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¿Nos merecemos un Joker en la vida real?

Sí, es tan buena como todo el mundo dice. Incluso mejor. Es más, yo diría que estamos ante una de las obras más grandes del séptimo arte; pero no va de esto el presente artículo.

Iré más allá: una vez disfrutada, saboreada, o más bien dicho siendo envenenado por ella, puedo afirmar que nuestro mundo, nuestra sociedad, nuestras vidas, se merecen un Joker real campando a sus anchas y enseñándonos un poco de educación.

Y me explico.

Como vemos en la cinta, y que justo es lo que le va a dar a Joaquin Phoenix el Oscar® (y espero que dirección, guión y película también caigan), el personaje de Arthur, poco a poco pero con la misma seguridad con que una gota de ácido atravesaría tu cráneo hasta llegar al cerebro, es empujado por el mundo y su forma de tratarle hasta la única salida posible y que todos, seguro, en algún momento hemos casi acariciado o sentido que teníamos a nuestro alcance: hacer una locura y mandarlo todo a paseo acompañados por la siempre dulce, pero muy cara locura.

Y no podéis negarme que a un nivel u otro nos hemos topado con golpes que nos han obligado a quedarnos quietos y decir “tranquilo, relájate, tú puedes superar esto”, pero, ¿y si alguien no tiene esa fuerza o esa seguridad?, ¿y si el número de puñetazos en el estómago se vuelven insufribles y la única salida para que el dolor escape de nuestra cabeza es explotar y mandarlo todo a tomar por culo?

Pensadlo, ¿sería algo imperdonable?, ¿algo sin explicación y que deberíamos atacar sin más?, ¿o no sería mejor para todos sentarnos un segundo, analizarlo todo, y ver si podría haber habido una solución y, aunque en este caso no habría vuelta atrás, intentar que no volviera a repetirse?

Sé que es hilar muy fino, y dejar que la imaginación vuele muy alto, ¿pero acaso no ha pasado ya esto con gente que ha entrado en cines, centros comerciales, iglesias, y han arrasado con todo? ¿No fueron ellos nuestros primeros Jokers?

¿Y qué caso les hemos hecho?, ¿en qué hemos mejorado?

En nada. Absolutamente en nada, me atrevo a añadir.

Seguimos viviendo en sociedades podridas y que anteponen la individualidad al grupo, ciudades donde sigue habiendo poderosos jugando con el destino de los más desfavorecidos y encima estos últimos, en lugar de mirar fijamente a los que se creen nuestros dueños y atacarlos con todas las armas que puedan, prefieren golpear al que está a su lado, al que está igual o mucho más jodido que ellos, y encima reírse mientras lo hace.

Porque tratar de cambiar el mundo solo parece estar al alcance de los locos que se cansan de aguantar y aguantar, y en el peor de los casos toman la vía violenta y errónea porque es, siempre, la más sencilla de seguir.

Cambiar el mundo con inteligencia y no con violencia

Violentos podemos ser todos, en mayor o menor medida, con más o menos peligro, pero solo los más cuerdos se dan cuenta de la verdad y tratan de cambiar el mundo con inteligencia y acciones pensadas con esmero, protegiendo a sus iguales sin buscar nada más que el bien mayor y apartando, sin violencia y de una vez por todas, a los que nos tratan como marionetas desde sus tronos forrados con nuestra indiferencia y falta de esperanza.

Quizá nos merezcamos a los Jokers que explotan y no hemos sabido arropar, lo más seguro es que de algún modo seamos todos culpables de que la desesperanza y la porquería de nuestra sociedad, más preocupada por problemas de mierda y discusiones de Twitter que de los baches que no hacen más que rompernos las piernas a cada paso que damos, nos devore y haga estar rodeados de un enorme odio sobre el que no se puede construir un hogar sano, donde se te agotan las ganas de vivir o despertarte cada mañana. Ya no digamos de criar un hijo.

Ataques injustificados

La película creo que ha sido mal atacada (para empezar porque no hay que atacar nunca al mensajero, sino al que le ha dado el mensaje o le ha inspirado) por parte de aquellos que tienen una mente infantil y salvajemente malcriada, que creen que todo el séptimo arte debe ser bonito y lleno de entretenimiento (de mierda), y les estallan los sesos (¿demasiado sutil?) cuando se encuentran delante de una película que les muestra la realidad cruel y sucia en la que vivimos realmente, y que es la misma que se niegan a aceptar por cobardía o simple vagancia intelectual.

Joker será recordada como una película necesaria, que debería verse en todas las escuelas (como American History X o La Lista de Schindler), y está destinada a ser una meta, y a la vez un punto de partida, del auténtico cine, el mismo que hemos sacrificado por el CGI y las explosiones y sustos programados y aburridos.

Joker es una ventana a nuestra presente y por desgracia, si no hacemos algo, lo será también de nuestro futuro próximo.

¿Qué os parece si tratamos de sacar nuestra mejor sonrisa, y contagiársela a los demás?

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