corazones de los presentes, algo que consiguieron sobradamente, The Last Dinner Party ofrecieron un completísimo show de dos horas en las que pocos temas de sus dos disco se quedaron fuera.

Comenzando el concierto con Agnus Dei y Count The Ways, los dos cortes iniciales de su último disco, y continuando con el bloque compuesto por The Feminine Urge, Caesar On A TV Screen On Your Side, extraído directamente de su disco debut, el primer cuarto del concierto finalizó con la exuberante Second Best y con un público en lo más alto del éxtasis musical. Acto seguido comienzan a sonar los primeros acordes de I Hold Your Anger, ese tema tan sentido cantado al piano por Aurora, y justo después del estribillo, Abigail para el show porque ve a una persona en el público a punto de desmayarse. Las cosas vuelven a la normalidad y el tema se retoma de nuevo.

Una vez finalizado Abigail da las gracias por la colaboración y pide perdón al público por la interrupción comentando que siempre que se den cuenta de cualquier problema que esté ocurriendo en la sala, no dudarán en parar de nuevo.

El espectáculo tiene que continuar y el escogido para ello no es otro que Woman Is A Tree, un tema con un alto grado de paganismo pastoral en el que, formando un círculo en medio del escenario y con las luces proyectando sus sombras en la tela colocada en la parte de atrás del escenario, obteniendo un efecto embrujador de lo más poderoso, las componentes de la banda cantan el inicio de la canción en formación coral poniendo los pelos como escarpias a un respetable totalmente hipnotizado con la performance.

Dentro de todo ese barroquismo pop, los fogonazos del musical setentero, los destellos del glam teatralizado y las puntadas de progresivo, se combinan a la perfección sobre las tablas ofreciendo un barítono estilístico en el que la emoción, el descaro, la preparación y la premeditación confluyen en momentos absolutamente mágicos y preciosistas.

El concierto continúa con Gjuha Rifle y un regalo extra para los presentes, Big Dog, una canción que no está incluida en ninguno de sus discos. Los temas se siguen sucediendo a medida que los minutos siguen sumándose al show, con The ScytheSinner Inferno como algunas de las más festejadas.

Y cómo era de esperar, su inevitable hit Nothing Matters suena la última de la noche antes del demandado bis. Pero estas brujas británicas, todavía nos tenían guardada una última performance (colectiva en este caso) para su colofón final. La elegida para ello es This Is The Killer Speaking y lo mejor de todo, es que Abigail subió a la tarima para enseñar, en tono jocoso e irónico, la complicada coreografía que habían preparado para el tema y que todos teníamos que aprendernos para reproducirla durante los últimos compases del tema.

Una noche inolvidable que quedará en el histórico de la Razzmatazz como uno de los conciertos más caros y más justificados de toda su historia.

Fotos por María Magdalena.