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ENTREVISTA AMY STEWART post image

La editorial Siruela ha presentado recientemente en España la primera novela de ficción de Amy Stewart, autora superventas norteamericana, titulada Una Chica con Pistola. Un pequeño recorte de periódico de 1914 inspiró a la escritora para construir una maravillosa novela que combina suspense, misterio y un irónico sentido del humor que hace que la tensión se mantenga hasta el último momento.

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Corría el verano de 1914 cuando una tarde la calesa ocupada por Constance Kopp y sus hermanas más pequeñas, Norma y Fleurette, fue embestida de manera súbita y muy violenta por el coche a motor de Henry Kaufman, poderoso y joven empresario de la localidad. Este, visiblemente ebrio, y respaldado por el grupo de pendencieros secuaces, se negó a reconocer las circunstancias y los daños causados. Pero lo que no sabía aquel hombre era que su terquedad, machismo y extrema beligerancia había encontrado una dura oponente en la firmeza y fuerza moral de Constance, quien, en su afán por defender a su familia y reclamar lo justo, no cejaría en su empeño hasta conseguir que le fuese abonado el importe total por la reparación de los daños causados en su carruaje.

Este es, más o menos, el argumento que hay tras el título Una Chica con Pistola. Basado en un hecho real y mezclando, hábilmente pinceladas de ficción Amy Stewart nos regala una historia en las que transmite el cariño que llegó a sentir por los personajes de su novela.

imagen_chica3a¿Cómo descubriste la historia de las hermanas Kopp?

Mientras investigaba para The Drunken Botanist me topé con la historia de un hombre apellidado Kaufman que fue arrestado por traficar con ginebra casera. Pensé que tenía que profundizar un poco más si quería saber si el señor Kaufman había hecho algo interesante además de eso. Así fue como me encontré con un artículo de The New York Times de 1915 sobre un tal Henry Kaufman que estampó su coche contra una calesa conducida por tres hermanas, Constance, Norma y Fleurette Kopp. Empezaron a discutir sobre quién debía hacerse cargo de los daños y la disputa fue a más: las hermanas empezaron a recibir amenazas de secuestro, disparos y fueron acosadas durante todo un año. Nunca conseguí salir de dudas sobre si este Kaufman era el mismo al que arrestaron por contrabando. Pero lo que sí que hice fue seguir ahondando. Una vez que hube reunido un montón de recortes de prensa pensé: “Bueno seguro que alguien habrá escrito un libro sobre estas hermanas, al menos un pequeño libro de historia local, o un cuento para niños o algo por el estilo”. Pero me sorprendió que no se hubiera hecho nada en absoluto: ningún libro, ninguna página de Wikipedia, nada… Estaban completamente olvidadas. Así que decidí reconstruir sus vidas a partir de los fragmentos de los que tenía noticia. Mucha gente escribe ficción histórica sobre figuras famosas de otras épocas, pero es muy distinto sacar a alguien de la oscuridad e ir reconstruyendo sus vidas por primera vez.

Además de ser acosadas por Henry Kaufman, ¿qué es lo que hace tan especiales a las hermanas Kopp?

Adoro sus interesantes y sus muy distintas formas de ser. La hermana mayor, Constance, era la más heroica, fue la que apareció en los titulares de los periódicos de todo el país y tuvo la trayectoria más revolucionaria. Pero también tenía algunas sombras, su pasado escondía algunos secretos atormentados que revelo en mi novela. Además, está el hecho de que era una mujer tan alta y corpulenta que destacaba entre la gente. Pero también Norma y Fleurette eran especiales a su manera: Norma era antisocial y muy criticona; Fleurette, en cambio, era dramática, estilosa y gamberra. Eran un trío fascinante.

El accidente cambió el curso de sus vidas. Constance colaboró con el sheriff para poner punto y final al acoso. De hecho el título del libro, Una chica con pistola, es el titular de un artículo sobre la noche que Constance pasó apostada en una esquina con un revólver en su bolso, esperando poder atrapar al tipo que había estado amenazando a su familia.

imagen_chica1a¿No era raro que un sheriff utilizara a la víctima de un delito para que le ayudara a atrapar al criminal?

