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PERO HERMOSO, Geoff Dyer

Homero Big Band

Por Manolo Haro

 

La vida de los hombres supura por los pliegues oscuros que no recogen las crónicas ni los relatos legendarios que convierten a algunos de esos hombres, a la larga, en héroes. La vida duele en los vaivenes domésticos, en las escenas familiares que sólo los presentes sienten y recuerdan. Por lo tanto, la existencia humana tiene más de sombra que de luz, más de preguntas que de respuestas para aquéllos que desean acercarse a sus héroes admirados y añorados. Sólo queda la imaginación para rellenar los topos oscuros que el tiempo va cegando y que, en el caso de los músicos de jazz,  esa imaginación se puede ver ayudada por citas tomadas al vuelo en biografías ajenas, en el aliento de las entrevistas, en el silencio de sus composiciones y en el gesto robado de una foto. Geoff Dyer baraja los vapores de su magín con estos ingredientes todos y escribe ‘Pero hermoso. Un libro de jazz’. De hecho, el basamento de este bellísimo libro –o tal vez el hilo rojo del cual tirar– son las instantáneas que fotógrafos como Milt Hinton o Carole Reiff, entre otros, han dejado de los astros de esta música.datos
Esas imágenes son parte de la gloria excitante y vaporosa que congela el éxtasis: vestigios de que existe un cielo coronado de estrellas, pero que dura lo que sólo permanece y eterniza el encuadre. En el fuera de campo es donde se mide la dimensión de una vida, volviendo la mirada hacia el revés de la trama mediante una ampliación del objetivo. Justo en ese territorio es donde entra la maestría de Geoff Dyer, en esa atonalidad del jazz llevada a la realidad ordinaria en historias excesivas de internamientos psiquiátricos, comisarías, cárceles, puertos de mar, bajos fondos y adicciones. En estos fogonazos el escritor reconstruye momentos probables e improbables, aunque todos ellos tengan el marchamo de lo verosímil. En estos juegos de re-creación, la lírica interna del jazz corre el riesgo de nutrir de clichés efectistas y vacuos, entre otras cosas, a las páginas de una obra literaria como ésta.

El gran logro de ‘Pero hermoso’ descansa en esa delgada y sublime línea de blues que cruza el libro. Como el mismo autor dice en su magistral epílogo “Tradición, influencia e innovación”, las historias del jazz son en muchas ocasiones (salvo cuando nos topamos con perlas salvajes) un listín de nombres, un acopio de formaciones y músicos que van saltando de liana en liana sin apenas aportarnos mucho más que sus evoluciones dentro de la misma música. La carne que ofrecen algunas biografías o autobiografías, leídas a la luz de ‘Pero hermoso’, tienen aroma de crónicas deportivas, entre lo hagiográfico y lo lacrimógeno.

 La estructura del libro viene soportada por el viaje en coche a través de la metafórica noche de los Estados Unidos de dos hombres: Harry Carney, saxo barítono durante cuarenta y cinco años en la orquesta de Duke Ellington, y el propio Ellington, que, a modo de rapsoda ciego, entre la vigilia y el sueño dentro del vehículo que conduce Carney, entre paradas en gasolineras y ajustes del dial de la radio de donde salen músicas que lo invitan a un viaje al interior de la historia del jazz y a su reinvención, va desgranando la vida de siete grandes. Recorre así la noche y la tradición por medio de siete héroes en la secreta odisea de su vida como mortales: la sufrida y lírica indolencia de Lester Young ante los abusos del ejército; la excentricidad de Monk y las injurias del racismo; Bud Powell en el precipicio del fracaso, tras volver a la vida después de su internamiento por esquizofrénico; Ben Webster en el exilio, pisando su sombra en las calles de Europa; la mala hostia de Mingus, que esconde el cansancio dentro de un cuerpo desvencijado; la seductora atracción de Chet Baker en los infiernos; y el sueño huidizo de un Art Pepper, entre la caída y el éxtasis.

 El epílogo citado contiene jugosas reflexiones acerca del jazz de un hombre con unas opiniones certeras, que no son más que el fruto de un viaje a través de los ríos, afluentes y meandros de esta manifestación cultural que vivió una edad dorada, que sufrió el cansancio, que se revisitó a sí misma siempre y que lleva apuntando silenciosamente hacia adónde va el mundo hoy día. El jazz es una metáfora que guarda la cifra del siglo que se fue y del que se despereza. Así lo deja enunciado Geoff Dyer. Interesante también resulta la bibliografía y discografía básicas que remata el volumen.

‘Pero hermoso’ es un libro para los amantes del jazz, no porque no pueda leerse sin saber quiénes son estos tipos, sino porque la fuerza de la obra descansa en la concreción de esos nombres, que contribuyeron a la atlántica construcción de la historia de una música tan gigante como ellos. No puede haber mayor felicidad.

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