Más de 40 años después de su publicación Miedo y asco en Las Vegas sigue siendo un libro que impacta al lector no solo por su contenido, sino especialmente por un estilo que sirvió para definir lo que se conoce como periodismo gonzo. Una manera de entender y compartir la realidad que ahora, como entonces, da mucho que hablar.

Duke es en realidad el propio Thompson, y Dr. Gonzo es su abogado, Oscar Zeta Acosta. Miedo y asco en Las Vegas es el resultado de esos reportajes que los dos tenían que hacer en la “capital del pecado”, es una interpretación personal de lo que vivieron realmente Thompson y Acosta. Supone el ejemplo clásico del periodismo gonzo porque con esa finalidad fue creada. Pese a que Thompson lo consideró un intento fallido, la novela recoge todas las características que definen al género. Miedo y asco en Las Vegas es una narración de no ficción que nació como una serie de artículos para la revista Rolling Stone, en la que Thompson fue corresponsal de asuntos nacionales durante 30 años. La frontera entre objetividad y subjetividad desaparece, el periodista forma parte de la historia, y los hechos, desde el punto de vista de la primera persona y al detalle, son más importantes que el concepto de verdad. Todo ello regado por una enorme influencia de la ‘Generación Beat’ y la rendición al monólogo interior sin ataduras ni filtros. De ahí su fama de “periodismo salvaje”.
En realidad el término “gonzo” se había acuñado algún tiempo antes de Miedo y asco en Las Vegas, en 1970, tras la publicación del artículo de Thompson El derby de Kentucky es decadente y depravado. Tenía que ser una crónica deportiva para una pequeña revista pero, abrumado por la falta de tiempo, el periodista entregó sus notas sin corregir ni revisar y en las que se reflejaba su angustia personal por no llegar a tiempo a la fecha de entrega. El editor lo publicó tal cual, y fue el periodista Bill Cardoso quien utilizó la palabra “gonzo” para alabar el artículo, exclamando que “ahora sí, esto es Gonzo puro”. El término se supone que proviene de la jerga irlandesa para denominar al último que queda en pie tras una maratón de bebidas, aunque no está del todo claro.
«El término se supone que proviene de la jerga irlandesa para denominar al último que queda en pie tras una maratón de bebidas, aunque no está del todo claro».

En los años 80 el “nuevo periodismo” acabó diluyéndose en la práctica “mainstream”. En cuanto a Thompson, aquella aventura salvaje por Las Vegas de principios de los años 70 se convirtió en una atracción para turistas (como muestra el anuncio de los “Gonzo Tours” de 1983 en las Páginas Amarillas) y él pasó a ser una figura de culto. Sin embargo, el estilo gonzo ha perdurado aunque sea de una forma más consciente y controlada.
Experimentos como el del periodista alemán Günter Wallraff, que escribió Cabeza de turco (Ganz unten) tras hacerse pasar por un inmigrante turco para conocer en qué condiciones vivían en su país, fue todo un éxito en los años 80 pese al revuelo que causó su publicación, y se ha traducido en más de 30 idiomas. En ese caso, durante la narración, Wallraff diferencia claramente al periodista del personaje, mientras que Thompson era el personaje, pero la intención de vivir en primera persona aquello de lo que se quiere informar está ahí.

Programas como el popular ’21 días’ o ‘Conexión Samanta’ de la periodista Samanta Villar, son la versión más azucarada de lo que queda del periodismo gonzo, pero también sobreviven en nuestros días algunas de sus plumas más afiladas, como la del ácido periodista P. J. O’Rourke. Hoy en día, solo hay que echar un vistazo a la mayoría de canales de televisión para darse cuenta de que aquel viejo axioma de que el periodista nunca debe formar parte de la noticia, es más que discutible. El periodismo gonzo puso una lupa sobre esa pretensión de que el periodista no existe y que la realidad es tal cual la cuentan los medios de comunicación, para que pudiéramos ver claramente que es posible que no sea así.