De hecho no era tan raro como parece. En 1914, año en que empieza la historia que se relata en el libro, el cumplimiento de la ley era todavía una actividad que a menudo involucraba a los ciudadanos. A penas había entrenamiento profesional y tampoco el papel del departamento de policía o de la oficina del sheriff estaba del todo claro. No era inusual que el sheriff reuniera a un puñado de hombres con aptitudes para batir los bosques en busca de un criminal. Sí que había lo que se conocían como Ligas de Protección, que eran en realidad asociaciones de voluntarios reclutados para dar caza a ladrones de caballos y otros forajidos semejantes. Por ello, lo raro no era que el sheriff Heath reclutara a las hermanas Kopp para arrestar a su atacante, sino el hecho de que una mujer saliera a patrullar con un arma entre sus manos. Eso fue lo que realmente atrajo la atención de la prensa.

¿Cómo recompusiste la historia de sus vidas?

Fue un gran trabajo de investigación que todavía no ha terminado. He recopilado cientos de artículos, tanto de periódicos que han sido digitalizados como de microfilms archivados en los sótanos de bibliotecas antiguas. Recorrí juzgados para recuperar partidas de nacimiento, escrituras de propiedad y antecedentes penales. Estuve en Paterson y en Hackensack para conocer los lugares donde sucedieron la mayor parte de los acontecimientos. Visité la cárcel donde el she- riff Heath vivió y trabajó. Como me presenté ahí de manera inesperada, el funcionario desconfió de mí hasta que empecé a hablarle de Robert Heath. Entonces me dijo: “Yo sé quién era; he visto fotos suyas”. Me llevó a visitar la prisión, que aunque ya no se usa para ese fin se mantiene tal y como entonces, ya que ha sido declarada edifico histórico. Me consiguió fotos de Robert Heath e incluso algunas hechas por el propio sheriff. Entre ellas había una en la que aparecía Constance Kopp, pero el funcionario no tenía ni idea de quién era ella.

Visité la casa en la que las hermanas Kopp vivieron durante los años veinte, el lugar en el que estaba su casa en Wyckoff, y el cementerio donde están enterradas. También recorrí lugares destacados en la novela, como el cruce donde tuvo lugar el accidente. Se me hizo muy extraño, e incluso un poco macabro, interesarme por cómo son en la actualidad lugares que yo había recreado previamente en mi imaginación. Fue increíble y maravilloso poder recorrer las calles por las que Constance caminó una vez.
Recuerdo una noche en la que estando trabajando en el proyecto le dije a mi marido: “Me pregunto qué pensaría de todo esto la madre de Constance”. Más tarde esa misma velada encontré en un periódico un largo artículo sobre Constance en el que ella se hacía la misma pregunta. Ser capaz de hallar en el mundo real respuestas a mis preguntas sobre mis propios personajes es tan raro como alucinante.

imagen_chica2a¿Sigue aún vivo algún familiar de las hermanas Kopp?

Sí, los encontré a través de la web ancestry.com. He utilizado mucho esta página para recomponer la historia de la familia Kopp. Así fue como pude contactar bastante pronto con el nieto de Francis, el hermano de las hermanas Kopp. Aproximadamente un año después, localicé también al hijo de Fleurette. No puedo transmitir lo que supone estar sentada con alguien que no solo conoció a Fleurette, sino que fue criado por ella. Localicé incluso a otros miembros de la familia que recordaban a Robert Heath y a John Ward. Poder compartir con ellos el fruto de mis investigaciones y así ayudarles a completar su árbol genealógico fue uno de la experiencias más maravillosas de mi vida.

Has escrito seis libros de no ficción, ¿qué te decidió a contar esta historia en forma de novela?

Supe que quería escribir sobre las Kopp desde que descubrí el artículo sobre el incidente con Kaufman. Como escritora de no ficción, siempre estoy interesada en historias humanas que aderecen mis libros sobre el mundo de la naturaleza, y he aprendido a reconocer una buena historia cuando me topo con ella. Con estas tres hermanas, encontré todo lo que un narrador podría desear: un periodo histórico interesante, un emplazamiento singular y no especialmente conocido, y unos personajes que acarreaban profundos y oscuros secretos de su pasado e iban por el mundo desafiando las expectativas de lo que era o no posible para una mujer. Pero, a pesar de todo lo que sabía sobre ellas, había bastantes lagunas en su historia. Supe entonces que estas podían ser llenadas si me aproximaba a ellas como escritora de novela. Quiero que todos los lectores se sientan tan deslumbrados y se lo pasen tan bien con las hermanas Kopp como lo he hecho yo, y la ficción me ha dado más libertad para poder hacerlo. Así que no me he ceñido estrictamente a los hechos, pero he intentado ser lo más veraz posible.

