Cada año lo noto más, mi cuota de música diaria ha bajado considerablemente. La urgencia extrema en el ámbito cultural (sobretodo en la escena urbana) se ha convertido en una seña de identidad de la nueva industria musical, algo que, a los que venimos de lejos, nos llega a agobiar.
Por otra parte está la cantidad ingente de discos y artistas por escuchar a la semana, otro de los signos de los tiempos que comienza a saturar tanto el mercado como al oyente.
Todavía sigo siendo de los que cuando un disco me cala de verdad, puedo llevarlo prácticamente todo el año a cuestas, eso hace que cada vez me encuentre más alejado de los tempos que nos marca el mercado. Para disfrutar algo hay que saborearlo bien, verlo desde varios puntos de vista e imbuirse de la obra como es debido.
Hay que hacer un ejercicio de concentración, de conexión con el trabajo que estamos escuchando, hay que escuchar mejor y oír menos. Pero para eso hay que educar al oyente y hay muy pocos capaces de captar esa atención necesaria para pasar la barrera del entretenimiento y el divertimento y entrar en el siguiente nivel, el del arte.
Por cierto, novedad de este año, los discos no tienen un orden concreto, los he intentado repartir en bloques por estilo y así no tengo que partirme la cabeza con un orden que un día me parece totalmente lógico, y al día siguiente no me cuadra nada. Ahí mi lista, espero que la disfrutéis
RAP - TRAP - REGGAETÓN


METAL X HARDCORE X PUNK







POP / ROCK / FOLK





Pues bien, lo que me he encontrado detrás de la portada de disco más fea del año, es uno de los discos de rock n’ blues más fresco, sólido, disfrutable y perfecto que he escuchado jamás. Con la muerte de Charlie Watts todavía ensombreciendo a la banda, en el disco hay dos temas para los que Watts pudo grabar las baterías, el trabajo de Steve Jordan a los parches es de una clase y una contundencia indiscutibles.
Supongo que para los fans es duro tener a otro batería tocando con los Stones, pero para mí ha sido todo un hallazgo. 18 años después de su último álbum y con los 80 sobrevolando (o ya cumplidos) a los tres supervivientes, Wood, Richards y Jagger, me impresiona sobremanera como con esa edad son capaces de firmar temas tan imponentes como la inicial Angry, la popera Whole Wide World, la delicada Depending On You o la enraizada Dreamy Skies haciendo gala de un estado de forma compositivo y de ejecución soberbio. Puede que parte del mérito sea del productor Andrew Watt (Miley Cyrus, Justin Bieber, Post Malone, Ozzy Osborne, Pearl Jam, Iggy Pop) un tipo de 33 años que se ha ganado un lugar privilegiado en el Olimpo de los productores actuales por méritos propios y que está dotado de la frescura necesaria y el sonido deseado para poner en el mapa, de manera irrefutable, el regreso de los Rolling Stones.
No era tarea fácil retomar la carrera discográfica de una banda con más de 60 años de historia, pero gracias a las ganas de un Jagger con el puñado de canciones perfectas y a las mágicas manos de Watt, Hackney Diamonds suena actual, adictivo y maravilloso. Para coronarlo todo no han escatimado en colaboradores y tenemos a Lady Gaga, a Elton John, a Paul McCartney, a Bill Wiman y a Stevie Wonder paseando por aquí como si nada. No sé si iré hacia atrás para darle la escucha que se merece a la holgada carrera de los Stones, pero por ahora me quedo a vivir en este Hackney Diamonds por un tiempo considerable. Como se suele decir, nunca es tarde si el disco es bueno.






ELECTRÓNICA




