IN-EDIT Barcelona 2025 

Cada año, el Festival In-Edit, nos regala oportunidades únicas de disfrutar en pantalla grande de algunos de los documentales musicales más actuales.

Con una selección que vuelve a superar con creces las expectativas de cualquiera y tomando como objetivo principal dar visibilidad a todas las escenas y disciplinas musicales posibles dentro del marco del Festival, este año los highlights han sido el documental sobre la banda de post-hardocre de Washington D.C. Fugazi y la película sobre la vida de Antonio Flores, agotando sus entradas con bastante anterioridad.

En nuestro caso, y con cinco pases de prensa asignados para la redacción de la revista, no nos hemos podido resistir a asistir a algunos más por nuestra cuenta vista la cantidad de documentales interesantes que se presentaban este año en el Festival.

Aquí os dejo nuestras impresiones de lo más destacable.

Andy Brown & Brisan Lindstrom  – 91 minutos

Judee Sill fue una cantautora de principios de los 70 que representaba la figura del artista outlaw extremo en toda su magnitud. Ladrona de bancos, prostituta y yonki, su verdadera habilidad y para lo que había nacido Judee realmente, era para conmover al mundo y a Dios con sus canciones.

En búsqueda continua de un éxito arrollador que nunca llegaría, la pureza del alma de Judee era capaz de estremecer, enamorar y hechizar a cualquiera que tuviera corazón, sangre en las venas y un sentido de la sensibilidad acusado.

Sus letras en formas de alabanzas al amor, a Dios y a la vida, se cruzaban de manera catastrófica con su adicción a la heroína, entre otras drogas duras, una infancia truncada, padrastro abusador incluido,  y los sueños no cumplidos, su reconocimiento nunca llegó al nivel deseado.

Un regalo enorme poder leer sus textos, que van apareciendo por el metraje casi de manera mágica, escuchar opiniones y descripciones de su vida en su propia voz, con varias revelaciones muy dolorosas, ver algún vídeo de sus actuaciones, con el desparpajo y naturalidad que la caracterizaba, y adornarlo todo con sus dibujos de clara influencia hippie, puro joie de vivre.

Entre muchos testimonios en primera persona de gente con la que Judee coincidió en tiempo, aficiones y adicciones, artistas actuales como Fleet Foxes, Big Thief o Weyes Blood aparecen reivindicando su persona y sus canciones con los sentimientos a flor de piel.

Un documental que nos describe y nos descubre una artista única, totalmente avanzada a su tiempo y con una capacidad musical y creativa inagotable.

Su legado, dos discos inconmensurables y uno póstumo en los que zambullirse sin complejos y disfrutarlos como Judee hubiera querido que todos los disfrutáramos.

Erik Nelson  – 108 minutos

Curioso y, para la mayoría, desconocido documento que nos resume, en un documental de hora y tres cuartos, la residencia de cinco días que Yoko Ono y John Lennon ejercieron en el programa americano de variedades The Mike Douglas Show, con más de 40 millones de televidentes, a principios de los años 70.

En un momento en el que la guerra de Vietnam se daba por finalizada, el movimiento hippie estaba muriendo y Richard Nixon ocupaba La Casa Blanca, dieron luz verde a la propuesta de la pareja más famosa del momento para realizar un alegato social y político, claramente pacifista e izquierdista, de manera abierta y sin censura en el programa más famoso de la época. ¿Su hora de emisión?, las cuatro de la tarde. Inaudito e inimaginable hasta la fecha.

Algo que ocurrió claramente derivado de las circunstancias socio-culturales de aquella recién entrada década de los 70. Del caldo de cultivo social que había generado el movimiento hippie, desorganizado y despreocupado, nacieron los pacifistas de los 70, los del poder para el pueblo y por el pueblo, los anticapitalistas, los artistas contestatarios, los librepensadores y los revolucionarios contraculturales.

Y esos fueron precisamente a los que invitaron al programa Yoko y John. Figuras que tenían cierta importancia en el movimiento contracultural y que ellos consideraban que su voz, fuera en la disciplina que fuera, necesitaba ser oída y tomada en cuenta.

