The Beths, sin ser una banda debutante, los de Auckland (Nueva Zelanda) llevan una década en activo con cuatro discos de estudio y un directo publicados a sus espaldas, fue con su anterior Expert In A Dying Field (2022, Rough Trade) con el que consiguieron llamar la atención de los medios especializados (83/100 Metacritic) y de festivales tan importantes como el Primavera Sound, que nos los han vuelto a traer a Barcelona.
El disco supuso un antes y un después en su carrera y el nuevo trabajo anunciado para este 2025 se había convertido en todo un evento en los círculos del indie más sibarita.
Straight Line Was A Lie (2025, Anti-) llegaba con cierta expectación y, cómo suele ocurrir en su caso, los capitaneados por Elisabeth Stokes daban un nuevo giro de timón a su personal y peculiar forma de entender el indie añadiendo trazas de estilos variopintos, reduciendo en mayor medida los tempos de las canciones y exprimiendo su depresión y su melancolía al máximo.
Firmando dos discos iniciales dentro de la clara etiqueta del indie-rock y entregando un tercero que empezaba a ahondar mucho más en la sensibilidad pop de la banda, su cuarto álbum, quizás su mejor hasta la fecha, nos lleva por los diferentes atajos del indie haciéndoles coquetear con el folk de manera espectacular y adentrándose en la oscuridad del post-punk, por momentos, ofreciendo unos matices totalmente novedosos y jugosos para la banda.
Todo ello con una comodidad y una naturalidad indiscutibles.
Su setlist, en el que lo único que tengo que objetar es el haber obviado dos de mis temas favoritos como son The Ark Of The Covenant de su último disco y Knees Deep de su anterior, estuvo dominado en su totalidad por su nuevo trabajo, del que tocaron todas menos la nombrada anteriormente.
Empezando con Straight Line Was A Lie, en la que ya nos dieron una buena muestra de lo que nos íbamos a encontrar, y finalizando con Take, un tema que se convierte en un cierre excepcional para su hora y media de show.
Entre medio hubo momentos para el recuerdo como la tripleta consecutiva formada por Metal, Til My Heart Stops y Mother, Pray For Me, en la que a más de uno se le cayó alguna lágrima, o esa otra formada por Mosquitoes, Roundabout, y Jump Rope Gazers, esta última en representación de su álbum debut.
Canciones que crecen sobremanera en directo, tanto en emoción como en intensidad, una banda que clava como pocos los coros, al más puro estilo Weezer / Beach Boys, y una Elisabeth Stokes con una voz tan penetrante, equilibrada y gradual que todos los allí presentes salieron con una sonrisa de oreja a oreja teniendo la sensación de haber presenciado algo bastante más allá de un buen concierto de indie.
Como curiosidad comentar que la media de edad que se maneja el público de la banda es de la cuarentena para arriba, algo bastante sorprendente sobre el papel pero que resulta evidente si le tomamos el pulso a su música, y que la congregación de “celebrities” que se encontraban entre el respetable, funcionaba muy bien como indie-cativo de lo que la banda está gestando. DJ Amable (Razzmatazz), Víctor García (Ultramarinos Mastering), Xavier Calvet (Bullitt) o Pol Rodellar (Mujeres) fueron algunos de los que conté entre ellos.
Todo eso tiene sus ventajas y sus desventajas. Las desventajas es que parece ser que, al menos en nuestras tierras, su propuesta no está calando entre los más jóvenes. Pero una de sus ventajas más provechosas, es que la cola del merchan era inacabable a la hora de finalizar el concierto.
Está claro que los puretas manejan pasta y eso siempre es un plus para una banda en crecimiento.