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The Guilty: de culpable nada, un héroe frente al abismo post image

The Guilty, de culpable nada, un héroe frente al abismo

por Rosa M. Panadero

Ciudadano Kane daba comienzo con un plano secuencia de nada menos de cinco minutos, y a falta de cronómetro en mano en la oscuridad de la sala les puedo decir que contar una historia como The Guilty en primeros planos sin apenas cambiar de ángulo ni apenas rostro es arte. Merecedora de todos los galardones ganados (Mejor Guión de la Seminci y premios del Público en Sundance y en Rotterdam) The Guilty es una película más auditiva que visual, casi se podría decir que se asemeja a leer un libro e ir imaginando a los personajes, cuyos rostros desconocemos pero escuchamos en nuestro interior, al tiempo que construimos sus entornos en nuestra fantasía según avanzamos en la lectura.

El danés Gustav Möller ha transmitido la tensión en primeros planos y conversaciones telefónicas en un centro de emergencias de la policía, donde Asger (Jakob Cedergren) un agente apartado de sus funciones y pendiente de juicio, sobrepasa la línea del deber y camina esa milla extra que sólo los héroes patean para jugársela más allá  de lo que el sentido del deber –y el horario de trabajo y salario– les indican. Alertado por una mujer secuestrada, Asger comienza a atar todos los cabos posibles para ayudarla, pero bajo el paraguas de la frustración por las respuestas autómatas de los otros departamentos y la melancolía del protagonista por volver al campo de acción, la situación queda en vilo cada vez que Asger cuelga el teléfono.

Si Malcolm Gladwell nos demostró en Outliers que para ser un experto en algo debemos invertir 10.000 horas, Asger está seguro de que él sobrepasa las horas de vuelo para resolver el rapto, pero choca ineludiblemente con las respuestas burocráticas de una administración que no reacciona ante la gravedad de la situación. Finalmente Asger se excederá en todo, horario, llamadas, el favor de un colega fuera de horas de servicio que inspecciona una casa, para conseguir liberar a la víctima. Pero no todo es lo que parece, y el desenlace del secuestro queda colgado en un puente sobre la autopista de cuyo final el espectador no se imagina lo que realmente va a suceder, y quien podría ser un verdugo es en realidad una víctima de un sistema administrativo sin soluciones reales para sus ciudadanos.

Como buen héroe, con la satisfacción interna de haber cumplido con su deber y ya con su conciencia limpia, Asger podrá enfrentarse al juicio que le espera a la mañana siguiente. Un juicio a un héroe anónimo porque para la sociedad oficinesca actual ni los héroes son perfectos.

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