Gabriel Urzúa: “La justicia no es una verdad, es una fuerza que se ejerce sobre las personas”

En Tras la verdad (RBA), Gabriel Urzúa nos conduce al corazón de un thriller judicial profundamente humano, donde la culpa, el miedo y el peso de las decisiones profesionales se entrelazan con la fragilidad del sistema legal estadounidense.

En esta conversación con YellowBreak, el autor —y abogado penalista— desvela cómo su experiencia real dentro de los tribunales de Reno ha dado forma a una novela que cuestiona no solo la justicia, sino también el impacto emocional que deja en quienes la practican.

En ‘Tras la verdad’ su protagonista, Santi Elcano, vive marcado por lo que él cree que es un error irreparable dentro del sistema judicial. ¿Qué te interesaba explorar sobre el impacto que una decisión profesional puede tener en la vida personal y emocional de quien la toma?

Es imposible trabajar en el sistema judicial de Estados Unidos sin sentirse atormentado por los errores inevitables del trabajo y cómo afectan a los clientes. En este sentido, la novela es un tipo de cuento de fantasmas; los errores de sus primeros años como abogado penalista siguen a Santi para siempre.

Como abogado penalista, conoces bien el sistema judicial. ¿Cuánto de tu experiencia profesional se filtra en la novela, y cómo logras transformar esos conocimientos en ficción sin perder humanidad?

Aunque la trama y los protagonistas de la novela son inventados, el ambiente de las cortes y los abogados viene derivado por mi experiencia. Quería capturar las relaciones entre los involucrados del sistema: entre los defensores públicos, los fiscales, los acusados y testigos, los jueces, etc.; y cómo pueden afectar a los resultados.

Claramente la experiencia de mis primeros años en el trabajo se filtra mucho en la novela: el miedo al encontrar un mundo adulto, peligroso, caótico. Por ello, uno de mis objetivos era capturar la humanidad del sistema, explicar cómo las consecuencias de un enjuiciamiento son determinados tanto por las personas trabajando en el sistema como por los hechos.

La novela explora las dudas y remordimientos de un sistema que se supone justo. ¿Qué crees que puede aportar la ficción para cuestionar nuestra confianza en la ley y la justicia?

Creo que es peligrosa la forma en que la ficción suele capturar la ley y la justicia, la trama central suele ser la inocencia (o culpabilidad) de un acusado, el descubrimiento de “la verdad”. En mi experiencia, la verdad suele ser una cuestión secundaria. Como abogado (y como lector) lo que a mí me interesa más son las circunstancias de un evento, de un delito. Los casos de un “acusado inocente” son muy raros, pero las injusticias del sistema judicial son muy comunes.

Por ejemplo, hay un momento en la novela en que Santi usa la condena de uno de sus clientes como punto de negociación para ayudar a otro. Ojalá la ficción pueda explorar estos temas tan complicados, como los aspectos humanos del sistema que no se ven mucho en público y que la ficción pueda mostrar que la ley es, sobre todo, una reflexión de fuerza.

¿Qué te interesó más de ambientar la historia en Reno, Nevada? ¿Qué aporta ese entorno a la novela?

Soy de Reno y entiendo el sistema judicial de este lugar. Pero Reno también tiene una historia que amplifica algunos de los temas del libro. Está situada en la frontera entre la montaña y el desierto, un paisaje de extremos, aislado. El apodo de Reno es «the biggest little city in the world», y el apodo le queda bien. Hay casi 500,000 residentes, pero el mundo de los abogados, y de los clientes, es muy íntimo. Es muy común que los abogados vean a sus clientes en la calle o pasen por la escena de algún crimen. Es imposible separar totalmente la vida “real” con la laboral.

Más allá del thriller judicial, la historia profundiza en el peso emocional del protagonista: culpa, redención, duda… ¿Qué buscabas transmitir con ese viaje interior, cómo personaje y como autor?

La palabra thriller es interesante, ¿no? Un “thrill” es un sentimiento rápido, una mezcla de miedo, acción, adrenalina. Pero estos sentimientos no duran mucho tiempo, siempre van seguidos de otros sentimientos, como los que mencionas. Quería mostrar la experiencia real de un thriller judicial por los ojos de los protagonistas, no solo los momentos “thrilling” sino los momentos más pesados, con menos certitud.

En la reseña de YellowBreak se señala que el libro combina “prosa contenida” y “ritmo preciso”, dejando espacio para la reflexión. ¿Cómo equilibraste tensión narrativa y profundidad emocional en tu escritura?

¡Estoy muy agradecido por esta descripción! Y la verdad es que trabaje mucho para equilibrar la emoción interior de los protagonistas con la acción de la trama. Hay un personaje, CJ, abogada mayor y mentora del protagonista, Santi, que para mí es una de esas personas que aporta electricidad allá donde va, quien presiona a Santi para que actúe, para que salga de su zona de confort. Espero que los personajes como CJ y los hechos de la trama —el secuestro de una mujer, el descubrimiento de un cadáver— den equilibrio a la vida interior de Santi.

Mirando hacia adelante: ¿te gustaría seguir explorando novelas con carga moral, dilemas judiciales o existenciales, o cambiar de registro hacia otros géneros?

¡Muy buena pregunta! Aunque no me considero un escritor exclusivamente de “thrillers judiciales», también me interesa la idea de la justicia y el poder y la fuerza. Por ejemplo, mi primer libro, Todo lo que vino después, fue centrado en el País Vasco sobre un secuestro político. También llevo varios años trabajando en un libro histórico sobre un explorador americano y, en este sentido, es un proyecto muy distinto a mis libros de ficción. Recién he empezado una novela histórica que trata de una familia de España que migra al oeste de los EE.UU. para trabajar como pastores; en mi mente, tiene aspectos de El padrino, una historia moderna de gánsteres y corrupción en Nevada.

A través de sus respuestas, Urzúa confirma lo que su novela ya deja entrever: que la justicia es menos un mecanismo perfecto que un espacio donde conviven humanidad, duda y responsabilidad. Tras la verdad no solo invita a reflexionar sobre los fallos del sistema, sino también sobre las cicatrices que este deja en quienes intentan hacerlo funcionar. Y mientras el autor avanza hacia nuevos proyectos—entre la historia, la moral y el poder—queda claro que seguirá explorando ese territorio incómodo y fascinante donde la verdad rara vez es absoluta.