Negrita Share Festival 2026: Crónica de lo más destacado

La octava edición del Share Festival se ha vuelto a celebrar en el recinto del Fòrum de Barcelona durante dos días, viernes y sábado, en los que tanto el calor como la efervescencia adolescente, además de los artistas nacionales e internacionales que han copado el lujoso cartel de este año, han sido los protagonistas de un Festival que, tanto desde el ámbito de la seguridad, como la comodidad y el concepto family-friendly que profesa la organización, se convierten en sus mayores bazas.

Como hemos comentado, el calor abrasador vuelve a ser uno de los inconvenientes más evidentes del Festival, escoger las fechas en pleno julio (como lo han hecho este año) no ayuda nada, pero, por suerte, la organización lo ha tenido en cuenta y ha colocado ventiladores de agua repartidos por varios puntos estratégicos del Festival, para ayudar a paliar las altas temperaturas, de la misma manera que ha facilitado dispensadores gratuitos de crema solar por el recinto. Dos gestos que son muy de agradecer.

Poniendo por delante todas las virtudes que ya he comentado del Festival, me gustaría destacar varios puntos que creo que se podrían mejorar para próximas ediciones.

Lo primero es la prohibición de llevar comida que no esté envasada e industrializada. Puedes entrar cualquier snack pequeño que vaya cerrado de fábrica, pero después, costearse una cena dentro del recinto te puede salir bastante caro.

Tanto para el bolsillo, como por la pérdida de tiempo que supone hacer las interminables colas para comprar comida. Lo segundo, que no me parece del todo correcto, es que el vaso no sea retornable. Eso significa que debes cargar con tu vaso todo el Festival si no quieres pagar dos euros de más cada vez que vayas a consumir a las barras . Además no es nada cómodo llevar ese modelo (tan ancho) de vaso durante los dos días.

Y para finalizar, y quizás lo más importante, es la condición de salida del Festival. Una vez entras, no puedes salir para volver a entrar en el recinto. Una condición de lo más incómoda, ya no únicamente para el público, que no puede salir a cenar fuera y volver a entrar de nuevo, sino también para la prensa que necesita entrar y salir del recinto según convenga por diversas razones.

Entiendo que no es fácil organizar un Festival poblado mayoritariamente por menores, las responsabilidades son mayores y los menores siempre van a estar más protegidos dentro del recinto, seguro que los padres también están más tranquilos con esta condición, pero ya que se hace una diferenciación (con el color de la pulsera) entre mayores y  menores de edad, creo que también se debería dejar salir y entrar a su antojo a los mayores de edad bajo su propia responsabilidad. Es solamente mi opinión y entiendo que pueda haber razones que no estoy teniendo en cuenta.

Llegando al recinto lo más pronto posible dentro de nuestras posibilidades, el primer día grande del Festival, nos encontramos con el que se ha convertido en el trapero más escuchado y coreado dentro de la escena nacional. No era su primera vez en el Share, pero sí la primera a una hora tan temprana. Algo que marcó enormemente su actuación, más breve de lo esperado y con el astro sol castigando nuestras cabezas de la manera más salvaje posible. Casi igual de salvaje que el concierto del sevillano JC Reyes.

Para un artista que ha salido del estrato más deprimido de la sociedad, cumpliendo condena por atraco a mano armada, la actualidad del trapero español, está marcada por el éxito, la fama y el dinero en su máxima expresión. Con un pequeño cuadro de bailarinas que salían y entraban en escena según conveniencia para perrear lo más grande, la actitud chulesca, la presencia escénica y la batería de hits incontestables, marcaron a fuego (como el que salía del frontal del escenario) una tarde en la que el sudor y la euforia de los allí presentes, se convirtieron en la gasolina perfecta para el concierto del de Palmete dejando el listón muy arriba.

Como nota discordante y ayudado por el clamor popular, denotando la intolerancia que permea actualmente a parte de la sociedad española, los gritos de Pedro Sánchez, hijo de…, empañaron una actuación a la que no le hubiera puesto un pero de no ser por eso.

Del escenario principal del Festival, el Negrita, nos movemos unos metros para disfrutar, en el escenario Estrella Damm, del combinado isleño formado por Lucho RK y La Pantera, dos de los artistas urbanos venidos de Canarias con más proyección de la actualidad urbana nacional. Tanto es así, que desde que se juntaran para hacer ese exitoso EP titulado TA FACIL (Autoeditado, 2025), siete canciones de reggaeton sucio de lo más disfrutables, su exposición se ha visto multiplicada por diez. Teniendo en cuenta que en Barcelona llegaron a llenar dos noches seguidas la sala Razzmatazz grande, todo un hito para su corta carrera, el público del Festival estaba deseando verlos sobre el escenario por aquello de que muchos, se quedaron a las puertas de sus conciertos en la Ciudad Condal.

