Netflix lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a sorprender a su audiencia regalando un evento en directo que dejó a todos con los ojos pegados a la pantalla durante 1h y 45 minutos.
Lo ha hecho gracias a uno de los deportistas más extremos del siglo: Alex Honnold un escalador con tres décadas de experiencia a sus espaldas.
Si como yo viste el documental ‘Free solo’ o si simplemente eres un fan de la escalada, seguramente ya tengas grabado en la mente el nombre de este atleta y sus capacidades increíbles (y locas para gente común).
En Free solo le vimos escalar sin cuerdas ni protección alguna El Capitán, una imponente montaña de 914 metros en Yosemite. Para ello ganó el Oscar documental en 2018.
Y esta vez, en directo Netflix escaló el Taipéi 101. Siempre en free solo pero con el plus nunca haber escalado un estructura artificial y en un entorno urbano teniendo a miles de personas viéndole desde casa y desde las calles de Taiwán o los rascacielos cercanos. Estos detalles añadieron desafíos físicos y mentales a los que no se había enfrentado antes.
Son dos escaladas diferentes, aunque las dos sean increíblemente complicadas. Requieren una preparación física y mental que casi nadie podría alcanzar. Eso fue demostrado también por un estudio de resonancia magnética (MRI) que le realizaron. Los científicos descubrieron que su amígdala, la parte del cerebro asociada al miedo, reacciona de forma mínima ante estímulos que en la mayoría de personas provocarían pánico absoluto. No es que no tenga miedo: es que su cerebro procesa el riesgo de otra manera.
La pregunta que me hice y quizás te hayas puesto tú también si viste el documental en directo es: ‘¿por qué a pesar de la peligrosidad del asunto aún así queremos verlo?
Al parecer, es porque existe una fascinación casi hipnótica por ver a alguien al borde del abismo. Lo admiramos sí, pero también —aunque no lo admitamos— hay una parte primitiva que observa pensando “¿y si algo sale mal?”.
Y la plataforma también tenía que estar preparada a ello. ¿Cómo?
La transmisión contó con un retraso técnico de diez segundos. No fue aleatorio, ni vinculado a fallos, si no que fue una decisión que según cálculos citados por medios especializados, dejaría tiempo suficiente para cortar la transmisión en caso de un accidente ya que una caída libre desde la cima del Taipei 101 tomaría poco más de diez segundos. La instrucción era clara: ante cualquier accidente, la transmisión se interrumpiría de inmediato.
Skyscraper Live deja claro que lo que hace Honnold no es replicable, ni debería serlo. Tras el evento, muchos han intentado subir el rascacielo quedándose colgados en la primera esquina en la mayoría de los casos y llenando redes sociales de vídeos que destacan lo increíble que realmente ha sido el logro de Alex que es el resultado de una combinación de personalidad, disciplina obsesiva, control mental y una relación casi matemática con el riesgo.
Entenderlo no significa querer ser como él, si no aceptar que hay personas que viven —literalmente— en un punto donde la mayoría no nos atreveríamos ni a mirar. Y quizá por eso seguiremos viendo eventos así fuera de lo común. Porque, desde la seguridad de nuestro sofá, el abismo atrae.