Con una pequeña sección del programa en la que ambos salían al escenario a tocar una canción, en ocasiones de Yoko y en ocasiones de John, lo más interesante del documental son las tertulias, coloquios, pruebas, exposiciones y debates que se planteaban a esa hora en la televisión pública en una de las épocas más oscuras, destructivas y convulsas social y políticamente hablando de la tierra de las libertades.

Importante por el reconocimiento necesario para las generaciones actuales, los problemas siguen siendo prácticamente los mismos y la censura y la autocensura quizás son todavía más crudas y despiadadas que entonces, y para los que, como yo, no conocíamos esta faceta tan televisiva de la pareja dorada del pop.

Amy Berg – 106 minutos

La vida, milagros, aciertos y desaciertos de Jeff Buckley son de sobras conocidos para cualquiera que haya querido indagar un poco en uno de los artistas más especiales y únicos que han pisado la faz de la tierra y una de las voces más lúcidas, electrizantes, desarmantes y emocionantes que los dioses hayan concedido jamás a un simple mortal, porque mortal lo era, pero creo que hasta ahora, jamás se había contado desde el lado más femenino y necesario de la historia.

Contando para el documental con la madre Jeff y las parejas que lo acompañaron, amaron y convivieron con él en su fugaz e intensa existencia en la tierra, sus compañeros de banda también tienen un papel importante en la película, el documental no intenta en ningún momento desentrañar la personalidad de Jeff, sería imposible ya que ni él mismo sabría hacerlo, ni presentarlo como una persona desgraciada o falta de cariño, estaba rodeado de amor por muy atormentado que él estuviera.

Sí que se trata el abandono y muerte de su padre como el hecho más traumático e insuperable de su vida, pero también la fama, la presión, el síndrome del impostor y su hipersensibilidad con el mundo, hicieron mella en una persona que había predicho su muerte en varias ocasiones encontrándose con ella finalmente en una acción que, ya sea por imprudencia o por despreocupación, se lo llevó un triste 29 de mayo de 1997.

Con un halo de misterio y misticismo envolviendo todo el metraje, acusado sobre todo por su persona, y un montaje que incluye actuaciones en directo , testimonios de primera mano y escritos de su puño y letra, todo realizado con una emotividad exquisita pero sin regodearse, It’s Never Over puede ser el documento definitivo de una de las personalidades más esquivas e insondables de los 90.

Rex Miller – 99 minutos 

Que Harley Flanagan nació cableado para el caos, es algo que cualquiera que tenga cierta querencia por la escena hardcore de Nueva York de finales de los 80 y principios de los 90, sabe de sobras. Pero de lo que no hay duda sobre el documental de Rex Miller, es que es el documento más sincero, desgarrador, crudo, revelador y culpable que se podría haber hecho sobre su figura.

Narrado en primera persona por el propio Flanagan, su actual pareja, y varias de las luminarias del hardcore de la época, Roger Miret (Agnostic Front), Henry Rollins (Black Flag), Flea (Red Hot Chilli Peppers) y Keith Morris (Circle Jerks) entre otros, Flanagan nos relata su abusiva, violenta y descarnada infancia, haciendo una obligada y extensa parada con su primera banda punk (Stimulators) en la que comenzó como batería a los 11 años, pasando por su convulsa, caótica, referencial y religiosa etapa junto a su banda de toda la vida, los Cro-Mags, hasta llegar a su actual estado de equilibrio emocional y paz interior como padre de familia y pareja de la persona que ha conseguido encaminar su vida hacia su bondadoso interior. 

Frases tan contundentes como, – yo conocía el sexo antes de saberme los meses del año – , o, – yo era ese niño que dejaban tirado en una habitación de la casa mientras los adultos se drogaban hasta las cejas -, expresan de la manera más clara posible, el infierno, la crueldad y el trauma vivido por Flanagan desde su más tierna infancia. 

Conducido por el abuso sufrido y el trauma acumulado, su vida va siendo engullida por una espiral de odio, violencia, autodestrucción, drogas, maltratos y malas compañías hasta el punto de tener que escapar de Nueva York  por estar amenazado de muerte. 

Con un tono auto confesional muy marcado y una de las historias más oscuras, tristes y violentas jamás contadas, Wired For Chaos es uno de los documentales más reflexivos y auténticos que he visto nunca. 

