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Un proyecto con pocos cimientos

La serie de novelas de Stephen King no podría haber tenido mejor adaptación a la gran pantalla: elenco de lujo, efectos especiales espectaculares y buena música para rematar. Pero vamos a dejar las cosas claritas: el que no conozca los libros podrá hacerse una idea del argumento de la película, pero ni de lejos percibirá la amplitud y profundidad que tiene la obra de Stephen King. A primera vista, podrían haberse estirado un poco, y hacer mas de hora y media de película, quizá así habría habido más hueco para explicar y contextualizar en condiciones.

Aquí empezamos: dejando el universo de ocho volúmenes de Stephen King a un lado, estamos ante una muy buena película. Aunque la presentación de los personajes y la introducción del contexto se quede un poco… nula, ya que hablan y hablan de una guerra que los buenos perdieron pero oye… solo una puñetera escena de dicha batalla, en la que solo se ve a Matthew McConaughey, el mago diabólico, asesinar a un superviviente de los buenos.

La obra de King se centra en el pistolero (el bueno) Roland (Idris Elba, quien, en mi humilde opinión, está que se sale), pero para montar la película, ésta se centra en el niño que tiene visiones en las que puede ver otro mundo, al malo intentando destruir la Torre Oscura con las mentes de niños que rapta en todos los mundos, y a Roland buscando al malo para matarlo. En definitiva, habrá entre 2 y 30 maneras de narrar lo mismo de manera más eficiente, dejando los detalles narrativos, argumentales y de los personajes muchísimo más claritos.

Total, que si te has leído los libros puede que disfrutes la película, pasando por algún que otro detalle, y sobre todo la falta de seriedad (véase el comicismo comercial de Roland moviéndose por Nueva York entrando en contacto con una coca cola o una revisión médica en un hospital). Y si no, pues no pillaras ni la mitad, pero al final es una buena película, tiene buenas escenas de acción, tanto Elba como Mcconaughey están brillantes, y el joven Tom Taylor promete como joven estrella de Hollywood, clavando el papel de niño incomprendido, con talento y agallas.

Por favor, si esta saga continúa, que al menos el compositor construya un universo musical en condiciones, aunque muy buena pinta no tiene, no porque la música en sí se mala, que no lo es, sino por lo de siempre: no hay temas claros, no se construyen temas ni se mezclan según la situación de aquello que representan. Tenerse en cuenta que la calidad argumental de una banda sonora debe aspirar siempre a moverse, evolucionar, y variar con las situaciones contextuales en las que se pueda encontrar un personaje. Sin embargo, aquí la música es como casi siempre, audiovisual, con algún tema claro, pero sin un guión musical. Falta narración musical, leñe. Tom Holkenborg, alias Junkie XL, ha hecho Deadpool (2016) y Divergente (2014), que son grandes trabajos, y en alguna ocasión ha llegado a colaborar con Hans Zimmer, del que, en mi opinión, hereda su estilo cinematográfico.