Con la expectación en su máximo nivel, es Lucho RK quien sale a escena en solitario para presentarse, por si alguien no lo tenía localizado, y empezar a soltar palazos tan gordos como PREÑÁ o CUPIDOxX, por poner dos ejemplos claros. Pero lo curioso fue que media hora después de comenzar, se despidió del personal sin que su compañero, La Pantera, hubiera pisado el escenario.

Acto seguido, y después de una extraña pausa, La Pantera aparece en el escenario solo para cantar un par de temas y agotar los últimos quince minutos del show. Una jugada de lo más extraña. Lucho RK solamente cantó dos canciones con La Pantera, Algo Va A Pasar, del disco de Quevedo, y Pinky Promise, del nombrado EP conjunto. Pero es que además no es que se viera mucha química, ni cordialidad (la justa) entre ambos. Mi teoría es que algo ocurría ese día, pero no sé aventurar el qué. Una de las pruebas más flagrantes fue la de cantar por separado BANE, el hit más gordo de su EP conjunto.

Volvemos al escenario grande del Festival, patrocinado por Negrita, para ver la catarsis emocional de Delaossa. Separado en varios actos, táctica que se ha convertido ya en un clásico de la escena, el malagueño ofreció uno de los conciertos más sentidos y excelentes de todos los celebrados en el Festival. Su rap de calle, fiesta y drogadicción, ha transmutado a una temática mucho más emocional, reflexiva y, porqué no decirlo, necesaria en la escena actual.

Desintoxicado completamente de sus adicciones y renacido como el enésimo nuevo rapero que ha visto la luz (por suerte), su show no escatimó en medios para ofrecer un espectáculo de lo más completo, visual y vitalista. Me gustaría destacar especialmente el trabajo y la calidad tanto de la banda, con un sonido y una solidez exageradas, como el de las coristas, llenando el espacio de la mejor manera posible con sus voces y su duende.

Los momentos estelares de la tarde llegaron, como no podía ser de otra manera, con El Patio, con una emotiva interpretación que llegó a hace brotar lágrimas de mis ojos escuchando a un público totalmente entregado, La Madrugá, el tema más emblemático del disco, y la final y más esperada Still Luvin, en la que Quevedo no se personó, pero apareció en las visuales a modo de vídeo musical. Es curioso como Delaossa consigue ejecutar un show que se queda a un paso de convertirse en algo que queda más cerca de las artes de las artes escénicas (teatro), que de lo meramente musical.

Y de un artista llamado Delaossa, nos vamos a otra llamada De La Rose, siendo el segundo año consecutivo en el que la puertorriqueña de moda pasa por el Festival de música urbana más potente de la ciudad. Con el tema del nombre, solo voy a decir que empieza a haber demasiados artistas con el prefijo Dela en su nombre, y no los voy a nombrar todos, pero son muchos en la actualidad musical.

No vamos a negar que los hits de reggaetonera funcionan a las mil maravillas en estudio, pero tampoco voy a negar que las pocas ganas de cantar y la poca intensidad que le imprime a sus canciones en directo, apoyada en la ley del mínimo esfuerzo, hacen que sus shows sean todo lo disfrutables que podrían ser.

Ataviada con un sombrero de cow-girl, del que repartió varias unidades entre las presentes, y una falda playera casi estilo hawaiano, su look de larga melena color rosa (como la flor, no como el color) y esa escenografía de lo más pintoresca, varios inflables ocupaban el espacio del escenario,  como un radiocassette gigante y unas palmeras a los laterales, hicieron que el descoloque fuera aún más exagerado.

Si lo que hay que valorar es su soltura sobre el escenario, la justa y necesaria, o sus cualidades al micro, aún más justas con la voz de fondo y el público presente dejando que hiciera la mayor parte del trabajo, solo puedo decir, que mucho camino le queda por recorrer para destacar como artista en directo.

Y llegaba el (mi) momento más esperado del día, el concierto de la granadina Lola Índigo. El desparpajo y la vitalidad que contagia la andaluza sobre un escenario es innegable y una experiencia de lo más apabullante. Pero ya desde el inicio del concierto, la duda planeaba sobre mi cabeza.