Ron Chapman – 80 minutos

Siempre se habla de Woodstock como el gran concierto de referencia de la década de los 60, pero nada se comenta de que en el año 69, dos jóvenes de Toronto, se liaron la manta a la cabeza y produjeron uno de los conciertos más importantes, legendarios y representativos de la historia del rock. La cantidad de estrellas del pasado, presente y futuro del rock que confluyeron en ese concierto / festival, sigue a día de hoy, sin parangón.  

Tomando buena cuenta de gloriosas figuras del rock and roll como Chuck Berry, Little Richard, Bo Diddley,  Jerry Lee Lewis o Gene Vincent, como primera composición de cartel, los promotores del evento se ven en la tesitura de tener que ampliar el cartel para vender las entradas necesarias y no precipitarse a la más absoluta ruina.

Ahí es donde entran en juego la Plastic Ono Band, encabezada por John y Yoko,  los indomables The Doors, como cabezas de cartel indiscutibles, el documentalista más famoso de la época, D.A. Pennebaker, y el club motero más grande de Canadá, The Vagabonds. 

Una suerte poder escuchar la historia de primera mano, al menos de algunos de los que siguen vivos, ver el debut de Alice Cooper sobre los escenarios, además de funcionar como banda de acompañamiento de Gene Vincent para la ocasión, y comprobar cómo las luminarias del rock daban algunos de sus conciertos más recordados por los allí presentes. 

Una pena que el propio Jim Morrison no dejara a Pennebaker y su equipo filmar ni un minuto de su concierto en Toronto, sus excentricidades con las filmaciones de las actuaciones en vivo de la banda ya eran notorias, pero el documental recoge el resto de actuaciones de aquel día, exponiendo los mejores momentos de cada una de ellas.  Una gozada desproporcionada. 

Codula Kablitz–Post -114 minutos 

Para una banda que se convirtió en la referencia más clara y contundente del thrash europeo y que ha conseguido posicionarse como el combo más solvente y rentable de la escena alemana, queridos y alabados en el mundo entero, el documental Hate & Hope resulta de muy poco interés incluso para el fan más incondicional. 

Narrado desde la actualidad más rabiosa del grupo, y con Mille y Ventor como los protagonistas absolutos del mismo, poco hay que recordar o rascar de aquellos primeros años con Noise Records y sus incendiarios y descomunales directos. 

Con muy pocos compañeros de profesión relatando su experiencia vital con la banda, Scott Ian (Anthrax) y Marcus Bischoff (Heaven Shall Burn) son los elegidos dando testimonios bastante breves en ambos casos, y el momento The Big Four Of German Thrash, con Tankanrd, Destruction, Sodom y Kreator dando un concierto histórico, totalmente desaprovechado, el resto son prácticamente dos horas de autobombo.

Mille es ahora un vegano consagrado a la causa que practica yoga y ejercita su cuerpo en el gimnasio. Ventor sigue siendo el más auténtico de los dos, un tipo peculiar al que no le puedes convencer de hacer algo que no le gusta. El resto del grupo, añadidos a la banda después de los diversos cambios de formación sufridos a lo largo de los años, se muestran lavándose los dientes y poniéndose colonia antes de salir a escena para estar presentables. Todo en el documental es muy poco thrash metal, la verdad. 

El amor de los fans, las giras mundiales y los extractos de conciertos actuales, llenan la mayoría del metraje que reserva pocos minutos para el archivo audiovisual de la banda. Tampoco era necesario hacer un recorrido cronológico por cada disco, con la friolera de siete trabajos de estudio publicados en sus primeros diez años de vida, pero la sensación que he tenido al salir de la sala ha sido la de haber visto algo mucho más cercano a la posición de fuerza actual de la banda en la escena metal mundial, que a la de una banda que honra y recuerda su legado como algo sagrado para los fans.

Siempre nos quedará su inicial tetralogía, Enless Pain (1985), Pleasure To Kill (1986), Terrible Certainty (1987) y Extreme Agression (1989), para seguir gozando de una banda que por mucho que a día de hoy se haya convertido en una versión bastante más comercial y patronada de sí misma, sus logros y su legado siguen intactos. 

