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Cosas que nunca escribiré

El otro día, y debido al lío que hay con las palabras de Scorsese criticando a las películas de Marvel, me di cuenta de que el mundo artístico está lleno de gente que no sabe aceptar las opiniones y críticas de los demás, supongo que por miedo a que su silla sea quemada o alguna gilipollez por el estilo.

Yo, sin estar del todo de acuerdo con Scorsese pero sí de su lado, veo los comentarios de este gran director como algo que todo el mundo de la industria, e incluso nosotros los espectadores, sabemos: las películas de super héroes no son buen cine.

Sí, entretiene y hace que aplaudamos y hasta se nos pone dura con los trailers, pero eso, lo siento no es cine.

Es un entretenimiento vacío y nos ofrece algo que hasta hace unos pocos años solo podía darnos las comedias: entretenimiento olvidable y del que te hace pensar en otra cosa durante un rato.

No deja poso, no te cambia la vida ni te hace pensar, solo son aplausos estúpidos de foca igual de vivos que las risas enlatadas de algunas series de televisión.

Y sí, lo digo como consumidor del cine Marvel y DC (Joker no entra aquí), como alguien que fue a ver la de End Game el día del estreno y aplaudió como una fan histérica de Justin Bieber con algunas escenas, pero eso no me hace desconocedor de lo inmensamente tontas y vacías que están y de lo poco que aportan al cine como arte.

Y ahora al tema…

A partir de aquí, y con algún cubata de más en el cuerpo, el otro día llegamos a preguntarnos qué tipo de cosas no haríamos o nos parecía falso hacer con nuestras pequeñas carreras literarias.

¿Sobre qué no escribiría?, ¿qué género no tocaría jamás?, ¿de verdad le llegaría a decir que no a una gran editorial?, y una larga lista de dudas que llenó nuestra noche y que, en parte, voy a tratar de compartir con vosotros por dos motivos: para que os hagáis las mismas preguntas vosotros (y así haceros pensar, ¡ojo!), y para que tengáis algo en la hemeroteca para echarme a la cara si en algún momento me contradigo, cosa que dudo tanto que haga como el hecho de que en algún momento vayan a salirme alas o aprenda a hablar mandarín de un día para otro.

Así que allá vamos:

_ Escribir novela romántica.

Me veo en la obligación de aclarar que no critico este género, es más, me parece la hostia de difícil llegar a plasmar en una historia algo tan complejo como el amor o las relaciones de pareja y, encima, que todo gire a su alrededor y tenga lógica dentro de una historia, pero le he visto siempre dos peros: que es muy limitado en cuanto a lo que deben hacer los protagonistas y cuáles son sus motivaciones, y que me han parecido desde siempre un puto coñazo.

A mí me lo parecen, ojo, y eso no quita que si te apetece leerlas siéntete libre al 100%, pero no cuentes conmigo en un club de lectura sobre el tema.

Es un tipo de trama que en el cine, por ejemplo, estás tan lleno de clichés y de personajes planos, y por lo que me han contado en los libros pasa más o menos igual, que no me veo pasándomelo bien mientras escribo algo de ello, además de que si algo no me divierte mientras lo hago soy muy de mandarlo a la mierda en cuanto me dé cuenta del tiempo que estoy perdiendo.

Y esto me lleva al punto 2.

_ Jamás escribiría por encargo algo que no me guste.

Este punto es muy criticado siempre me lo comento: ¿cómo no vas a decir que sí a un encargo por el que vas a cobrar un dinero solo porque el tema te parezca una mierda?

Pues porque le tengo tanta estima a mi vida y el poco tiempo que me queda de ella que no estoy dispuesto a gastar ni un segundo, ni una letra, en algo que me parece digno de acabar quemado en una hoguera.

Si alguien quiere hacerlo bien por él, creo que hasta te envidiaré, pero ya estuve algunos meses conviviendo con una ex a la que no soportaba y sé que se siente cuando te levantas por la mañana sabiendo que vas a gastar un tiempo irrepetible junto a algo que cambiarias sin dudarlo por una cama de clavos de faquir.

Así que no, lo siento. Para nada.

_ Nunca meter personajes con calzador solamente para que la sociedad tenga su dosis de inclusión social.

En esto, incluso antes de esta mierda de moda de quejarse que tiene la gente porque una historia no contenga gays, negros, o cualquier característica a las que ellos mismos llaman “marginados”, siempre he sido muy cerrado, y es que no hay nada que me joda más en una trama que toparme con un personaje que tiene una serie de características rándom solo porque sí, porque debe tenerlo.

Igual que el niño de negro de Stranger Things o el hacer gay a Richie en la nueva versión de It, meter sin vaselina una característica solo porque es socialmente aceptable y que al hacerlo ni mejora ni empeora la historia, siempre me ha parecido prostituirte por un “bien mayor” (que suele ser que los gilipollas no se metan contigo en las redes sociales), ser la putita del sistema y escribir escenas y conversaciones estúpidas que no le aportan nada al lector, o al menos al lector inteligente y culto, donde no entran todos esos payasos que se alegran porque la heroína sea lesbiana o el villano no sea iraquí solo para que su perfecta moral se vea abrazada por esa falsedad buenista que hay en el arte a día de hoy.

_ No a Planeta.

Llamadme raro, o si queréis falso porque me da igual, pero estoy tan seguro de que le diría que no a alguna filial de Planeta si un día se volvieran locos y me ofrecieran un contrato como que tengo testículos y un pene.

En serio. Quizá sea porque nunca me han gustado la mayoría de sus publicaciones, o porque siempre les he visto como ese niño abusón y de familia bien que te pegaba en el colegio, porque no cuida para nada sus productos y se les nota muuuuuucho que solo buscan el dinero.

Y sí, ya lo sé, todas las editoriales buscan vender, y cuanto más mejor, pero hay algunas que es tan patética la forma de disimularlo, o no hacerlo, y cuyo egocentrismo les sale por las orejas y se les nota en cada movimiento de marketing, que estoy al 3000% seguro de que jamás publicaría con Planeta o alguna editorial por el estilo.

Me sentiría sucio, falso, me estaría mintiendo a mi mismo y a todo lo que me ha hecho escribir como escribo y contar las historias como las cuento, y cualquiera que me conozca sabe que siempre he antepuesto mi felicidad mental y el poder dormir en paz o mirarme al espejo sin apartar la mirada al dinero y todas esas polladas que hace que mucha gente parezca que provenga de las hienas más que de los monos.

Me parece que el arte es algo sin lo que no podríamos vivir, y por eso aquellos que, aunque sea ínfimamente, tratamos de usarlo para llegar de verdad a los demás y hacerles sentir y pensar, tenemos una gran mochila de responsabilidad a nuestras espaldas.

Además que éstas sean mis reglas no significa que crea que las demás sean peores o mejores, simplemente creo que todos deberíamos ser fieles a nosotros mismos en todo lo que hagamos y jamás debemos dejar que lo que digan o hacen los demás, o lo que se supone que creen que debemos hacer, nos influya ni un poco en nada de lo que hagamos.

Y ahora mismo, viviendo en la sociedad que vivimos, creo que es algo que deberíamos plantearnos todos cada mañana, ¿no creéis?

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