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Y de repente…
NIER

Vale, he de reconocer que soy un nostálgico de aúpa, pero aún peor, también me estoy volviendo cínico.

Recuerdo cuando descubrí Final Fantasy VII y como se ampliaron mis horizontes a la épica japonesa. Fue gracias a esa saga que empecé a interesarme por el anime y aunque Goku y compañía me saturan (¿10 capítulos para iniciar una pelea? ¡Venga ya!), pude descubrir y amar a partes iguales series como Trigun, Cawboy Bebop, Full Metal Alchemist y demás…

Crecí con la saga Final Fantasy y Tales Of adorando el JRPG (Juegos de rol japoneses) por sus altísimas capas y cargas narrativas y emotivas que nos presentaban a personajes oscuros, profundos y con una fuerte determinación. Recuerdo que la chorrimezcla de Final Fantasy y los personajes clásicos de Disney me pareció una soberbia tontería hasta que jugué a Kingdom Hearths y entonces pensé ¿Cómo se me había ocurrido dudar?

Tantos y tan buenos… Legends of Dragoons, Tales of Abyss, Chrono Trigger, Persona 4… Juegazos cada uno de ellos, algunos forzando mis límites de comprensión idiomática (Solo en inglés en un chico andaluz de pueblo con una ineficiente educación angloparlante).

Entonces llega la ps3, el mercado occidental gana fuerzas y ¿qué ha ocurrido? No sé si soy yo que he crecido y no veo con los mismos ojos esas aventuras épicas tan llenas de carga filosófica y moral o ¿acaso ha decaído la industria? Final Fantasy XIII me pareció un buen juego, pero que no aportaba nada a la saga. Su historia no me conmovió, sus personajes no me atrajeron lo más mínimo. Aún con todo Square-Enix decidió abrazar la idea hasta el punto de añadir dos continuaciones más a la saga y yo soy incapaz de pasar del principio de la segunda parte.

¿Me estoy volviendo cínico? Final Fantasy XV supuso el renacer de la saga para muchos, pero tras jugar The Witcher 3, un juego con una trama tan adulta como oscura, me saben a poco las aventuras y juergas de Noctis y compañía… Puede que sea yo, que comparo lo que no debo, pero tras jugar una misión tan intensa como la del barón sangriento en The Witcher 3 (un noble que te pides que investigues el secuestro de su mujer y su hija y donde nada es lo que parece), ir a llevarle tomates al tendero típico de Final Fantasy XV se me hace una situación insostenible.

¿Y con el anime? Me pasa completamente igual. Lo que antes eran emocionantes peleas ahora se me hacen estereotipos que los japoneses son incapaces de soltar… El género shonnen (acción para adolescentes) en el anime se me hace pesado de ver, ya que en casi todas sus vertientes no dejan de ser niños retraidos con poderes especiales que se dan de leches contra otros niños…

Y vuelvo a preguntar ¿es cinismo o mala nostalgia? ¿Acaso es que Japón no madura? ¿Soy yo que ya no tengo los mismos ojos de inocencia que antes?

Y entonces, amigos míos, llega NIER y me patea la cara.

Hablar de NIER es difícil sin destripar su historia, pero el juego de Yoko Taro (un señor al que voy a tener en seguimiento a la de YA) es muy consciente de donde viene.

¿De qué va NIER? Nier comienza con un padre cuidando de su hija en un mundo actual y desolado que está completamente destruido. Cuida de su hija enferma mientras son atacados por unos seres llamados “sombras”. Poco después de ese prólogo donde vemos a la pequeña desvanecerse entre los brazos de su padre, damos un salto temporal de ni más ni menos unos 1300 años en adelante para descubrir que la especie humana vive en un nuevo pasado casi medieval y que nuestro protagonista es un padre que trata de curar la rara enfermedad de su hija. 1300 años para trasportarnos a una situación muy parecida con unos personajes idénticos a los del prólogo… y ahí queda la cosa.

es un maldito genio, y esto lo quiero dejar caer a puñetazos sobre todo este artículo. Quiero grabarlo a fuego en estas palabras. La primera vez que juegas a NIER no ves más que otro jrpg típico, con personajes estereotipados como esa protagonista femenina que viste cuatro trapos que no le tapan nada y que trata de ser un mero reclamo erótico. Pero cuando más vas jugando al juego, más te vas dando cuenta de la burla. La intención de Yoko Taro es deconstruir esos estereotipos, ridiculizarlos y mofarse tanto del género, de los videojuegos como del mismo jugador. ¡Y dios si lo consigue! Lo consigue tratando el juego desde su base jugable, la violencia justificada en nuestros acciones. Lo hace cuando descubres por que la chica florero ni es florero ni tiene ese atuendo al azar. Lo hace cuando te pasas por primera vez el juego, tras masacrar hordas de enemigos (Las sombras) y el mismo juego te propone jugar otra vez, pero esta vez, viendo unos puntos de vista que te harán sentirte incómodo y despreciar tu propia gesta.

NIER es un juego adulto. No por su violencia (que si abunda la sangre como fluido, no lo hace ni en gore ni de forma desagradable), no por su lenguaje (que tiene su porción de tacos, pero nada que pueda sorprender o escandalizar), ni por que tenga o toque temas tabúes en la sociedad actual. Es un juego adulto por que ha conseguido madurar todo aquello que en su tema y en sus orígenes (los juegos de rol japoneses) tratan de omitir en su discurso para dar rienda suelta a la épica. Este juego no quiere omitir parte del discurso para tu diversión. Quiere que sepas la verdad, y la verdad jode como no te haces una idea.

NIER es en videojuego lo que Funny Games es en el cine. Un guantazo al espectador. No quiero desvelar nada de la trama por qué tuve la fortuna de jugarlo a ciegas y redoblar mis prejuicios. Esos que decían que los juegos de rol orientales están amodorrados y que todo lo que veía en NIER me lo recordaban. Entonces viene el golpe y me toca comerme mis palabras. Y os aseguro que estaban deliciosas.