Comenzar el concierto con un tema como VERDE, una canción relajada y sentida al máximo, con ella subida en un patio superior decorado con arcadas al más puro estilo de la Alhambra, abanico en mano y con traje blanco largo, realizó una interpretación espectacular, pero resultó extraño abrir con esa elección.

Acto seguido, baja al escenario, se rodea del descomunal cuadro de bailarines y da comienzo la fiesta. Ya no quiero ná, Mujer Bruja, Maldición y Santería sonaron del tirón con una fuerza arrolladora y una Lola Índigo intentando seguir las brutales coreografías y cantar al mismo tiempo.

Nuevo acto, y Lola se cambia de ropa. La escenografía se modifica mínimamente y los temazos se suceden sin compasión. Nana del caballo grande, MALA SUERTE, Trendy (en la que no apareció Rvfv por ningún lado), Casanova, TUS INICIALES, y la muy esperada El pantalón, ese remix de Las Chuches que se ha convertido ya en uno de sus momentos estelares más demandados.

Empieza el tercer interludio, con unos momentos de cambio de outfit demasiado estirados, y suena 1000 COSAS después de un interludio considerable en el que los bailarines lo dieron todo mientras bailaban al son de AN1MAL, Alors On Danse y Levels, para continuar con MI COLETA, DISCOTEKA y Yo tengo un novio.

La cosa se empezó a torcer cuando el tercer interludio se alargó más de quince minutos y acabó de torcerse del todo cuando, después de 45 minutos, se anunció que Lola Índigo no iba a poder continuar con su actuación debido a una indisposición de la artista andaluza. Más tarde se ha sabido que sufrió una lipotimia. Una pena, pero hay  que admitir que con todo lo que tenía encima, lo dio todo en los minutos que ocupó las tablas del escenario principal del Festival.

Precisamente algo parecido ocurrió el sábado con mi segundo concierto más esperado del Festival. Lo digo ya, el espectáculo del granadino también duró únicamente 45 minutos. pero en este caso fue a causa de la lluvia, el viento y una tormenta eléctrica de aúpa.

Para un artista como Dellafuente, tan difícil de ver y con esa leyenda que pesa sobre sus espaldas, hubo gente que se desplazó de toda la geografía española y los fanáticos se contaban por miles, llevando todo lo que llevaba en ese concierto, al menos veinte personas sobre el escenario y una escenografía descomunal, la anulación tuvo que ser tan frustrante y triste, como para los allí presentes.

Cierto es que la gente esperó bajo la lluvia por si acaso, e incluso Dellafuente salió a cantar Consentía a-capella por petición popular, con un público sumido en la magia del momento empapado hasta las cejas y con unos rayos de fondo que iluminaban la escena de manera espectacular, pero después de media hora de espera, el Della salió para anunciar lo que nadie quería oír, concierto cancelado.

Con una banda de salsa al completo, sección de vientos cubanos, violines clásicos, coros masculinos latinos, coros femeninos flamencos, guitarras rumberas, percusiones caribeñas y teclados arabescos, la fusión que consigue Dellafuente con esos elementos, en principio tan dispares entre sí, es algo tan único e incomparable, como natural y atractivo. Algo que sólo en sus manos, y en las de su inestimable equipo, puede exponerse con tanta calidad y belleza.

La escenografía era otra de las cosas más pensadas del show. Decorando tanto los laterales como la parte superior con unas tonalidades y texturas muy parecidas al pan de oro y plantando una mesa enorme y larga en medio del escenario, en la que se sentó a modo de última cena para cantar un par de temas junto a varios de los actores que estaban sobre el escenario, cada acción o acto representado en cada canción, llevaba una connotación religiosa relacionada. Elementos como el agua, el oro, la comida, o conceptos como la unidad, la comunidad o la generosidad, se veían claramente integrados en esa pseudo – representación teatralizada de la filosofía de vida del granadino.

Hay que ser muy valiente para venir a un Festival a tocar tus hits más deseados, sonaron Domingo De Ramos, Guerrera y Agradecío, entre otros,  pasarlos por la coctelera de influencias más locas que hayas visto jamás y adaptarlos al formato requerido por una configuración de banda y espectáculo de lo más exigente y profesional para cambiar los tempos, los tonos y las texturas de los temas de manera evidente. Un lujo, según como se mire, y un concierto tan único e irrepetible como la tormenta perfecta que nos azotó esa calurosa noche de verano.

Fotos por Bikini Media, Roser Gamonal, Alba de Dios, Júlia Ruiz.