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Help Me!, para adictos a la infelicidad

Si eres seguidor@ de Eckhart Tolle, Robin Sharma, Tonny Robbins, Steven Covey, Matthew Hussey, John C. Perkins, Louise L. Hay, Susan Jeffers, Kate Northrup, Rhonda Byrne, Brené Brown,… no tienes un problema, lo que tienes es un libro de autoayuda. Presta mucha atención porque necesitas solucionar un problema económico, emocional, sentimental… todos ellos te dirán que tomes aire, respires hondo, y digas “puedo hacerlo”, y que tires al toro por los cuernos. Que creas en ti, etcétera. Con la Feria del Libro de Madrid casi a la vuelta de la esquina, a lo mejor dudas entre este y aquel autor cuál te subirá más el ego para conseguir tu meta. La respuesta es predecible. Ninguno y eso lo sabe bien la autora Marianne Power y así lo demuestra en su libro Help Me!

por Rosa Panadero

Hace tiempo que no pongo en la tableta una de esas charlas súper inspiradoras de YouTube mientras improviso algo del frigorífico y lo disfrazo de menú de tres platos para la cena, pero entiendo totalmente a Marianne Power (el apellido le viene al pelo para escribir sobre autoayuda, su libro se titula Help Me! de Grijalbo) cuando, pasados unos minutos mirando al horizonte borroso por la grasa de los azulejos de la cocina, se desvanece la magia de sobrepasar mi yo terrenal para alcanzar mi yo de la eternidad porque las berenjenas con queso que me cocinó mi hermana están convenientemente carbonizadas.

Mi éxito personal en la vida ha pasado del táper semanal de mi madre a sumar el de mi hermana. No hace falta decir que la cocina no es mi ambiente natural, pero me acepto con mis defectos y mis tápers familiares. No sé qué diría de mis planteamientos conformistas Tony Robbins, a cuyas charlas Marianne acudió formando parte de la troupe de hippies que repetían sin cesar los mismos mantras.

Ella, que no tragaba con los cánticos, cuenta que se comportaba más bien una Renée Zellweger haciendo de Bridget Jones, y dedicó un año a perseguir el santo grial de su felicidad con libros de autoayuda y, lo que es peor, poniéndolos en práctica. Con lo a gusto que se queda una cuando se los lee, piensa que es mejor persona, y mira con superioridad a dos pobres conductores enzarzados en la pelea del semáforo discutiendo quién ha adelantado a quién. Y yo que ya sé que la felicidad plena se encuentra en mi espíritu. Y ellos dale que te pego. Mejor cruzar rápido, no se me vaya a pegar el fantasma de la mala leche a la espalda.

Frases motivadoras… o no

Verdades universales como que la felicidad no se halla comparándose con los demás, o que para cambiar el mundo hay que empezar por cambiarse a uno mismo, es lo que uno se espera leer tranquilamente en el sofá, pero Marianne decidió que lanzarse a las heladas aguas de un río inglés en enero cambiaría su vida. También puso en su lista hablar con extraños -yo lo hago a diario aunque no me lo ordene un gurú de la autoayuda; es más, me dicen que soy tremendamente empática-, y descubrió que la gente no muerde. Ganó en autoconfianza, autoconocimiento, aceptó sus puntos vulnerables… Más o menos como Kung Fu Panda tras pasar por las manos del maestro Shifu.

Digamos que Marianne Power aspiraba a cumplir los eslóganes motivadores de Mr Wonderful, del tipo “Bravo por ti, la primera libreta con la que te vienes arriba”, “Si lo digo, lo consigo”, “Estás que crujes”, o la taza con una galleta impresa que dice “Hoy mojo”. Al final parece que la vida se parece más a las frases de Mr Puterful que acompañan a los cerdicornios: “Mea feliz, mea contento, pero sobre todo, mea dentro” (totalmente de acuerdo, los grafitis húmedos en el baño son desagradablemente olorosos), “Eres más aburrido que cagar sin el móvil” (lo del revistero junto al retrete ya no aparece ni en el catálogo del Ikea), “El color negro adelgaza, pero dejar de comer como un puto cerdo también” (sin comentarios), “De Reputación sólo te quedan las seis primeras letras” (una frase para liarla parda), “Cariño, dile a esas perras y a esas lagartas que no eres su veterinario”, “Rebota, rebota y en tu culo explota” (Marianne no acepta su retención de líquidos, lo más común del género humano sedentario), “No te deseo nada malo, pero ojalá un día te pierdas y no te encuentra ni Google” (que se lo digan al amigo rural de Emma Watson en The Circle, que se tiró con la camioneta por un puente), y no sigo citando porque la putertienda online me daría charla para pasar la noche en vela.

Es un poco rollo comprobar que los mismos problemas que tiene Moderna de Pueblo le ocurran a una británica nacida irlandesa, pero el terruño se lleva siempre en el corazón y entre las uñas. Estoy esperando a la peli que sacará Sony basada en el libro, y con un poco de suerte, será con Renée.

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