Jason Pollad & Sam Pollard – 86 minutos 

A Tale Of Two Dirtys no viene a lavar la imagen del rapero de Brooklyn. Ni tan siquiera su familia, parte muy importante del documental, ni los pocos miembros de la Wu-Tang que colaboran activamente en la película, Raekwon por un lado y Ghostface por otro, tienen ningún reparo en explicar tanto las virtudes, como las flaquezas de Russell Jones a.k.a. Ason Unique, conocido en el mundo entero como Ol’ Dirty Bastard.

Con un testimonio unánime y al unísono de todos los participantes del documental alabando las inclasificables habilidades de ODB al micro, su estilo crudo, sumamente explícito, vital, surrealista y sincopado jamás ha sido igualado, queda claro que Ason Unique fue, y siempre será, el alma de la Wu Tang Clan y el mc con más valor artístico del combo de Staten Island. 

Pero de la misma manera que todos los que estuvieron cerca de su brillantez como artista lo exponen como algo sobrenatural, impredecible y único, los mismos coinciden en decir que ODB no supo adaptarse a las circunstancias que lo rodeaban como celebridad. 

Los problemas con el alcohol y las drogas, que lo llevaron a la muerte, las continuas discusiones con su mujer, a causa de su declarada promiscuidad, el distanciamiento del grupo que le dio su popularidad, con el posterior arrepentimiento de la banda por no haber estado a su lado, y su tardía entrada en prisión, engrosando su adicción a las drogas, ofrecen una fotografía destinada al desastre de una de las personalidades más libres y polarizantes del rap de la década de los 90.

Siempre será mi rapero favorito de mi combo de rap favorito, pero la experiencia de acercarme tanto a su faceta personal, atravesando el personaje de Ol Dirty Bastard para llegar hasta la médula de Ason Unique y al tuétano de Rusell Jones, ha resultado más dolorosa de lo que pensaba. No sé si eran necesarias todas esas imágenes de ODB destruido por las drogas y colocado hasta las cejas delante de la cámara.

Otro de esos documentales magistrales que te deja destrozado y hundido en la miseria.

Tom Stern – 106 minutos

Podríamos estar hablando de la joya escondida del Festival, pero a juzgar por el lleno absoluto de la sala un lunes a las nueve de la noche, también podríamos estar hablando de uno de los más esperados y aplaudidos.

Para alguien como yo, que los Butthole Surfers han estado siempre orbitando alrededor de mucha de la música que empecé a escuchar en los 90s, introducirse en su excesivo y desbocado mundo, así, de golpe, y sin conocerlos demasiado, se ha convertido, prácticamente, en una experiencia reveladora. 

Con su Texas natal como parte indisociable de su personalidad artística, su capacidad para desafiar, exceder y provocar a su público con sus incendiarios (literal), impredecibles e incontrolables  conciertos / performances, el documental sobrepasa cualquier idea preconcebida que se pudiera tener de ellos.

Dotados de una libertad creativa sin parangón, en parte impulsada por la alta dosificación de ácido de la banda,  ejecutada por unos músicos que estaban muy por encima de cualquier tecnicismo con sus instrumentos, la dupla formada por King y Teresa a las baterías o la formada por Gibby Haynes y Paul Leary a las voces y a la guitarra respectivamente eran capaces de cualquier cosa con tal de romper los límites de la formalidad, lo convencional y los estereotipos.

Su actitud peligrosa y su personalidad psicodélica los posicionaron como la banda favorita de los más osados y ávidos de experimentación. 

Preñado de ingentes cantidades de fiesta insana, humor cafre y carácter sarcástico, todo el montaje con la animación y las marionetas es una maravilla, toneladas de droga dura y experiencias cercanas a la muerte, con la correspondiente autodestrucción de alguno de ellos, el constante ascenso de la banda hasta llegar al mainstream, que los acercó cada vez más a su infierno personal, el codearse con la troupe de chicos malos de Hollywood, capitaneada por Johnny Depp y su centro de operaciones llamado Viper Room, y la predecible separación del grupo, con la consiguiente reunión mientras se rueda el documental, The Hole Truth And Nothing Butt se convierte en la radiografía perfecta de una las bandas más inclasificables, inimitables e indomables de la efervescente escena art-punk de los 80.

