La carrera de Alba Farelo (a.k.a. Bad Gyal) siempre ha ido en continuo crecimiento, eso es indudable, pero lo conseguido por la catalana en su última gira presentando Más Cara (2026, UMG Recordings), ha despejado cualquier duda sobre su posición y solidez dentro de la escena pop actual.
Y digo pop, porque ella ha traspasado la etiqueta urbana para convertirse en uno de los iconos de la cultura pop nacional más reconocibles, venerados y referenciados dentro del imaginario colectivo que conforma el universo musical de la actualidad. Su capacidad para ir convirtiendo adeptos a su explícita sexualización musical, a los que ha ido conquistando de manera progresiva y firme desde los tiempos de su debut Slow Wine Mixtape (2016, Bad Gyal), es digna de estudio y admiración.
Concentrando un rango de edad cada vez más amplio, atrayendo a un tipo de fan cada vez más ecléctico y rompiendo el progresivamente más abierto y amplio techo del fandom urbano, su target más concreto sigue siendo el público femenino más joven y el colectivo LGTBI, Alba ha conseguido que los adultos heterosexuales la reverencien como a una Diosa, se quiten los prejuicios y muevan su booty a ritmo de los sonidos y las letras de la barcelonesa más caliente, algo en lo que mucho tiene que ver la heterosexualidad de la propia artista y lo abiertamente sexuales que son sus canciones.
Ella tiene eso que tan pocas tienen, la validación masiva y ese qué sé yo que la hace tan deseable por todas, por todos y por todes. Para muestra irrefutable, los tres sold outs seguidos que ha sellado la actual reina del dancehall, con el permiso de Ivy Queen, este fin de semana en la Ciudad Condal en el espacio perfecto para su nuevo show, el Palau Sant Jordi. Hablamos de un total de 50.000 personas, la capacidad del Estadi Olímpic de Barcelona.
Mi pase de prensa estaba programado para la segunda fecha, el sábado 21 de marzo, y la expectación, después de entregar su disco más expansivo, adictivo y sorprendente, era máxima y se palpaba en el ambiente de manera evidente. Tres cubos negros enormes tapan completamente la espectacular escenografía que estábamos a punto de ver y Bad Gyal sale a escena con quince minutos de retraso, cara de pocos amigos y un sonido corregible.
El primer bloque comienza con el tercer corte de su recién estrenado disco, Un Coro y Ya :). El tema suena potente y Bad Gyal aparece estirada sobre una mesa de cristal transparente, que tiene como pie una estatua con su propia efigie, en el centro del escenario. Utilizando las paredes de los cubos a modo de objetos en los que apoyarse de manera sensual y seductora, vestida con una lencería de lo más sugerente y erótica, los cubos siguen sin dejar ver de manera completa lo que ocultan.
Seguidos suenan otros dos hits ineludibles de su último álbum, Más Cara y Gatitas, esta última con el cuadro femenino de bailarinas al completo, pero me da la impresión que sigue ocurriendo algo extraño con los cubos. El sonido se corrige notablemente, la voz de Alba resuena por la descomunal estancia y las bases ponen a bailar a un público rendido a los contoneos de los glúteos de la catalana mientras canta al unísono las letras de las canciones en todo momento y a un volumen exagerado.
Alba se reúne con su equipo, tanto en el centro del escenario como a los laterales, después de cada canción comentando algo que, a mi entender, tiene a la diva nerviosa y preocupada. Por suerte, la tensión se va disipando a medida que siguen sonando los temazos y los cubos siguen sin dejar ver completamente la enorme producción que el equipo de Bad Gyal ha construido para la ocasión.
Un espacio que ocupa el escenario en toda su extensión y que se configura en diferentes espacios y formatos según la exigencias del guión con paredes, sofás, esa fantasía de lámpara de araña o la nombrada mesa de diseño, y dependiendo de los caprichos elevables de los, en ocasiones, sobrantes cubos negros con los que siguieron jugando a lo largo de la hora y tres cuartos de show.
