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La verdad sobre el veneno escondido en los alimentos:
La grasa de palma

La grasa de palma está en boca de todos, pero ¿qué es exactamente? y ¿por qué es tan mala?

Se trata de un aceite vegetal, al igual que el de coco, el de cacahuete y un largo etcétera de aceites que, sin embargo, son mucho menos atacados por la opinión pública. Pero… ¿por qué?

Las grasas están formadas por ácidos grasos (imagina un collar de perlas: el collar sería el aceite y las perlas, los ácidos grasos) y estos ácidos grasos pueden ser saturados o insaturados. La diferencia entre ambos es a nivel molecular, pero también hay una gran diferencia con respecto a lo que hacen en nuestro cuerpo: el exceso de ácidos grasos saturados aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares porque precipitan en la sangre con mayor facilidad y no son buenos transportadores de colesterol a las células (donde lo convertimos en energía), con lo que permiten que se mantenga en los vasos sanguíneos. Aumentan el colesterol “malo” y disminuyen el “bueno”.

El aceite de palma tiene aproximadamente la mitad de ácidos grasos saturados (lo cual es bastante) pero, sin embargo, otros aceites y grasas tienen un contenido mayor, como por ejemplo el aceite de coco (86,5%) o la grasa de leche de vaca (67%).

Pero entonces ¿el problema del aceite de palma no es la grasa saturada?

No. El problema es que lo tenemos, literalmente, “hasta en la sopa”: su precio y sus propiedades conservantes, de resistencia al calor y consistencia lo hacen sumamente apetecible desde el punto de vista de la industria y, por ello, se utiliza en una cantidad desmesurada de productos: margarinas, lácteos, bollería, productos precocinados, postres, etc.

Cabe destacar además, el impacto que supone para el medio ambiente el uso masivo de este aceite que, a día de hoy, es el más plantado en el mundo: la explotación intensiva es sumamente agresiva con el suelo y culpable de numerosos incendios que acaban con los bosques vírgenes de los trópicos.

¿Aún tienes dudas? Más claro: la media europea de consumo de aceite de oliva es de 1L al año, mientras que la de aceite de palma es de casi 60L.

El problema no está en su composición, si no en su cantidad. Cambia en tu cabeza “aceite de palma” por “grasas saturadas”, en general, y entonces sí, en su consumo excesivo, encontramos uno de los venenos escondidos en los alimentos.