Felipe Belalcazar – 151 minutos

El documental enciclopédico firmado por Felipe Belalcázar, probablemente el fan más acérrimo de la banda canadiense vista la pasión y la duración empleada en la película, es un viaje técnico, emocional y cronológico al mundo de Voïvod. Un mundo al que no se puede entrar de puntillas. Entrar en el complejo y fascinante mundo de Voïvod, es correr el riesgo de no salir jamás.

Voïvod nunca ha sido una banda para las masas, por mucho que consiguieran el reconocimiento y el respeto de la escena metal, sobretodo de sus compañeros de profesión y de los fans del género más inquietos e inconformistas, Voïvod siempre ha sido una banda fiel a sus principios, sus objetivos y sus formas. Sin sucumbir a los cambios y las tendencias de la escena, Voïvod son ese tipo de banda única en su especie, diferente, rompedora y sumamente absorbente.

Con Away (batería y diseñador) y Snake (vocalista) como protagonistas indiscutibles del documental, recordemos que Piggy (guitarra) nos dejó hace ahora 20 años, Jason Newsted (bajista) no fue uno de los fundadores del grupo y la actual formación de la banda la completan Chewy (guitarra) y Rocky (bajista) colaborando todos en el documental,  el ejercicio que hacen ambos pasando por todos los recuerdos desde sus inicios hasta la actualidad, es un regalo para cualquier fan de la banda, y me atrevería a decir que para cualquier que se quiera acercar a él por la curiosidad, como es mi caso.

Una de las constantes en la historia de la banda, o al menos así me lo ha parecido a mi, es la suerte. Sobre todo la buena. Por ello, creo que gran parte de la idea original del documental se sustenta sobre ese concepto. 

Para empezar, su contrato con Metal Blade. Enviaron varias maquetas a  diferentes discográficas y el sello de Brian Slagel fue el único que les contestó de manera efusiva ofreciendo un jugoso contrato y la inminente oferta para grabar su primer disco War & Pain (1984), aunque su siguiente trilogía ya fuera bajo la escudería de Noise Records. 

También cuenta como buena, quedarse tirado con la furgoneta en medio de la nada en dirección a telonear  a Rush, y encontrarse con un autobús hasta arriba de fans, alquilado expresamente para desplazarse hasta el concierto de Rush.  O ese momento en el que Snake deja la banda por falta de interés y encuentran al sustituto perfecto en E-Force grabando uno de sus mejores discos. Todo el tema del accidente, milagrosamente sin consecuencias lamentables para ninguno de ellos, o la capacidad de Piggy para poseer a Chewy después de la muerte y darle una nueva vida a la banda hasta el punto de conseguir un premio Juno al mejor álbum de metal / hard rock del 2019 con The Wake (Century Media, 2018).

Una carrera llena de altibajos pero preñada de una creatividad inabarcable. Su carácter futurista, en el que se mezcla la ciencia ficción, la conciencia ecológica y la condición humana, creó un estilo tan propio como único e inimitable. Puede que lo que más se le acerque a una descripción vaga de su estilo, sea la inexistente etiqueta punk- prog-metal. Pero de lo que no nos queda la menor duda, es de que su espíritu creativo, va mucho más allá de cualquier etiqueta existente o inventada.

Ver en tu documental a eminencias del calibre de Tobias Forge (Ghost), MIkael Akerfeldt (Opeth), Zach Blair (Rise Against), Danko Jones, Dan Swäno (Edge Of Sanity), Jason Newsted (Metallica) o Tom G. Warrior (Hellhammer) confirmando la influencia y la importancia del legado de la banda en varias generaciones de amantes del metal, es un lujo al alcance de muy pocos artistas. 

Como queja, dentro de un documental tan extenso y escrupuloso sobre una banda tan peculiar como Voïvod, me ha parecido muy extraño no indagar en la figura como diseñador de Away, quien se ha encargado siempre de la parte gráfica del grupo y además encontramos más de una secuencia del documental ilustrada por sus dibujos. Es innegable que todos los diseños relacionados con la banda, son parte indisociable de su grandeza como entidad y es algo que he echado en falta en la película. 