Llega el cuarto tema, Da Me, y el plantel de doce bailarines al completo, seis chicos y seis chicas, aparece en escena para acompañar a la catalana elevando el nivel de calidad en las coreografías de manera espectacular en relación a anteriores ocasiones. El concierto continúa con Mi Debili, en la que finalmente los cubos acaban elevándose del todo para descubrir el escenario en su máxima expresión, y Te Daré, todavía sin salirse de su último trabajo de estudio, para incluir una versión recortada de su ya clásico Sin Carné, siendo su primera aproximación a La Joia (2024, UMG Recordings) contenido en su cotizado debut largo para Universal.

Vuelven a bajar los cubos para montar la nueva configuración escénica y la espera se hace algo larga, matando un poco el mood todo hay que decirlo. Un vídeo muy ilustrativo sobre las costumbres gastronómicas caras que gasta la mayor de las Farelo, comiendo ostras y caviar forrada de joyas y en posición de diva extrema imposible, la catalana y sus bailarines vuelven a escena para iniciar el segundo bloque con Fashion Girl pt. 2, en la que nuestra diva no dudó en hacerse un zumo de naranja y beberlo en directo. La fiesta continúa con una selección de hits colaborativos en los que Alba tiene sus mayores y mejores momentos junto a los bailarines exponiendo sus sobresalientes capacidades coreográficas y entre las que, además del tema con Jadiel, también sonaron Perro (performance con cuchillo incluido) junto a Víctor Mendivil, Choque con Chencho Corleone, La Iniciativa con J. Álvarez, Guay y Última Noche con Ozuna, Comernos con Omar Kurtz, Chulo pt. 2 con Tokischa y Young Miko, y la muy esperada Tic Tac junto a Maureen y 8belial. Por cierto, el único colaborador que lució sobre las tablas esa noche y del que ya comentaré algo más tarde sobre sus dos apariciones.
Quizás las coreografías expuestas en este segundo bloque fueron las más destacables, por eso de ser más las extensas y elaboradas e incluir a Alba en ellas en su práctica totalidad, de la misma manera que lo fue la producción audiovisual, con esos planos cenitales de lo más impresionantes, sugestivos y artísticos, esa exagera pantalla al final del escenario en la que, a modo de pared proyectada, iban apareciendo parte de las letras de las canciones, o el efecto POV de la bodycam que uno de los bailarines llevaba pegada al pecho. Momento que Bad Gyal aprovechó para sentarlo en uno de los sofás del escenario, arrodillarse frente a él y cantarle al micro mientras él lo sujetaba con las manos muy cerca de su boca. Una fantasía (sexual) de lo más explícita y exagerada, como la mayoría de las coreografías de la noche.

La última, de nuevo con 8belial sobre las tablas cumpliendo con su cometido de irresistible dandy urbano. Lo que no acabo de comprender es porqué 8belial no cantó su trozo de la canción ya que estaba allí, solo hizo los estribillos, y en Tic Tac no finalizó el tema de la misma manera que acaba en el disco, omitiendo parte de sus letras en ambos casos. Extraña e incomprensible decisión. Y eso que fue la mejor versión que he visto de 8belial sobre un escenario hasta el momento, presencia, voz y soltura cada vez más equilibradas, por eso no acabo de entender la jugada de las omisiones.
Con una Alba totalmente concentrada en dar el mejor espectáculo posible en todo momento, consiguiendo sobradamente su objetivo, y por ello, muy poco comunicativa con su público, algo que dejó patente al final del concierto con un mini speech dando las gracias y pidiendo disculpas por su timidez en lo que a la interacción con el público se refiere, Bad Gyal ofreció su mejor show hasta la fecha, en su peak creativo, artístico, interpretativo y de popularidad en sus diez años de carrera, y con su disco más trabajado, diversificado, accesible y recomendable para cualquiera que todavía no se haya atrevido a disfrutar de nuestra segunda catalana más internacional.
Imágenes: ©Christian Bertrand