¿Cómo decidiste en qué momentos apegarte más a la realidad y cuándo separarte más de ella?

Al principio no resultó nada sencillo. Tuve que alejarme de mi conexión con esas gentes para ser capaz de crear personajes que se les parecieran, pero no fueran ellos. Fue un gran reajuste emocional, pero cuando por fin lo logré obtuve una mayor libertad para jugar con ellos. Por ejemplo, hasta donde yo sé, Norma no criaba palomas pero inventar este dato me hizo sentir libre para fabular. También toda la trama de Lucy Blake es ficticia. Lucy es una chica que trabaja en la fábrica de Kaufman y se mete en problemas. Me resultó muy útil para dar a Constance alguien en quien ver reflejado su propio pasado y para hacer que el personaje de Kaufman resultara mucho más complejo. También me valió como excusa para poder hablar de las huelgas textiles de Paterson en 1913, que fueron un momento muy interesante desde el punto de vista histórico.

Sin embargo, también hay pequeños detalles que son verídicos. El experto grafólogo William Kingsley realmente existió y participó en el caso. Ahora no se le recuerda, pero fue muy famoso en su momento por ser uno de los pioneros del análisis grafológico. Fue capaz de demostrar que la letra en alguno de los anónimos que recibían las Kopp era la de Henry Kaufman.

Básicamente mi regla ha sido: usa todo lo que sabes que ha ocurrido y cuando llegues a un punto en que ignoras qué paso inventa algo factible. Así que todo lo que les ocurrió a las hermanas Kopp entre 1914 y 1915 está en el libro, al igual que gran parte de su historia familiar, recogida en forma de flashbacks. Pero hay tam- bién muchas cosas que no pasaron y multitud de vacíos que tuve que llenar.

portada_chicaConstance Kopp tiene una voz muy particular en la novela. ¿Cómo diste con ella y qué te hizo escribir la historia desde su perspectiva?

En realidad fue una cuestión instintiva. Sentí desde el principio que Constance tenía que ser la protagonista y cuando ves cómo se desarrolló la vida de las hermanas Kopp entiendes que no podía ser de otra manera.
Mi bisabuela nació en Pennsylvania en 1905 y aunque era veintisiete años más joven que Constance, de la que además la separaban un par de estados, es la persona más cercana a ella y a su generación que he conocido en mi vida. Mi bisabuela hablaba de una manera muy segura, con un tono claro y musical y una notable habilidad para llamar la atención en una habitación llena de gente y mantener en vilo a su auditorio con sus palabras. Murió hace veinte años, pero conservo una filmación en la que mira directamente a la cámara y se dirige a nosotros. Al volver a verla, me di cuenta de que su modo de hablar resultaba poco habitual en nuestros días e intenté tenerlo presente a la hora de elaborar la voz de Constance. También leí muchas novelas y revistas de la época para familiarizarme con el lenguaje. Aunque Constance nació en 1878, en la era victoriana, en 1914 se apuntaban ya ciertas atisbos de modernidad.

Me alegro de que nadie me haya dicho hasta ahora que la historia hubiera funcionado mejor si en vez de la de Constance hubiera utilizado una voz narrativa en tercera persona. Me enamoré de Constance Kopp inmediatamente y quise aproximarme a ella todo lo que fuera posible. Era atrevida, dura e inteligente, pero también tenía unos cuantos problemas. Era una mujer grande, de casi un metro noventa de alto y más de ochenta kilos de peso, y esa desmesura la hizo entrañable a mis ojos. En mi relato, ella se siente muy a gusto con su complexión, aunque esta la ponga de vez en cuando en alguna situación incómoda.

¿Podemos esperar próximamente una continuación de la historia?

Bueno, la segunda mitad de 1915 y 1916 fueron también tiempos muy interesantes para las hermanas Kopp y hay mucho material jugoso sobre ese periodo…