Kristian R. Hill – 92 minutos

Puede que para los duchos en el tema, GSGEDM no suponga ningún descubrimiento, pero para cualquiera que quiera empaparse del cómo, el cuándo y el quién de ese movimiento llamado techno originado en Detroit a finales de los años 80, el documental de Kristian R. Hill es oro puro. 

En poco más de noventa minutos, Hill nos describe la panorámica más aproximada y acertada de lo que esos años significaron para la escena electrónica y las múltiples capacidades de sus participantes para expandir sus tentáculos por Europa, donde consiguieron contratos discográficos, promoción en las revistas especializadas y reconocimiento global. Primero en Londres, con el periodista Stuart Cosgrove como máximo impulsor, y más tarde en Berlín, con la caída del muro de Berlín y el movimiento de liberación, paz y amor derivado de aquel acontecimiento, como motor para la invasión del estilo de Detroit en los clubs berlineses. 

En el documental, no falta ninguna de las personalidades imprescindibles del género. Juan Atkins, el verdadero creador e impulsor del estilo, con sus diversas encarnaciones como Cybotron y Model 500, y fundador del primer sello techno de la historia, Metroplex. Derrick May, que se convirtió en el alumno aventajado de  Atkins y está considerado a día de hoy otro de los padrinos del sonido Detroit. Y, por supuesto, completando el trío de Belleville, Kevin Saunderson, quien consiguió darle una visibilidad al estilo, con su grupo Inner City junto a Paris Grey, más allá del underground al que estaba destinado.

Con el secuenciador o caja de ritmos Roland TR-909 como arma creativa en todo el desarrollo del movimiento, resulta curioso ver como a posteriori de toda aquella avalancha de jóvenes negros devotos del sonido techno creado por ellos mismos, el privilegio blanco entra en escena para barrer con todos ellos y dejarlos en el olvido.

Dj ‘s como David Geta, Skrillex o Tiësto, se lo deben todo a los héroes de Detroit, quienes consiguieron instaurar el estilo sin necesidad de popularizar sus nombres. El caso más flagrante es el de Plastikman (a.k.a. Ritchie Hawtin). Un chaval canadiense que lo aprende todo de sus maestros en Detroit y que, al poco tiempo, está en las portadas de las revistas especializadas convirtiéndose en el fenómeno más exportable y visible de la escena techno mundial.

Omar Acosta – 86 minutos

Mixtape, de Omar Acosta, nos acerca al fenómeno de las mixtapes, surgido a principios de la década de los 90 en la escena rap americana, iniciando su andadura con los protagonistas y creadores del concepto, Dj’s y rappers por igual,  pasando por su expansión mundial al resto de continentes, Europa y Asia como los más prolíficos, hasta llegar a la deformación actual del término con un concepto que nada tiene que ver con la idea original del movimiento, a día de hoy se le llama mixtape a un trabajo no oficial de un artista pero que está estructurado como tal. 

Nombres como Kid Capri, DJ Drama, DJ Clue, Tony Touch  o Doo Wop, aparecen ante la cámara para explicar las peligrosas aventuras vividas con las filtraciones no permitidas de algunas de las canciones que aparecían en sus mixtapes,  o incluso los problemas ocasionados con las discográficas y el FBI visto el potencial económico que se movía a través del mercado negro de las cintas de cassette denominadas mixtapes. 

Raperos como Lil Wayne, 2Chainz, Fat Joe, 50 Cent, B-Real, KRS-One o A$AP Rocky, muchos de ellos participantes activos en el movimiento, dan su opinión sobre aquellos gloriosos años, de la misma manera que lo hacen celebridades como Michael Rapaport,  Shaquille O’Neill o Mike Tyson, enfocando el fenómeno desde fuera. 

La capacidad de estos Dj’s para poner en jaque a la industria discográfica, teniendo a los CEO’s de los sellos y la propia justicia detrás de ellos, cuando no era un rapero cabreado que había escuchado su próximo tema en salir filtrado en una de esas mixtapes, se combina con las habilidades de la escena para absorber el fenómeno y convertirlo en un pilar inalterable de la cultura hip hop.